Trump bombardea la isla de Jarg y promete abrir el estrecho de Ormuz en la guerra con Irán

Isla de Jark. / Wikipedia
Washington afirma haber destruido instalaciones militares en la zona sin atacar la infraestructura petrolera del principal centro de exportación de crudo iraní en el Golfo Pérsico, al tiempo que promete garantizar la navegación en la región.

La guerra entre EE UU y Irán ha alcanzado uno de sus momentos más delicados tras el anuncio del presidente Donald Trump del bombardeo de objetivos militares en la isla de Jarg, el principal centro de exportación de crudo iraní en el Golfo Pérsico.  El republicano afirma haber destruido instalaciones militares en la zona sin atacar la infraestructura petrolera, mientras advierte que podría hacerlo si Teherán intenta cerrar el estratégico Estrecho de Ormuz. El ataque supone un salto cualitativo en un conflicto que ya está sacudiendo los mercados energéticos y alterando el equilibrio geopolítico de Oriente Próximo.

La isla de Jarg representa uno de los puntos más sensibles de la economía iraní. Situada a unos 40 kilómetros de la costa del país, esta pequeña franja de tierra funciona como la principal terminal petrolera de Irán, por la que pasa cerca del 90 % de sus exportaciones de crudo. Desde allí parten los grandes buques petroleros que transportan el petróleo iraní hacia Asia y otros mercados internacionales.

El propio Trump describió el ataque como uno de los bombardeos “más poderosos en la historia de Oriente Próximo”, afirmando que las fuerzas estadounidenses “pulverizaron” los objetivos militares en la isla. Sin embargo, el mandatario aseguró que la infraestructura energética se mantuvo intacta, alegando “razones de decencia” y la voluntad de evitar un impacto en el suministro mundial de petróleo.

La decisión de atacar objetivos militares en Jarg se produce como respuesta a las amenazas iraníes de bloquear el estrecho de Ormuz. Este paso marítimo, situado a la entrada del Golfo Pérsico, es uno de los corredores energéticos más importantes del planeta.

Aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo atraviesa diariamente ese estrecho, lo que lo convierte en un punto crítico para la estabilidad energética global. Trump dejó claro que la contención mostrada al evitar las instalaciones petroleras podría cambiar rápidamente. Si Irán o cualquier actor intenta impedir la navegación en la zona, aseguró el presidente estadounidense, Washington reconsiderará su decisión y podría atacar directamente la infraestructura energética iraní.

Un despliegue militar para asegurar el tráfico marítimo

El conflicto ya está teniendo consecuencias visibles en los mercados energéticos. Desde el inicio de la ofensiva militar de EE UU e Israel contra Irán a finales de febrero, el precio del petróleo se ha disparado cerca de un 40 %. El barril de Brent ha superado los 100 dólares, llegando incluso a rozar los 120 dólares en algunos momentos de la semana.

Los analistas advierten de que un ataque directo contra la terminal petrolera de Jarg podría provocar una subida aún mayor, con previsiones que sitúan el precio del crudo por encima de los 150 dólares por barril en el peor escenario. Este riesgo explica por qué Washington evitó durante las primeras semanas de guerra atacar la instalación energética.

Paralelamente al bombardeo, el Pentágono ha intensificado su presencia militar en la región. EE UU ha anunciado el envío de nuevos buques anfibios y unidades de infantería de marina con el objetivo de garantizar la seguridad del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró que Washington no permitirá que ese paso estratégico se convierta en una “zona en disputa”. Entre las medidas previstas se encuentra el escoltado de petroleros por parte de la Marina estadounidense, una operación que busca garantizar el flujo energético mundial pero que también podría aumentar el riesgo de incidentes militares.

El riesgo de una crisis energética global

La escalada militar se produce tras dos semanas de enfrentamientos entre EE UU, Israel e Irán que han incluido miles de ataques contra objetivos militares. El Pentágono sostiene haber golpeado más de 5.000 objetivos en territorio iraní desde el inicio de la campaña.

En paralelo, Washington ha incrementado la presión política sobre el régimen iraní ofreciendo una recompensa de 10 millones de dólares por información sobre el paradero del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei. Según responsables estadounidenses, Jamenei habría resultado herido durante los bombardeos, lo que añade incertidumbre sobre la estabilidad del liderazgo iraní.

El enfrentamiento en el Golfo Pérsico pone de relieve la vulnerabilidad del sistema energético mundial. El estrecho de Ormuz funciona como una auténtica válvula de la economía global, por donde circula una parte esencial del petróleo procedente de Oriente Medio. Cualquier interrupción prolongada en ese punto podría provocar una crisis energética internacional, con consecuencias directas para los precios del combustible, la inflación y el crecimiento económico. @mundiario