Hungría tras Orbán: Magyar cerrará los informativos públicos para desmontar la maquinaria del Fidesz
La victoria electoral de Péter Magyar, con mayoría suficiente para reformar estructuras clave del Estado, no solo supone el fin de 16 años de hegemonía del primer ministro Viktor Orbán, sino el inicio de una reconfiguración profunda del modelo institucional húngaro.
En ese contexto, la ofensiva contra los medios públicos no es un movimiento aislado. Se trata de una intervención directa sobre uno de los pilares del sistema político iliberal que controla el relato informativo a través de una estructura mediática estatal, y conglomerados privados en manos de empresarios en la órbita de Orbán, que Magyar ha acusado de emitir “propaganda”. Durante años, diversos organismos europeos y analistas han señalado la progresiva alineación de la radiotelevisión pública con el Ejecutivo, en detrimento del pluralismo.
Magyar ha decidido actuar precisamente ahí, donde la influencia política resulta más visible y, a la vez, más sensible.
El líder de Tisza ha sido explícito, después de acudir a una entrevista en una cadena pública por primera vez desde que se convirtió en líder de la oposición hace dos años, y afirmó que “después de formar Gobierno, una de las primeras medidas será suspender el servicio de noticias de este medio propagandístico”. Los informativos de la televisión y radio estatales que hereda de los gobiernos del Fidesz, ha dicho el líder liberal-conservador, son los “que le habría encantado a Goebbels (ministro de Propaganda de Adolf Hitler en la Alemania nazi) y a Corea del Norte”.
Según su planteamiento, el objetivo no es censurar a la prensa estatal, sino evitar que continúe una emisión que considera distorsionada mientras se aprueba una nueva ley de medios, se crea una autoridad reguladora independiente y se reconstruyen los estándares profesionales. “Acabamos de presenciar los últimos días de una máquina de propaganda. Tras la formación del Gobierno de Tisza, suspenderemos los servicios informativos de los medios públicos hasta que se restablezca su carácter de servicio público”, escribió después en su cuenta de X el futuro primer ministro.
Reforma institucional o riesgo de precedentes
Durante la etapa de Orbán, Hungría desarrolló un ecosistema mediático caracterizado por la concentración de medios afines al Gobierno, el uso intensivo de la publicidad institucional y la progresiva marginación de voces críticas en el espacio público. Ese modelo no solo operaba desde el sector privado, sino también —y especialmente— desde los medios públicos, que, según críticos internos y externos, actúan como amplificadores del discurso oficial.
La propuesta de Magyar busca desmantelar esa estructura. Pero hacerlo implica intervenir en un terreno donde confluyen derechos fundamentales, intereses empresariales y expectativas ciudadanas. El plan del futuro Ejecutivo incluye tres pilares: una nueva legislación audiovisual, la creación de un regulador independiente y la redefinición del papel de los medios estatales. Sobre el papel, estos objetivos se alinean con estándares europeos en materia de pluralismo y transparencia.
No obstante, la vía elegida para iniciar ese proceso —la suspensión de los informativos— podría generar tensiones tanto internas como externas. Por un lado, sectores críticos podrían interpretar la medida como una forma de control político inverso. En el ámbito europeo, donde Hungría ha estado bajo escrutinio por el Estado de derecho, cualquier decisión que afecte a la libertad de prensa será analizada con lupa si no consigue dar resultados pronto.
Más allá de los medios: desmontar una arquitectura de poder
El movimiento de Magyar no se produce en el vacío. Coincide con la necesidad urgente de desbloquear miles de millones de euros en fondos europeos congelados precisamente por la progresiva erosión del Estado de derecho en Hungría.
En ese sentido, la reforma del sistema mediático se convierte también en uno de los primeros pasos tangibles de voluntad reformista hacia Bruselas, una demostración de cambio estructural. Pero esa señal debe equilibrarse cuidadosamente para no generar nuevas dudas sobre el respeto a los principios democráticos.
El nuevo Gobierno, que deberá formarse como máximo para el 12 de mayo, pretende revisar no solo el sistema mediático, sino también otros elementos clave del entramado institucional heredado: desde la judicatura hasta organismos reguladores y estructuras administrativas. @mundiario





