La guerra con Irán abre un choque político entre António Costa y Ursula von der Leyen

El presidente del Consejo Europeo ha defendido con firmeza la necesidad de preservar el sistema global basado en normas, distanciándose de las recientes declaraciones de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, quien había cuestionado la vigencia de ese modelo.
António Costa, presidente del Consejo Europeo; y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Mundiario.
António Costa, presidente del Consejo Europeo; y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Mundiario.

La guerra en Oriente Próximo y la creciente tensión internacional han provocado un nuevo desacuerdo en el seno de las instituciones europeas. Mientras algunos líderes consideran que el actual sistema global basado en normas se encuentra en una fase terminal, otros insisten en que la Unión Europea debe seguir siendo su principal defensora.

En este contexto, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha subrayado que el proyecto europeo debe mantenerse firme en la defensa del derecho internacional. En un discurso ante diplomáticos de la UE, el dirigente portugués recordó que la política exterior europea se fundamenta en los principios recogidos en la Naciones Unidas y en los propios tratados comunitarios.

Sus palabras contrastan con el mensaje transmitido horas antes por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien había sugerido que el orden internacional basado en reglas ha dejado de ser un marco fiable para proteger los intereses europeos. La dirigente alemana defendió que el sistema global atraviesa una transformación profunda y que Europa debe adaptarse a una nueva realidad geopolítica.

El debate refleja una preocupación creciente en Bruselas por la sucesión de conflictos que están redefiniendo el equilibrio internacional. La invasión de Ucrania por parte de Rusia, la guerra en Gaza impulsada por Israel y la reciente escalada militar contra Irán han puesto en cuestión la capacidad de las instituciones internacionales para garantizar la estabilidad global.

A esta discusión se ha sumado también la vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, quien ha advertido del peligro de relativizar el derecho internacional en el actual contexto de crisis. Según Ribera, responder a los abusos internacionales ignorando las reglas no es una solución, ya que podría terminar debilitando aún más el sistema que pretende protegerse.

La tensión diplomática se produce además en un momento de fuerte presión geopolítica. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha impulsado una política exterior más agresiva, mientras que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha intensificado la confrontación con Teherán. La ofensiva militar contra Irán, iniciada sin una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, ha provocado un debate internacional sobre su legitimidad jurídica.

Para Costa, la respuesta europea debe seguir apoyándose en el multilateralismo. El dirigente portugués defendió que el mundo actual, cada vez más multipolar, necesita mecanismos de cooperación internacional y no una política basada exclusivamente en el equilibrio de poder entre grandes potencias.

En ese sentido, recordó que las violaciones del derecho internacional no pueden tolerarse en ningún escenario, ya sea en Europa, en Oriente Próximo o en otras regiones del mundo. También insistió en que la protección de la población civil, el respeto a los derechos humanos y la seguridad nuclear deben mantenerse como principios irrenunciables.

El trasfondo de este debate es el papel que quiere desempeñar la Unión Europea en el nuevo orden global. Mientras algunos dirigentes consideran inevitable una reformulación profunda del sistema internacional, otros creen que abandonar el marco jurídico vigente supondría renunciar a uno de los pilares históricos del proyecto europeo.

La discusión continuará previsiblemente en los próximos meses, a medida que la guerra en Oriente Próximo y la rivalidad entre las grandes potencias sigan poniendo a prueba la capacidad de la comunidad internacional para gestionar los conflictos dentro de un marco legal compartido. En ese escenario incierto, Bruselas deberá decidir si apuesta por reformar el sistema actual o si redobla sus esfuerzos para mantenerlo vivo. @mundiario

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