La frágil tregua en Gaza se ensombrece entre represalias israelíes y ejecuciones internas de Hamás
El entusiasmo inicial que siguió al intercambio de prisioneros y rehenes ha dejado paso a una nueva tensión. Israel acusa a Hamás de incumplir el pacto al “retrasar” la entrega de los cadáveres de 28 rehenes fallecidos. Solo cuatro cuerpos —tres israelíes y un ciudadano nepalí— han sido devueltos, mientras que el resto, según los mediadores, se encuentran bajo los escombros o en zonas de difícil acceso.
La respuesta de Israel no se hizo esperar: el gobierno de Benjamín Netanyahu anunció que reducirá a la mitad el flujo de ayuda humanitaria hacia Gaza, limitando la entrada a 300 camiones diarios, y pospuso la reapertura del cruce de Rafah con Egipto. La medida, calificada de “represalia administrativa”, ha sido comunicada a la ONU y a las principales agencias de asistencia internacional.
Mientras tanto, en el interior de la Franja, Hamás ha aprovechado la retirada parcial de las tropas israelíes para retomar el control del territorio. El grupo islamista desplegó unos 7.000 combatientes con el objetivo de “restablecer el orden y eliminar a los colaboradores”, según el Ministerio del Interior gazatí.
Esa operación ha derivado en enfrentamientos internos y ejecuciones sumarias. Fuentes locales hablan de al menos 40 muertos en los últimos días, entre ellos civiles, miembros de milicias rivales y varios combatientes de Hamás. La organización ha dado un ultimátum a los grupos armados independientes: entregar las armas a cambio de una amnistía temporal.
Desconfianza mutua y tensiones diplomáticas
La disputa por la devolución de los cuerpos se ha convertido en el nuevo foco de fricción entre las partes. Para Israel, la demora constituye una violación directa del acuerdo de alto el fuego; para Hamás, las condiciones de devastación hacen imposible una recuperación inmediata.
El portavoz qatarí Majed al Ansari reconoció que las negociaciones avanzan con dificultad. Los mediadores —EE UU, Egipto, Qatar y Turquía— intentan mantener vivo el diálogo para que no se desmorone la tregua, que debía dar paso a una segunda fase centrada en el desarme de Hamás y la creación de una administración civil “apolítica y tecnocrática” en Gaza. Sin embargo, ninguno de estos puntos ha sido abordado a fondo.
El proceso de entrega avanza, aunque no al ritmo prometido. Un alto funcionario de Hamás informó a la AFP que entregarán los restos de cuatro a seis rehenes más como parte del acuerdo. Por el momento, la Cruz Roja ha confirmado la entrega de cuatro ataúdes que contienen supuestos restos israelíes.
El presidente estadounidense Donald Trump presentó el acuerdo como el inicio de una “nueva era de paz en Oriente Medio”, pero los hechos sobre el terreno contradicen el optimismo. Los bombardeos esporádicos de Israel, las limitaciones al ingreso de ayuda y la confrontación entre fuerzas de Hamás en las calles muestran que el alto el fuego está lejos de consolidarse.
Trump dijo el martes que la fase dos del acuerdo de alto el fuego comienza ahora, pero también señaló el retraso en la entrega de los fallecidos. "¡LOS MUERTOS NO HAN SIDO DEVUELTOS, COMO SE PROMETIÓ! ¡La Fase Dos comienza AHORA MISMO!!!" dijo en una publicación en Truth Social.
Washington y Tel Aviv presionan para que el grupo palestino entregue todos los cuerpos y renuncie a su capacidad militar, mientras Hamás busca demostrar que sigue siendo la autoridad efectiva en Gaza. El resultado es un pulso político y simbólico que amenaza con revertir los avances conseguidos en semanas de mediación.
El riesgo de un colapso interno en Gaza
La situación humanitaria se agrava. Con más del 90 % de la población desplazada y la infraestructura colapsada, la reducción de la ayuda internacional podría empujar a Gaza a un nuevo desastre. Los servicios esenciales —agua, electricidad y sanidad— siguen en ruinas, y el control férreo de Hamás complica el acceso de organismos independientes.
A su vez, la represión interna del grupo contra milicias rivales muestra el deterioro de su cohesión y refleja la lucha por la supervivencia de un poder desgastado tras dos años de ofensiva militar israelí. El riesgo de una guerra civil latente añade un nuevo elemento de inestabilidad.
La combinación de represalias israelíes y purgas internas en Gaza amenaza con hacer naufragar la tregua más prometedora de los últimos meses. A falta de avances políticos concretos, tanto Israel como Hamás parecen atrincherados en posiciones de fuerza. @mundiario


