Janša no gana las elecciones en Eslovenia, pero emerge como favorito para volver al poder
El líder ultranacionalista Janez Janša no ha sido el más votado en las elecciones de Eslovenia, pero la fragmentación parlamentaria y la aritmética de bloques le sitúan como principal aspirante a formar Gobierno frente al vencedor relativo, el liberal Robert Golob, en un escenario marcado por la polarización y la incertidumbre. Nadie ha ganado realmente. El partido del primer ministro Golob, el Movimiento Libertad (GS), se ha impuesto por un margen mínimo, consolidándose como primera fuerza, pero sin capacidad para gobernar en solitario.
Este resultado refleja tanto el respaldo a su agenda liberal y proeuropea como el desgaste acumulado tras una legislatura marcada por la inestabilidad interna —dimisiones ministeriales, reformas fallidas y controversias legislativas—. En términos políticos, la victoria de Golob es más simbólica que operativa.
Porque en sistemas parlamentarios fragmentados, ganar no siempre equivale a gobernar. Es en ese punto donde entra en juego el ex primer ministro Janša. Aunque su partido no ha sido el más votado, el bloque conservador suma una base parlamentaria más cohesionada y, sobre todo, más viable para alcanzar acuerdos.
El Partido Democrático Esloveno (SDS) puede articular una mayoría con sus 29 diputados, los nueve de la coalición derechista de Nueva Eslovenia y los seis de Democracia, una escisión derechista del SDS capitaneada por Anze Logar, el antiguo delfín de Janša. La suma de todas queda en 44 escaños, a las puertas de la mayoría absoluta en un hemiciclo de 90 asientos, y dependiendo únicamente del apoyo —explícito o tácito— de fuerzas menores que actúan como bisagra. La llamada a esa ecuación es el antisistema Verdad, que irrumpe en el Parlamento con cinco diputados con un discurso populista.
Un veterano con perfil polarizador
A sus 67 años, Janša es la figura política más influyente de la Eslovenia contemporánea. Tres veces primer ministro, su trayectoria combina experiencia institucional con una fuerte carga ideológica. Su último mandato estuvo marcado por tensiones con el Poder Judicial y los medios de comunicación, lo que le situó en el centro de críticas sobre la calidad democrática.
Al mismo tiempo, mantiene una posición firme en política internacional, con apoyo a Ucrania y alineamiento con posiciones atlánticas, además de su cercanía política a figuras como el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. Este perfil dual —institucional y confrontativo— explica tanto su capacidad de movilización como el rechazo que genera en amplios sectores del electorado.
El resultado electoral deja un Parlamento profundamente dividido, donde los partidos minoritarios adquieren un poder desproporcionado. Movimientos emergentes y formaciones populistas se convierten en árbitros de la gobernabilidad, capaces de inclinar la balanza hacia uno u otro bloque. La presidenta Nataša Pirc Musar ya ha urgido a iniciar negociaciones para evitar un bloqueo institucional, consciente de que el equilibrio actual puede derivar en semanas —o meses— de incertidumbre.
Lo que ocurra en Eslovenia trasciende sus fronteras. Un eventual regreso de Janša reforzaría el bloque conservador en la UE y añadiría un aliado a gobiernos como el de Orbán, en un momento de reconfiguración ideológica en Bruselas. @mundiario

