Corea del Norte exhibe músculo mientras refuerza su eje con Rusia: el submarino nuclear de Kim
La reciente exhibición de un supuesto submarino de propulsión nuclear por parte de Corea del Norte marca un nuevo episodio en la escalada estratégica impulsada por Kim Jong-un. Las imágenes difundidas por la agencia estatal KCNA muestran al líder norcoreano inspeccionando lo que describen como un submarino de ataque nuclear de gran tonelaje, en lo que Pyongyang presenta como un hito tecnológico y militar sin precedentes para el país.
La escena, cuidadosamente coreografiada, coincide además con la difusión de una carta del presidente ruso, Vladímir Putin, en la que se subraya la “amistad inquebrantable” entre ambos Estados.
Según la versión oficial, el submarino —de unas 8.700 toneladas— estaría diseñado para portar misiles guiados con capacidad nuclear, lo que lo convertiría en un elemento clave de disuasión estratégica. De confirmarse por Occidente, supondría un salto cualitativo para un país que hasta ahora había dependido de misiles terrestres y de una flota naval convencional limitada.
Analistas internacionales señalan que la importancia del anuncio no reside solo en la veracidad técnica del proyecto, sino en el mensaje político que transmite. Un submarino de propulsión nuclear permitiría a Corea del Norte mantener capacidad de ataque incluso bajo un escenario de represalia, reforzando su doctrina de disuasión y complicando los cálculos militares de Corea del Sur, Japón y Estados Unidos.
Sin embargo, persisten dudas sobre el grado real de avance del programa. Expertos navales apuntan a que la construcción de un reactor compacto y seguro para uso submarino exige tecnologías altamente sofisticadas, difíciles de desarrollar bajo un régimen de sanciones. En ese contexto, la hipótesis de una asistencia externa —especialmente rusa— gana peso.
La sombra de Rusia y una alianza que se estrecha
La coincidencia temporal entre la exhibición del submarino y la difusión de una carta de Vladímir Putin no ha pasado desapercibida. En su mensaje, el presidente ruso elogia la “fraternidad militante” entre Moscú y Pyonyang y destaca la cooperación mutua en un contexto internacional marcado por la guerra en Ucrania y el aislamiento diplomático de ambos países.
Fuentes occidentales y surcoreanas sostienen que Corea del Norte ha enviado armamento y personal militar a Rusia, mientras que Moscú podría estar facilitando tecnología sensible, asistencia energética o conocimientos avanzados en materia naval. Aunque no existen pruebas públicas concluyentes de este último intercambio, el acercamiento estratégico entre ambos gobiernos refuerza la percepción de un eje de conveniencia frente a Estados Unidos y sus aliados.
Más allá de su dimensión militar, la puesta en escena tiene una fuerte carga política interna. Kim Jong-un presenta el supuesto avance como prueba de fortaleza nacional, autosuficiencia tecnológica y liderazgo frente a las presiones externas. En un país sometido a sanciones severas y con una economía frágil, la narrativa del poder militar cumple una función cohesionadora y legitimadora.
A nuclear-powered submarine was one item on a wish list of sophisticated weaponry that Kim Jong-un announced during a political conference in 2021. Other arms included solid-fuelled intercontinental ballistic missiles, hypersonic weapons, spy satellites, multi-warhead missiles. pic.twitter.com/J3F7ocivD3
— euronews (@euronews) December 25, 2025
Al mismo tiempo, el mensaje va dirigido a Seúl y Washington: Corea del Norte no solo mantiene su capacidad disuasoria, sino que aspira a elevarla a un nuevo nivel. La mención explícita en su discurso sobre la “amenaza” que representa Corea del Sur y el respaldo estadounidense refuerza un discurso de confrontación que parece consolidarse como eje de la política exterior norcoreana.
El posible desarrollo de un submarino nuclear norcoreano añade incertidumbre a una región ya marcada por tensiones estructurales. Para los países vecinos, la dificultad de detectar plataformas submarinas armadas con misiles balísticos representa un desafío estratégico de primer orden.
Más allá de si el proyecto está plenamente operativo o aún en fase experimental, el mensaje político es claro: Corea del Norte busca presentarse como una potencia militar avanzada, respaldada por una alianza cada vez más explícita con Rusia. @mundiario


