El futuro de Alemania pende de un hilo: la cohesión de la UE entre la pinza de EE UU y Rusia
Alemania enfrenta este domingo unas elecciones federales anticipadas en un contexto de incertidumbre política sin precedentes. La tradición política del país dictaba que los comicios se celebraran en septiembre, con un periodo posterior de negociaciones para la formación de coaliciones. Sin embargo, la ruptura del primer Gobierno tripartito de la historia de la República Federal ha llevado al canciller Olaf Scholz a adelantar la votación al 23 de febrero, tras perder un voto de confianza y la expulsión de los liberales de su Ejecutivo, sumiendo a Alemania en un clima de inestabilidad.
El país más poblado y económicamente influyente de Europa se encuentra en una encrucijada crucial. En un escenario internacional marcado por la incertidumbre, con EE UU cada vez menos predecible como aliado en plenas negociaciones con Rusia para zanjar la guerra en Ucrania sin contar con la voz de Kiev ni la de la Unión Europea, que además está necesitada de un liderazgo firme, la claridad política en Alemania se ha vuelto una prioridad. Sin embargo, los sondeos y el fraccionamiento del Parlamento hacen que el resultado de los comicios no garantice una solución rápida y estable.
Todas las encuestas apuntan a la victoria del candidato de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Friedrich Merz, quien, junto con su partido hermano, la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), lidera las preferencias electorales. Un resultado distinto sería una sorpresa mayúscula. Pero la verdadera incertidumbre reside en su capacidad para formar Gobierno, ya que necesitará socios para garantizar una mayoría parlamentaria.
Las opciones de coalición son diversas, y al mismo tiempo muy limitantes. Merz podría buscar una alianza con los socialdemócratas del SPD, con Los Verdes o, en el escenario más complejo, con ambos. También se contempla la posibilidad de incluir a los liberales del FDP, siempre que estos logren superar el umbral del 5 % necesario para ingresar al Bundestag. Lo que Merz ha dejado claro es que descarta un Gobierno en minoría, lo que refuerza la necesidad de una coalición estable.
El ascenso de la ultraderecha y su impacto
Uno de los aspectos más inquietantes de estas elecciones es el crecimiento de la extrema derecha. Alternativa para Alemania (AfD) se perfila como la segunda fuerza política, una posición que le permitiría ejercer una oposición feroz al Gobierno entrante. Con un discurso centrado en la inmigración y la seguridad, la AfD se ha beneficiado del descontento ciudadano y de incidentes recientes como el ataque en Berlín que dejó herido a un turista español.
Merz ha advertido sobre los riesgos que enfrenta la democracia alemana y ha insistido en la necesidad de estabilidad. “Veo las amenazas para nuestra democracia. Miren a EE UU, una de las patrias de las democracias”, declaró el jueves en un mitin en Berlín. “Por eso es importante que en Europa y nosotros en Alemania mantengamos la estabilidad política. Y esto es lo que se decide este domingo”, alertó. Su estrategia electoral ha sido presentarse como el único candidato capaz de frenar el avance de los radicalismos y restaurar la confianza en la política tradicional.
El futuro Gobierno alemán tendrá que lidiar con una situación geopolítica cada vez más compleja. El regreso de Donald Trump en EE UU podría suponer un cambio drástico en las relaciones transatlánticas, con una política exterior más impredecible y una postura más laxa frente a Rusia. El respaldo de figuras como Elon Musk a la AfD y las críticas de algunos republicanos a la democracia alemana han generado preocupación en el establishment político germano.
Un complejo rompecabezas de coaliciones
La posibilidad de una coalición rápida y efectiva dependerá en gran medida de los resultados de los partidos más pequeños a escala nacional. Tanto los liberales del FDP como la nueva formación de izquierda populista de Sahra Wagenknecht podrían alcanzar el 5 % y asegurar representación parlamentaria. Si lo logran, reducirán las opciones de Merz para una coalición simple, obligándolo a negociar con más de un socio.
El precedente de la coalición “semáforo” (SPD, Verdes y FDP) liderada por Scholz ha dejado un sabor amargo en el electorado, con encuestas que sugieren una caída del 52 % de los votos obtenidos en 2021 a apenas un 33 %. Los ecologistas son los únicos que han logrado mantener su base de apoyo, mientras que el SPD enfrenta la posibilidad de su peor resultado histórico.
La prueba de fuego del centro político
Las elecciones de este domingo son también un test para la resistencia del centro político frente al auge de los extremos. Sin embargo, la estrategia de Scholz y Merz de polarizar el debate a sabiendas de que sus partidos podrían terminar siendo socios de Gobierno, especialmente con sus posturas sobre inmigración y economía, podrían complicar futuras alianzas.
En el último acto de campaña del SPD, Scholz intentó movilizar a su electorado planteando la elección como un dilema entre “un líder confiable” y “un candidato impredecible”. Su crítica hacia Merz por haber apoyado una ley migratoria con el voto de la AfD generó uno de los mayores aplausos de la noche, pero el partido socialdemócrata enfrenta un futuro incierto.
A medida que los alemanes acuden a las urnas, la gran pregunta sigue siendo si el país podrá formar un Gobierno rápido y estable o si se enfrentará a un prolongado periodo de incertidumbre. Lo que ocurra en las negociaciones postelectorales definirá no solo el futuro de Alemania, sino también el equilibrio de poder en Europa en un momento crítico para la estabilidad global. @mundiario