EE UU exige un gasto del 5% en defensa: presión sobre la OTAN y la resistencia española

Mientras varios países de Europa ya han suscrito el compromiso, el Ejecutivo español mantiene su negativa a fijar porcentajes y defiende un modelo más flexible y adaptado a las capacidades nacionales.
Mark Rutte, secretario general de la OTAN. / @SecGenNATO
Mark Rutte, secretario general de la OTAN. / @SecGenNATO

La próxima cumbre de la OTAN en La Haya se perfila como un punto de inflexión en la estrategia militar de Occidente. Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, ha dejado clara su postura: ningún acuerdo será aceptado si no contempla el compromiso de todos los miembros de la Alianza a invertir, como mínimo, el 5% de su Producto Interior Bruto (PIB) en defensa. La exigencia, defendida con contundencia por el embajador estadounidense en la OTAN, Matthew Whitaker, no es una recomendación, sino lo que Washington considera “el punto de partida”.

Esta cifra representa un salto considerable desde el actual compromiso del 2 % adoptado en la cumbre de Gales de 2014, y que muchos países apenas han comenzado a alcanzar. Para algunos aliados, como los del flanco este europeo —que perciben a Rusia como una amenaza inmediata y activa—, el aumento ha sido recibido con pragmatismo y hasta con entusiasmo. Para otros, como el Gobierno de España, la exigencia choca frontalmente con su estrategia nacional, sus prioridades fiscales y su visión de lo que debe ser la solidaridad defensiva en la OTAN.

Conscientes de la dificultad política de asumir un gasto tan elevado, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, propuso una fórmula intermedia: elevar el gasto directo en defensa al 3,5% del PIB, y destinar otro 1,5% a áreas complementarias como la ciberseguridad o la protección de infraestructuras críticas. Aunque esta alternativa ha logrado ganar apoyos entre algunos aliados, no ha convencido a España, que sigue rechazando abiertamente cualquier fórmula basada en porcentajes.

La ministra de Defensa española, Margarita Robles, reiterará su oposición en la reunión ministerial en Bruselas, donde se espera que subraye que la perspectiva del Gobierno es que el compromiso debe centrarse en capacidades concretas, no en cifras abstractas. La posición española no es únicamente presupuestaria, sino también de fondo: Madrid defiende que el esfuerzo en defensa debe medirse por resultados y no por metas contables, apelando a una estrategia flexible y coordinada según las necesidades comunes.

España en el foco de la presión aliada

España no está sola en su incomodidad. Francia, por ejemplo, ha señalado que puede llegar al 3,5% en los próximos años, pero rechaza fijar metas como el 5% sin un plan realista detrás. Alemania, por su parte, ha expresado su voluntad de alinearse con Washington, aunque aún no ha aclarado cómo lo hará. Italia, con problemas fiscales, también muestra reticencias.

No obstante, la resistencia española destaca por su claridad. Mientras algunos países aceptan la cifra pero cuestionan el calendario, España pone en duda el propio método. Esta postura ha llevado a que Washington y el liderazgo de la OTAN insistan especialmente en convencer a Madrid. La declaración emitida tras la reunión en Vilna, Lituania, con el apoyo de 14 países del norte y este de Europa, ha servido como medida de presión adicional, y la frase del embajador Whitaker resuena como una advertencia para los rezagados: “No podemos repetir lo de Gales. No hay tiempo ilimitado”.

El problema no es solo financiero, sino filosófico. Fijar un porcentaje como medida universal para evaluar el compromiso de cada país con la defensa colectiva plantea dilemas importantes. Las realidades económicas, sociales y estratégicas de los países de la OTAN son heterogéneas, y aplicar una misma regla para todos puede ser contraproducente. España, al estar en el sur de Europa, no percibe a Rusia como una amenaza inmediata, un punto de vista que choca fuertemente con el de los países bálticos y los del este, quienes han recibido el mayor impacto de la guerra en Ucrania y sufren constantes ataques híbridos por parte de Moscú.

El Gobierno de Pedro Sánchez alega que una inversión masiva, especialmente sin una definición clara de cómo se gastará, podría crear tensiones internas y desviar recursos de otras áreas igualmente críticas como sanidad, educación o transición energética. Además, teme que la carrera armamentística pueda desviar a la OTAN de sus valores fundacionales, centrados en la disuasión, la defensa compartida y el equilibrio estratégico.

España, aunque no es el único país incómodo, ha decidido plantar cara de forma abierta. Su postura trata de representar un modelo alternativo de compromiso: menos centrado en cifras y más en resultados. El reto de la cumbre de La Haya no será solo fijar nuevos objetivos, sino evitar que la Alianza pierda cohesión en el camino. @mundiario

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