Los conservadores iraníes insisten en mejorar la posición de su país gracias a la fuerza atómica

La central nuclear de Bushehr, en Irán. / RR.SS.
El ala dura del régimen iraní intensifica su presión para que el país desarrolle armas nucleares, un movimiento que ha ganado fuerza tras los recientes conflictos con Israel.

El ala dura del régimen iraní intensifica su presión para que el país desarrolle armas nucleares, un movimiento que ha ganado fuerza tras los recientes conflictos con Israel. Las voces más conservadoras del parlamento iraní y los sectores cercanos al líder supremo, el ayatolá Ali Jameneí, están solicitando una revisión de la doctrina de defensa nacional, que hasta ahora prohíbe la fabricación de armas atómicas. Esta demanda crece en un contexto de tensiones geopolíticas y amenazas de represalias militares entre Irán e Israel.

El pasado 5 de octubre, un terremoto en Semnan, a unos 200 kilómetros al este de Teherán, generó especulaciones en redes sociales sobre la posibilidad de que hubiera sido una prueba nuclear. Aunque se confirmó que fue solo un evento sísmico, el diario iraní Tehran Times, que actúa como portavoz del ala dura del régimen, destacó en su portada que la demanda de armas nucleares está en aumento.

La presión hacia el desarrollo nuclear proviene de un grupo de 39 parlamentarios conservadores que, el mismo día del terremoto, enviaron una carta al Consejo Supremo de Seguridad Nacional. En la misiva, solicitaban revisar la doctrina defensiva del país con el fin de "fortalecer la disuasión defensiva", en clara referencia a las amenazas provenientes de Israel. Esta carta, firmada por miembros del Consejo de Coalición de las Fuerzas de la Revolución Islámica, una facción ultraconservadora, refleja la postura más rígida dentro del régimen, que se opone a cualquier acuerdo con Occidente.

Desde el ataque con misiles de Irán contra Israel el pasado 1 de octubre, en represalia por el asesinato de los líderes de Hamás y Hezbolá, el país se encuentra en alerta ante una posible respuesta militar israelí. Esto ha generado un clima de incertidumbre sobre la estabilidad en Oriente Próximo y ha frustrado los intentos del presidente iraní, Masud Pezeshkian, de retomar las conversaciones con Occidente sobre el programa nuclear.

A mediados de septiembre, el presidente Pezeshkian expresó su disposición a negociar directamente con Estados Unidos para reactivar el acuerdo nuclear de 2015, que permitía la supervisión internacional del programa atómico de Irán. Este acuerdo, conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), limitaba el enriquecimiento de uranio de Irán y facilitaba la reducción de sanciones que asfixian su economía. Sin embargo, los recientes acontecimientos han minado estas esperanzas y han fortalecido las voces que abogan por el desarrollo de un arsenal nuclear sin supervisión internacional.

La posibilidad de retomar ese pacto, que permitía aliviar las sanciones, es clave para mejorar la economía iraní, afectada por altos niveles de descontento social que se reflejaron en las masivas protestas de 2022 tras la muerte de la joven Mahsa Amini. No obstante, las recientes tensiones han desviado al gobierno de su enfoque diplomático y han alimentado el debate sobre la necesidad de armas atómicas como medio de disuasión.

Además de los conservadores del parlamento, otras figuras públicas de relevancia han participado en el debate sobre el programa nuclear iraní. Hassan Jomeini, nieto del ayatolá Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica, y un clérigo moderado que apoya al presidente Pezeshkian, aludió recientemente en una entrevista a la necesidad de reforzar las capacidades disuasorias de Irán. Estas declaraciones fueron interpretadas como un apoyo implícito a la posibilidad de modificar la postura del país sobre las armas nucleares.

El analista Naysan Rafati, del International Crisis Group, señala que en Teherán está surgiendo un "coro cada vez más fuerte" que reclama la creación de armas nucleares, lo que indica que este debate podría estar preparando el terreno para un cambio en la política nacional de defensa. Aunque el régimen ha negado en repetidas ocasiones tener intenciones militares con su programa atómico, la acumulación de uranio enriquecido al 60% y las declaraciones públicas sugieren un cambio de rumbo.

La creciente presión interna por dotarse de armas nucleares también está influenciada por las acciones de Israel, que ha mantenido una postura firme en su oposición al programa nuclear iraní. Israel, que se cree que posee armas nucleares, aunque nunca lo ha admitido, considera que un Irán con capacidad nuclear sería una amenaza directa a su existencia.

Las represalias recientes de Tel Aviv contra Hamás y Hezbolá, ambos respaldados por Teherán, y la guerra en el Líbano han debilitado a estos aliados estratégicos del régimen persa, lo que ha impulsado a Irán a buscar otras formas de disuadir a Israel de lanzar ataques directos contra sus instalaciones nucleares. Según el analista Barbara Slavin del Stimson Center, la degradación de estos grupos ha aumentado la presión sobre Irán para encontrar nuevas formas de defensa, lo que refuerza la demanda del ala dura por armas atómicas.

Pese a las especulaciones, la doctrina nuclear está fuertemente arraigada a las desiciones del líder supremo iraní. Actualmente, sigue vigente la fetua ( dictamen judicial islámico), emitida por el ayatolá Jameneí, que prohíbe el desarrollo de armas nucleares por considerarlo contrario al islam. Sin embargo, los recientes avances en el enriquecimiento de uranio, sumados a la falta de supervisión internacional desde la salida de Estados Unidos del acuerdo en 2018, han generado preocupación entre los observadores internacionales. @mundiario