La Junta de la Paz en Gaza: diplomacia a la carta, poder concentrado y la apuesta de Trump

La iniciativa impulsada por el presidente de EE UU, con 60 países invitados y un coste de 1.000 millones de dólares por asiento permanente, irrumpe en el tablero internacional como una propuesta inédita, ambiciosa y controvertida en su diseño institucional.
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel y Donald Trump, presidente de EE UU. / White House
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel y Donald Trump, presidente de EE UU. / White House

La llamada Junta de la Paz nace oficialmente con el objetivo declarado de estabilizar Gaza tras la guerra y sentar las bases de una paz duradera. Sin embargo, su arquitectura va mucho más allá del enclave palestino. Según los borradores conocidos, Washington aspira a convertir este órgano en una plataforma internacional capaz de intervenir en otros conflictos una vez “resuelto” el de la Franja.

El planteamiento es el de una asamblea de jefes de Estado, presidida por Donald Trump, con amplias competencias políticas y financieras. La novedad no reside solo en el número de países invitados —al menos 60—, sino en el modelo de adhesión: membresías temporales gratuitas durante tres años y la posibilidad de asegurar un asiento permanente a cambio de una aportación de 1.000 millones de dólares, destinados, según la Casa Blanca, a la reconstrucción de Gaza.

Uno de los elementos más debatidos es la concentración de poder en la figura del presidente de la Junta. El borrador fundacional otorga a Trump la capacidad de decidir quién entra y quién sale del organismo, cuándo se celebran las reuniones y cuál es la última palabra en las decisiones estratégicas, salvo que una mayoría se oponga expresamente.

Este diseño rompe con los equilibrios habituales de la gobernanza multilateral y recuerda más a un club exclusivo bajo liderazgo personal que a una institución internacional clásica. A ello se suma la creación de órganos paralelos —un Consejo Ejecutivo, una Oficina del Alto Representante y una Junta Ejecutiva de Gaza— que configuran una estructura compleja, con distintos niveles de competencias y una presencia palestina limitada a los escalones inferiores.

Reconstrucción, dinero y legitimidad

El aspecto financiero es central. La promesa de canalizar miles de millones hacia la reconstrucción de Gaza se presenta como uno de los grandes incentivos del proyecto. Además, persiste la incógnita sobre cómo se gestionarán esos fondos, qué mecanismos de control existirán y hasta qué punto la nueva estructura sustituye o solapa el papel tradicional de Naciones Unidas y otros organismos internacionales ya activos en la región.

Rusia ha confirmado haber recibido la propuesta, aunque aún no ha tomado una decisión, mientras que Bielorrusia ha expresado su disposición a participar activamente. La inclusión de ambos países, sometidos a sanciones internacionales y cuestionados por su política exterior, refuerza la idea de que la Junta de la Paz aspira a redefinir alianzas y a proyectarse como un foro alternativo al orden multilateral vigente, que la Casa Blanca considera caduco.

Para algunos observadores, este movimiento puede interpretarse como un intento de Trump de ampliar su margen de maniobra diplomática y de situarse como árbitro global, incluso en un contexto de profundas divisiones internacionales.

Escepticismo y el futuro de la tregua

La iniciativa no ha calado bien en uno de los principales socios de EE UU. En Israel, varios miembros del Gobierno como el primer ministro Benjamín Netanyahu han expresado su rechazo a la configuración de los órganos que supervisarán Gaza, especialmente por la presencia de actores regionales como Turquía, Qatar o Egipto. En el ámbito palestino, la exclusión de las milicias armadas y la creación de un comité tecnocrático supervisado desde el exterior generan dudas sobre la viabilidad política del modelo.

Todo ello se produce mientras la tregua en Gaza sigue siendo frágil, con acusaciones de incumplimientos, restricciones humanitarias y un deterioro social que amenaza con desbordar cualquier arquitectura institucional que no vaya acompañada de avances reales sobre el terreno.

Aun así, la Junta de la Paz en Gaza comienza a tomar forma como una apuesta audaz que combina diplomacia, financiación masiva y liderazgo personalista. @mundiario

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