Dinamarca advierte de una respuesta militar si EE UU intentara anexionar Groenlandia

Una joven soldado danesa entrena en Groenlandia. / Mando Ártico Conjunto - Facebook
La reactivación de las ambiciones de Donald Trump sobre la isla ha llevado a Dinamarca a recordar que la defensa del territorio no es negociable. Copenhague confirma que respondería militarmente ante cualquier ataque, incluso si procediera de su principal aliado.

La tensión diplomática y amenazas veladas en torno a Groenlandia han hecho saltar las alarmas en Europa, cuyas principales capitales exploran respuestas conjuntas a una posible anexión por parte de EE UU. Por su parte, Dinamarca mantiene en vigor una directiva militar que obliga a sus fuerzas armadas a responder de inmediato ante cualquier invasión de su territorio, sin esperar órdenes políticas.

La aclaración llega en un contexto marcado por las reiteradas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la posibilidad de tomar el control de la isla ártica, a la que considera estratégica para la seguridad nacional estadounidense.

La orden, aprobada en 1952 y ratificada ahora por el Ministerio de Defensa danés, establece que los soldados deben “emprender inmediatamente la lucha” frente a cualquier ataque a territorio danés, incluidas Groenlandia y las Islas Feroe. Su origen se remonta a la experiencia traumática de la ocupación nazi de 1940, cuando la falta de comunicaciones y de instrucciones claras paralizó la respuesta militar. Desde entonces, el principio rector es actuar sin vacilaciones si la soberanía es vulnerada.

En el contexto actual, Groenlandia no es solo la isla más grande del mundo, sino una pieza clave en el equilibrio geopolítico del Ártico. Su posición permite controlar la llamada brecha GIUK (Groenlandia-Islandia-Reino Unido), un corredor marítimo crucial para el seguimiento de los movimientos navales rusos en el Atlántico Norte. Además, alberga infraestructuras críticas para Estados Unidos, como la base aérea de Pituffik (antigua Thule), integrada en su sistema de alerta temprana de misiles balísticos y vigilancia espacial.

Esta presencia militar estadounidense se rige por el Acuerdo de Defensa de Groenlandia de 1951, firmado en el marco de la OTAN. Sin embargo, las declaraciones de Trump, respaldadas por figuras clave de su entorno como su asesor Stephen Miller, han ido más allá de la cooperación militar existente, planteando abiertamente la anexión de la isla, incluso por la fuerza si fuera necesario.

¿Con qué capacidad defensiva cuentan Copenhague y Nuuk?

Copenhague y Nuuk han rechazado de forma reiterada cualquier escenario de compra o anexión. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha advertido que un ataque militar de Estados Unidos contra un aliado supondría “el fin de la OTAN”, al romper el principio de defensa colectiva que sustenta la Alianza desde 1949. En la misma línea, el jefe del Gobierno groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, ha pedido poner fin a lo que califica de “fantasías sobre la anexión”.

Aunque Groenlandia goza de un amplio autogobierno, la defensa y la política exterior siguen siendo competencia de Dinamarca. La isla, con unos 56.000 habitantes y sin ejército propio, depende de las Fuerzas Armadas danesas para garantizar su soberanía. El Mando Ártico Conjunto, con sede en Nuuk, coordina la vigilancia y defensa del territorio, apoyado por estaciones satelitales y por la Patrulla Sirius, una unidad de élite especializada en operaciones de largo alcance en condiciones extremas.

Desde el punto de vista militar, Dinamarca es una potencia modesta frente a Estados Unidos. Según datos internacionales, ocupa un puesto muy inferior en gasto y capacidades bélicas. Sin embargo, sus fuerzas armadas son pequeñas pero altamente profesionalizadas y tecnológicamente avanzadas. Cuentan con unos 14.500 soldados activos, una reserva de 44.000 efectivos, una fuerza aérea en transición hacia los cazas F-35 y una armada equipada con fragatas modernas como las clase Iver Huitfeldt y buques polivalentes Absalon.

En los últimos años, Dinamarca ha reforzado de manera significativa su presencia en el Ártico. El Gobierno ha aprobado inversiones multimillonarias para mejorar la vigilancia marítima y aérea en torno a Groenlandia, incluyendo nuevos buques árticos, drones de largo alcance y capacidades satelitales. En paralelo, el gasto en defensa se ha elevado hasta el 3,2 % del PIB, un giro notable en la tradicional política de contención presupuestaria danesa, motivado oficialmente por la amenaza rusa, aunque con claras implicaciones para la seguridad de Groenlandia.

El dilema dentro de la OTAN

La posibilidad de un conflicto abierto entre dos socios de la OTAN no tiene precedentes. Aunque ha habido tensiones internas en el pasado, como las protagonizadas por Grecia y Turquía, nunca se ha planteado seriamente un ataque directo entre aliados. Este escenario plantea interrogantes profundos sobre el funcionamiento de la Alianza y el alcance real del artículo 5 de defensa colectiva.

Mientras tanto, Washington ha matizado en ocasiones el tono de las amenazas. Altos cargos de la Administración Trump han sugerido alternativas como la compra de la isla, un convenio de libre asociación o el fomento de la independencia groenlandesa, opción que cuenta con cierto respaldo social en la isla, aunque la anexión a Estados Unidos apenas tiene apoyo.

La confirmación de que Dinamarca respondería militarmente ante un ataque estadounidense subraya hasta qué punto la cuestión de Groenlandia ha dejado de ser un debate retórico para convertirse en un asunto de seguridad internacional. Entre la cooperación estratégica existente, las ambiciones geopolíticas de Washington y la defensa de la soberanía danesa y groenlandesa, el Ártico se consolida como uno de los escenarios más sensibles del actual orden global. @mundiario