El fin del cierre del Gobierno de EE UU impulsa las bolsas y abre una grieta en los demócratas
El humo blanco que salió este domingo del Capitolio estadounidense no solo despejó el horizonte político en Washington, también calmó la ansiedad de los mercados globales. La noticia de un principio de acuerdo entre republicanos y demócratas para poner fin al cierre parcial más largo en la historia del Gobierno federal —casi cuarenta días de parálisis— impulsó con fuerza a las bolsas europeas y devolvió al Ibex 35 por encima de los 16.000 puntos.
El pacto, liderado por el republicano John Thune en el Senado, logró superar catorce intentos fallidos y romper la resistencia de buena parte del grupo demócrata, cuyos senadores más moderados optaron por ceder en favor de una reapertura inmediata de la Administración. Se trataba de un desenlace inevitable: los aeropuertos colapsados, los 750.000 funcionarios sin sueldo y los 42 millones de beneficiarios de cupones de alimentos amenazados por la falta de fondos eran la cara visible de una crisis que ya estaba dañando la imagen internacional de Estados Unidos y su economía interna.
La iniciativa republicana, que garantiza la financiación del Gobierno hasta el 30 de enero, es solo un alto el fuego. El texto no resuelve las diferencias estructurales entre ambos partidos, especialmente en torno al sistema sanitario. Los demócratas aspiraban a prorrogar los subsidios del Obamacare, un programa que fue vital durante la pandemia y que sigue siendo la piedra angular de su discurso social. La propuesta aprobada no lo incluye, aunque abre la puerta a una votación posterior, probablemente simbólica, sobre el asunto.
La moderación del Senado ha vuelto a demostrar su papel de amortiguador en la política estadounidense. Sin embargo, el precio de la paz temporal puede ser alto para el Partido Demócrata, que sale dividido de esta negociación. Cinco de los ocho senadores que rompieron la disciplina de voto justificaron su decisión como un gesto de responsabilidad ante “el sufrimiento del pueblo estadounidense”. En realidad, el movimiento refleja una fractura más profunda entre los sectores pragmáticos y los más progresistas, reacios a ceder terreno frente a Donald Trump.
El presidente, fiel a su estilo, ha utilizado el episodio para reforzar su narrativa populista. En su red social, Truth, llegó a proponer que el dinero del Obamacare se entregue directamente a los ciudadanos, sin pasar por “aseguradoras chupópteras”, en una simplificación que desvela más oportunismo que estrategia. Trump también presionó para eliminar el filibusterismo —la norma que exige mayoría cualificada para aprobar presupuestos—, aunque finalmente no fue necesario.
Respiro para la economía global
La economía global, mientras tanto, respira. La mera perspectiva de una reactivación del gasto público estadounidense bastó para animar a los inversores. Los futuros de Wall Street subieron con fuerza y las principales bolsas europeas registraron alzas superiores al 1%. El mercado, una vez más, ha reaccionado con más pragmatismo que la política.
Sin embargo, sería un error confundir este alivio con una solución duradera. En menos de tres meses, si no hay un acuerdo presupuestario estable, Estados Unidos podría enfrentarse a otro shutdown. La polarización institucional —agravada desde la era Trump— convierte cada negociación fiscal en una batalla ideológica.
El episodio deja varias lecciones. La primera, que el sistema político estadounidense, pese a su solidez constitucional, se ha vuelto rehén de la confrontación partidista. La segunda, que los mercados reaccionan no tanto al color del poder, sino a la previsibilidad: necesitan certidumbre, no épica. Y la tercera, que la fractura interna del Partido Demócrata complica aún más la tarea de ofrecer una alternativa creíble a la agenda trumpista.
El “principio de acuerdo” que hoy celebra Wall Street es, en el fondo, un respiro momentáneo. Washington sigue atrapado entre la retórica electoral y la urgencia de gobernar. Y mientras los políticos se disputan los plazos y los titulares, los ciudadanos que pasaron más de un mes sin sueldo o sin alimentos siguen siendo los grandes olvidados de esta pugna por el poder. @mundiario
