Corea del Sur elige presidente bajo la sombra de la ley marcial: un país marcado por el autoritarismo

El intento fallido de militarizar el país por parte del expresidente Yoon Suk Yeol ha manchado la campaña electoral surcoreana, que se desarrolla en un clima de tensión sin precedentes desde el regreso a la democracia.
Lee Jae-myung, candidato presidencial de Corea del Sur. / @Jaemyung_Lee
Lee Jae-myung, candidato presidencial de Corea del Sur. / @Jaemyung_Lee

La actual elección presidencial en Corea del Sur no solo definirá al próximo jefe de Estado, sino que también representa un referéndum nacional sobre el fallido intento de imponer la ley marcial impulsado por el expresidente Yoon Suk Yeol. Su esfuerzo por militarizar el país en diciembre pasado no solo desembocó en su destitución, sino que también sumió a la nación en un periodo de inestabilidad política que aún persiste. En este contexto, la polarización y la violencia política han aumentado, lo que ha dejado a los votantes ante una decisión que trasciende la política habitual.

El colapso del mandato de Yoon, tras su fallido decreto de ley marcial, ha sido el eje central de esta campaña. Aunque la medida fue frenada por la reacción pública y el Parlamento, sus efectos resonuenan con fuerza entre la creciente polarización que ha dominado en el país.

Las protestas callejeras, los llamamientos a la ejecución de líderes políticos y las amenazas de muerte contra candidatos como opositor Lee Jae-myung revelan un país fracturado.

El expresidente Yoon fue formalmente destituido por el Tribunal Constitucional en abril, tras una sesión parlamentaria encabezada por el propio Lee, que votó en su contra. La repentina convocatoria de elecciones marcó un giro drástico en el calendario político surcoreano y consolidó la percepción de que el sistema democrático había sobrevivido por poco a una grave amenaza institucional, que podría reabrir las heridas de una nación que fue dominada por figuras autoritarias hasta hace relativamente poco.

Lee Jae-myung: el candidato que venció al autoritarismo

El liberal Lee Jae-myung, del opositor Partido Democrático, ha centrado su campaña en una narrativa de resistencia democrática. Con un chaleco antibalas y tras un cristal blindado en algunos mitines, ha prometido reformas constitucionales para impedir que otro presidente abuse del Poder Ejecutivo como Yoon intentó hacerlo. A sus 60 años, Lee se presenta como un reformador decidido a sanar las divisiones internas, relanzar la economía y "negociar la paz" con Corea del Norte.

Pero su figura no está exenta de controversia. Lee arrastra una serie de procesos judiciales por corrupción —que quedarán en suspenso si es electo, debido a la inmunidad presidencial— y una imagen polarizante que le ha valido tanto fervorosos apoyos como profundos rechazos. A pesar de ello, encabeza las encuestas con una ventaja de entre 8 y 10 puntos sobre su rival conservador.

Lee no es un advenedizo. Exgobernador de la populosa provincia de Gyeonggi y alcalde de Seongnam, es conocido por su ascenso desde la pobreza, su estilo combativo y su historial como abogado defensor de derechos humanos. Para muchos, encarna una esperanza de justicia social y renovación política; para otros, es un populista impredecible que ha ayudado a fomentar la división social en el país.

Kim Moon-soo: el defensor del legado conservador

Del otro lado del espectro se encuentra Kim Moon-soo, exministro de Trabajo del propio Yoon y figura leal al expresidente incluso durante la crisis de la ley marcial. Su negativa a pedir disculpas durante la investigación parlamentaria lo convirtió en un símbolo de la continuidad conservadora, aunque posteriormente ofreció una disculpa tardía y estratégica.

Kim, de 73 años, representa al Partido del Poder Popular (PPP), el mismo de Yoon, y ha tratado de proyectarse como un candidato “justo y ecuánime” tras una tensa y polémica pugna interna en la que su formación le otorgó la candidatura en lugar del ex primer ministro Han Duck-soo. Sin embargo, su campaña se ha visto lastrada por la asociación directa con el exmandatario depuesto. Su eslogan, “el candidato justo”, intenta capitalizar el descontento hacia Lee, más que ofrecer una alternativa pragmática sólida.

Kim también tiene un pasado complejo: fue un activista prodemocracia durante las dictaduras militares, por lo que su giro hacia la derecha en 1994, así como su posterior incorporación al disuelto Partido Libertad de Corea, de extrema derecha, aún generan recelos entre antiguos compañeros de lucha. Como candidato, ha prometido fortalecer la alianza con Estados Unidos, endurecer la defensa frente a Corea del Norte y aplicar reformas económicas favorables a las empresas.

¿Un cambio estructural o un regreso al statu quo?

La elección surcoreana tiene implicaciones profundas, tanto internas como geopolíticas. A nivel interno, definirá si el país se encamina hacia una etapa de reformas constitucionales y reconciliación política o si regresa a un enfoque conservador más tradicional. A nivel externo, la política hacia Corea del Norte, las relaciones con EE UU, Rusia y China, así como la política comercial frente a las medidas de Washington, también están en juego.

Para muchos votantes, esta elección no es una mera elección entre izquierda y derecha, sino entre el fortalecimiento de la democracia o el riesgo de recaer en una deriva autoritaria. El recuerdo de diciembre aún está fresco, y gran parte de la ciudadanía parece decidida a que no se repita.

Corea del Sur enfrenta una encrucijada histórica. Las elecciones actuales no solo decidirán al sucesor de Yoon Suk Yeol, sino que trazarán el rumbo institucional de la nación en una etapa de alta polarización y fragilidad democrática. La elección, más que una competencia entre candidatos, es una lucha por el alma democrática del país. @mundiario

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