Palizas y “torturas psicológicas”: Abrego García denuncia su estancia en la megacárcel de Bukele
Kilmar Abrego García, un salvadoreño que residía en Maryland, ha presentado nuevas alegaciones de "tortura psicológica" y "malos tratos severos" durante su detención en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la prisión de máxima seguridad de El Salvador. Deportado por error en marzo de 2025 pese a contar con una orden judicial de protección contra su retorno, Abrego sostiene que fue víctima de abuso físico sistemático, privación del sueño, amenazas de muerte y condiciones carcelarias extremas que lo dejaron física y emocionalmente devastado.
Según los documentos presentados por sus abogados ante un tribunal federal en Maryland, Abrego fue golpeado, pateado y obligado a arrodillarse durante horas apenas llegó a CECOT. Afirma que compartía una celda sin ventanas, con camas metálicas sin colchón y luces encendidas las 24 horas. El hacinamiento, la falta de higiene y la violencia constante marcaron su paso por una prisión conocida por su dureza, y que ha sido símbolo del modelo de seguridad del Gobierno del presidente Nayib Bukele.
El caso de Abrego García se remonta a 2019, cuando un juez de inmigración estadounidense determinó que no debía ser deportado debido al riesgo de persecución por parte de pandillas salvadoreñas. Sin embargo, en marzo de 2025, en lo que fue calificado por el propio Gobierno como un “error administrativo”, Abrego fue enviado a El Salvador, lo que dio pie a una demanda federal impulsada por su esposa en EE UU.
La Administración Trump ha intentado desestimar la demanda, argumentando que Abrego ya fue devuelto al país —lo que habría dejado sin objeto el proceso judicial—, pero su equipo legal insiste en que su retorno no corrige la violación constitucional que representó su deportación. Además, solicitan que se reactive la protección migratoria que le permitía vivir en libertad bajo supervisión en Maryland.
Testimonios de tormento: entre tortura y propaganda
Las acusaciones de Abrego van más allá del abuso físico. Afirma que durante su reclusión fue amenazado con ser enviado a celdas compartidas con pandilleros violentos. Incluso relata que, en una ocasión, fue trasladado a una sección del penal donde fue fotografiado recibiendo alimentos y colchones en lo que describió como una puesta en escena “para aparentar buenas condiciones”.
Su relato también apunta a la falta de acceso a su abogado y a su familia durante todo el tiempo que permaneció detenido en El Salvador. Asegura haber perdido más de 13 kilogramos en tres semanas debido a la falta de alimentación adecuada.
La Administración Trump ha defendido en múltiples ocasiones la deportación de Abrego al afirmar que tiene presuntos vínculos con la pandilla MS-13, argumento basado en tatuajes que, según sus abogados, no tienen ninguna relación con organizaciones criminales. Durante su internamiento en CECOT, afirma que los propios funcionarios penitenciarios descartaron esa asociación, al señalarle: “tus tatuajes están bien”.
Aun así, estas acusaciones no han desaparecido del discurso oficial, especialmente ahora que Abrego enfrenta cargos federales en Tennessee por “conspiración para transportar extranjeros” y “transporte ilegal de extranjeros indocumentados”, los cuales él niega rotundamente.
¿Qué sigue para Abrego García?
Actualmente, Abrego se encuentra en prisión preventiva en Tennessee, y sus abogados temen que, de quedar en libertad, sea nuevamente detenido por el ICE para ser deportado a un “tercer país” no especificado. El Departamento de Justicia ha asegurado que no hay planes inmediatos de expulsión, pero no descarta iniciar un nuevo proceso de remoción.
Mientras tanto, el juez federal en Maryland aún no ha fallado sobre la solicitud de sus abogados para actualizar la demanda original e incluir las nuevas denuncias de abusos sufridos en El Salvador. La próxima audiencia está prevista para el lunes, y será determinante para definir si el caso sigue adelante.
Si bien el gobierno afirma haber enmendado su error, los abogados del salvadoreño insisten en que los daños físicos y psicológicos sufridos, así como la posible violación de sus derechos constitucionales, aún están lejos de ser reparados.@mundiario