Europa busca moldear el plan de paz para Ucrania: avances bajo la presión de Washington

Ursula von der Leyen junto a Volodímir Zelenski, la primera ministra danesa Mette Frederiksen y António Costa. / @ZelenskyyUa
Los líderes europeos celebran progresos en la negociación entre Kiev y Washington, pero intentan convertir el plan impulsado por EE UU en un marco que refuerce a Ucrania en lugar de debilitarla frente a Rusia.

Las conversaciones diplomáticas en Ginebra entre Estados Unidos y Ucrania han generado una oleada de optimismo prudente en Europa. Los encuentros, celebrados durante el fin de semana e involucrando a representantes europeos, han permitido introducir modificaciones a un plan de 28 puntos que Washington intenta imponer a Kiev. Dicho plan —originalmente esbozado junto a Moscú— buscaba detener la guerra iniciada en febrero de 2022, pero incluía concesiones consideradas inaceptables tanto para Ucrania como para la Unión Europea.

El entusiasmo europeo no se fundamenta tanto en la propuesta inicial como en la posibilidad de alterarla. Desde Bruselas, se han señalado tres líneas rojas: no modificar fronteras por la fuerza, no limitar el tamaño del ejército ucraniano y mantener el derecho de Ucrania a decidir su futuro geopolítico, incluida su eventual adhesión a organizaciones como la UE o la OTAN. Estas bases pretenden garantizar que cualquier acuerdo no se convierta en un instrumento de consolidación territorial para Rusia.

La filtración a la prensa estadounidense del plan original provocó un rechazo inmediato en Europa, donde se percibió que el documento reflejaba numerosas demandas del Kremlin. Fuentes diplomáticas declararon al Financial Times que las reuniones posteriores en Kiev habían sido “nauseabundas”, y el giro estratégico de Washington fue interpretado como una maniobra agresiva: una presión acelerada sobre Ucrania para que aceptara un acuerdo imperfecto.

En ese contexto, los Veintisiete se propusieron frenar la dinámica impuesta por la Casa Blanca. Los encuentros en Ginebra, donde el secretario de Estado Marco Rubio ha mostrado flexibilidad respecto a plazos y contenidos, han permitido introducir un nuevo marco de negociación. En un comunicado conjunto entre Estados Unidos y Ucrania se subrayó que “cualquier acuerdo futuro debe respetar plenamente la soberanía de Ucrania”, una fórmula diplomática que Europa interpreta como oportunidad para revisar los puntos más controvertidos.

Los puntos sensibles y el intento de reequilibrio europeo

La esencia de la disputa gira en torno al plan ruso-estadounidense de 28 puntos, que incluía concesiones territoriales, veto a la entrada de Ucrania en la OTAN y una reducción significativa de sus fuerzas armadas. Este texto, elaborado de espaldas a Kiev y a los Veintisiete, suponía para Ucrania no la paz, sino la renuncia estratégica a su defensa futura. La reacción europea no fue solo moral o política: fue estructural. La UE entiende que aceptar un pacto bajo estas premisas sería devastador para su sistema de seguridad.

Los europeos desean convertir el plan en un marco disuasorio, blindando a Kiev mediante garantías de seguridad. Entre las ideas que circulan: elevar el ejército ucraniano en tiempos de paz a 800.000 efectivos, frente a los 600.000 del borrador original, y limitar al máximo cualquier cláusula que implique renuncia territorial. Se busca un acuerdo que reduzca el incentivo ruso a nuevas agresiones, en lugar de congelar la ventaja militar del Kremlin.

La postura europea no es homogénea, pero coincide en un punto: cualquier decisión que afecte a la UE debe pasar por la UE. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, recordó en Luanda (Angola) que aspectos como sanciones, ampliaciones o la gestión de activos rusos congelados requieren la participación directa de los Veintisiete. En esta línea, Finlandia también subrayó que decisiones de la OTAN o la Unión no pueden negociarse a través de terceros.

Este frente común refleja un temor más profundo: que Europa termine financiando la reconstrucción de Ucrania mientras Estados Unidos diseña el marco político. El plan original destinaba alrededor de 100.000 millones de activos rusos a inversiones en Ucrania bajo liderazgo estadounidense, reservando beneficios a largo plazo para Washington, y sumando otros 100.000 millones de aportaciones europeas. Frente a ese formato, Bruselas propone usar los activos inmovilizados como compensación directa a Kiev, reforzando su autonomía.

Kiev entre la presión interna y la necesidad de apoyo

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski encara la negociación en un momento delicado. A la fatiga bélica se suman escándalos de corrupción en su entorno, lo que debilita su margen para aceptar compromisos arriesgados. Aun así, el mandatario ha reiterado que cualquier acuerdo debe “fortalecer y no debilitar a Ucrania” e insisteen que Rusia debe asumir responsabilidades por la guerra y que los activos rusos congelados en la UE deben transferirse como préstamos sin intereses.

La eventual visita de Zelenski a Washington busca apuntalar su posición y garantizar que el plan no reduzca la capacidad militar ucraniana ni su soberanía. Mientras tanto, la Coalición de Voluntarios —liderada por Francia y Reino Unido— intenta sostener la ayuda a largo plazo y ofrecer garantías de seguridad que compensen el desgaste del compromiso estadounidense.

La UE celebra los avances, pero sabe que la negociación real se juega en otros foros. Su prioridad no es solo apoyar a Ucrania, sino impedir un acuerdo que legitime la expansión rusa o que reconfigure el equilibrio de seguridad continental. Por eso insiste en que la centralidad europea no se limite a financiar la reconstrucción, sino a definir el marco estratégico que emergerá del conflicto.

Washington habla de “tremendos progresos”. Europa, en cambio, interpreta que apenas se ha abierto una ventana para rediseñar el plan. El tiempo dirá si esa ventana se convierte en una arquitectura sólida que preserve a Ucrania o en una salida que la fuerce a vivir con condiciones impuestas por sus aliados y su agresor. @mundiario