Los democristianos cierran filas ante las elecciones y niegan acercamientos a la ultraderecha
Los democristianos alemanes han cerrado filas en torno a Friedrich Merz, su candidato para las elecciones del 23 de febrero, en un intento de mostrar unidad ante la recta final de la campaña. Sin embargo, la decisión de Merz de aceptar el apoyo de la extrema derecha en varias iniciativas parlamentarias sobre inmigración ha generado malestar dentro de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y ha abierto un debate interno sobre las consecuencias de esta estrategia.
El respaldo público de la CDU a su candidato no oculta la inquietud que se ha instalado en el partido. La excanciller Angela Merkel ha expresado abiertamente su desacuerdo con la dirección que ha tomado Merz, aumentando la tensión en un momento clave de la campaña. Si bien las encuestas favorecen a la CDU como la fuerza más votada, existe el temor de que la polémica afecte el resultado final y complique las negociaciones para formar gobierno.
En un congreso celebrado en Berlín, la CDU presentó su “Programa inmediato para el bienestar y la seguridad”, compuesto por 15 medidas urgentes, incluyendo restricciones a la inmigración, reducción de la burocracia y un plan para revitalizar la economía alemana con rebajas fiscales. Pero el principal objetivo del cónclave era disipar cualquier sospecha sobre una posible cooperación con la extrema derecha tras el controvertido voto conjunto con Alternativa para Alemania (AfD) en el Bundestag.
Merz intentó zanjar la polémica dejando claro que “con AfD no colaboraremos”. Ni antes de las elecciones, ni después, ni jamás”, ha asegurado el candidato democristiano, que parte como favorito. A su vez, Markus Söder, líder de la aliada Unión Socialcristiana (CSU) y ministro presidente de Baviera, reforzó el mensaje con un no rotundo. “No, no, no a cualquier forma de colaboración con AfD”, lanzó el líder de la fuerza estatal. A pesar de estas declaraciones, el debate sobre el posicionamiento del partido sigue latente, con la herida abierta tras la crítica de Merkel hacia el candidato de su propia formación.
La recta final de la campaña en Alemania entra en terreno desconocido
El Partido Socialdemócrata (SPD), liderado por el canciller Olaf Scholz, ha acusado a la CDU de acercarse peligrosamente a la extrema derecha. Los democristianos, por su parte, argumentan que su iniciativa sobre inmigración respondía a las preocupaciones de la ciudadanía tras recientes ataques cometidos por extranjeros y demandantes de asilo, y que si no había un partido que se ocupara de esos temas, los ultras lo capitalizarían. Los conservadores alemanes consideran que la negativa del SPD a respaldar su propuesta les dejó en una posición en la que solo AfD les brindó el fuelle parlamentario necesario para sacar adelante la moción.
La controversia ha trascendido el ámbito político y ha generado reacciones en la sociedad alemana. Tanto la Iglesia católica como la protestante han criticado la estrategia de Merz, mientras que decenas de miles de ciudadanos han salido a manifestarse en las principales ciudades del país. El impacto en los sondeos aún es incierto, pero la campaña de la CDU ha entrado en un terreno impredecible.
En privado, algunos dirigentes de la CDU expresan preocupación por las consecuencias de la postura de Merz. Temen que la situación complique las negociaciones poselectorales y que potenciales socios, como el SPD o Los Verdes, exijan un cambio de liderazgo dentro de la CDU para pactar una coalición.
El factor Merkel también ha jugado un papel en la controversia. Aunque su crítica pública a Merz no ha provocado un gran movimiento interno, algunos consideran su intervención como una muestra de la fractura dentro del partido. @mundiario


