¿Cómo funcionan las elecciones en EE UU y por qué no siempre el ganador se convierte en presidente?

El sistema para llegar a la Casa Blanca pasa por el Colegio Electoral, un cuerpo de delegados que representa todos los estados independientemente de quien gane el voto popular.
Elecciones de medio mandato en EE UU. / X
Elecciones de medio mandato en EE UU. / X

El sistema de elección presidencial en EE UU es único y ha generado controversia a lo largo de los años ya que, en algunas ocasiones, el candidato que gana el voto popular no alcanza ser el próximo inquilino de la Casa Blanca. Esto se debe a la estructura del Colegio Electoral, un sistema implementado por los “padres fundadores” (como se les conoce a los autores de la Constitución) en 1787 para equilibrar el poder entre los estados grandes y pequeños, y asegurar que los comicios reflejen los intereses de todos los integrantes de la Unión, independientemente de su tamaño.

En el sistema del Colegio Electoral, los ciudadanos eligen electores en lugar de votar directamente por el presidente. Actualmente, existen 538 electores en total, distribuidos entre los 50 estados y el Distrito de Columbia. Para ganar la presidencia, un candidato necesita obtener al menos 270 votos electorales, la mayoría absoluta. La asignación de electores en cada estado se basa en la representación proporcional que tiene su territorio en la Cámara de Representantes del Congreso, combinados con los dos senadores que corresponden por estado en la Cámara Alta. Así, California, el más poblado, tiene 55 electores, mientras que los más vaciados, como Vermont y Wyoming, cuentan con solo tres.

Este sistema funciona bajo la regla del winner-takes-all o “el ganador se lleva todo” en la mayoría de los estados, donde el candidato que obtiene la mayoría del voto popular se queda con todos los electores del estado. Existen excepciones en Maine y Nebraska, donde se emplea un método proporcional, asignando electores según el voto en cada distrito congresional (circunscripción electoral en las elecciones al Congreso) y otorgando dos electores adicionales al candidato que gane la mayoría estatal, como una suerte de lista. Esto permite un reparto más representativo de los electores, aunque en la práctica estos estados tienen un peso electoral relativamente pequeño.

Históricamente, cinco presidentes han ganado la Casa Blanca sin ganar el voto popular, siendo el caso más reciente el de Donald Trump en 2016, quien venció en el Colegio Electoral a pesar de recibir casi tres millones de votos menos que su rival, la ex primera dama y secretaria de Estado Hillary Clinton. Otro ejemplo es el del republicano George W. Bush en 2000, cuando ganó al demócrata Al Gore por una diferencia de cinco votos electorales, pese a haber obtenido menos votos populares, y fue un caso que llevó el resultado de los comicios a instancias judiciales. Estos resultados suelen avivar las críticas contra el sistema ya que, en estos casos, la voluntad de la mayoría queda en segundo plano frente al funcionamiento del Colegio Electoral.

Equidad entre estados federados

En situaciones extraordinarias, si ningún candidato alcanza los 270 votos electorales, la elección del presidente recae en la Cámara de Representantes, mientras que la elección del vicepresidente pasa al Senado. Esto ha ocurrido solo en dos ocasiones: en 1801, cuando Thomas Jefferson fue elegido por la Cámara tras 36 rondas de votación, y en 1825, cuando John Quincy Adams resultó electo bajo el mismo procedimiento tras vencer a Andrew Jackson.

La razón de la existencia del Colegio Electoral tiene raíces en la historia y en la estructura federal de los Estados Unidos. Al diseñarlo, los fundadores buscaban evitar que el presidente fuera elegido exclusivamente por los estados más grandes y poblados. Al forzar a los candidatos a ganar electores en varios estados, el sistema asegura que los aspirantes a la presidencia tengan que buscar el apoyo de una diversidad de regiones y no solo en áreas de gran población que generalmente acaparan la atención nacional, como California y Nueva York.

Este sistema ha generado un intenso debate. Los detractores argumentan que el Colegio Electoral otorga una representación desproporcionada a los estados con menos habitantes, lo que resulta en que un voto en un estado pequeño tenga más peso en términos de representación que un voto en un estado grande. En contraste, los defensores del sistema consideran que protege los intereses de los estados menos poblados y evita que algunas zonas altamente pobladas monopolicen la decisión presidencial. Además, la existencia del Colegio Electoral obliga a los candidatos a hacer campaña en todo el país, prestando atención a estados de diverso tamaño e ideología.

A pesar de los numerosos intentos de reforma, el Colegio Electoral sigue siendo una pieza central del sistema electoral estadounidense. Las propuestas de modificarlo o eliminarlo requieren enmiendas constitucionales, un proceso complejo que hasta ahora no ha prosperado.

Territorios sin representación y supermayoría

Aunque en esencia el Colegio Electoral vela porque se representen a todos los habitantes sin importar el tamaño de la población de sus territorios, lo cierto es que hay grandes estados como California, Texas, Florida o Nueva York que suponen importantes sacos de electores (aproximadamente de medio centenar a 30), pero los más despoblados apenas tienen incidencia, como Alaska o Vermont, que solo eligen a tres.

Además, hay varios territorios que están bajo soberanía estadounidense, pero no tienen el estatus de estados, no forman parte de la Unión federal, y por lo tanto sus residentes no tienen derecho a votar, aunque son ciudadanos estadounidenses. También tienen un representante en el Congreso, con derecho a voz, pero no a voto. Ese grupo de lugares es mayoritariamente insular porque solo se encuentran Puerto Rico, las Islas Vírgenes de los Estados Unidos, Guam y las Islas Marianas del Norte. De allí pudieron salir Alaska y Hawái, que hoy en día son miembros plenos de EE UU. @mundiario

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