¿Cómo el desfile militar de Trump aumenta el riesgo de politización de las Fuerzas Armadas de EE UU?
Este sábado, el presidente Donald Trump, encabezará un desfile militar en Washington D.C., para conmemorar el 250º aniversario del Ejército de los Estados Unidos, en el Día de la Bandera. El evento, que incluye la exhibición de tanques, tropas y equipo militar pesado, será el primero de este tipo en más de treinta años y, aunque oficialmente es un tributo a los militares, coincide con la celebración del cumpleaños número 79 del republicano. La confluencia de estas dos fechas ha intensificado el debate sobre el verdadero propósito y simbolismo del evento.
En la historia de Estados Unidos, los desfiles militares no son inéditos, pero sí poco frecuentes. Tradicionalmente, estas exhibiciones se reservan para conmemorar victorias significativas —como el fin de la II Guerra Mundial o la Guerra del Golfo— o para recibir a tropas que regresan del frente. Tras la Guerra de Vietnam, el entusiasmo por las demostraciones militares disminuyó notablemente, debido al impacto social del conflicto y al escepticismo compartido por demócratas y republicanos frente a la expansión del poder estatal.
El desfile convocado por Trump, sin embargo, no responde a ninguno de estos contextos históricos. Fue una idea que surgió tras su visita a Francia en 2017, cuando presenció el tradicional desfile del Día de la Bastilla. Desde entonces, buscó replicar algo similar en Estados Unidos, aunque su primer intento en el Día de los Veteranos en 2018 fue cancelado y Trump acusó al gobierno local de inflar el coste del evento, que rondaba por los 92 millones de dólares . El evento de este año es, en ese sentido, la culminación de un deseo largamente postergado.
Aunque Trump ha insistido en que la elección del 14 de junio para el desfile no tiene relación con su cumpleaños, la coincidencia ha generado suspicacias. En particular, porque el presidente ha mostrado una disposición constante a proyectar poder y autoridad a través de símbolos institucionales, y ha sido acusado de tratar de utilizar a las Fuerzas Armadas como extensión de su liderazgo personal.
Riesgos de politización
Esto no es una preocupación menor. En los últimos días, Trump también fue protagonista de una polémica movilización militar en Los Ángeles. Allí, ordenó el despliegue de la Guardia Nacional y posteriormente de infantes de marina para controlar protestas contra sus políticas migratorias, a pesar de la oposición expresa del gobernador Gavin Newsom. Se trató de la primera vez desde 1965 que un presidente desplegó la Guardia Nacional sin el consentimiento del gobernador de un estado. Un juez federal dictaminó que esa decisión violaba la ley, pero su fallo fue suspendido por un tribunal de apelaciones.
Los críticos advierten que esta acumulación de gestos —desde movilizaciones internas hasta desfiles— podría erosionar la tradición estadounidense de mantener a las Fuerzas Armadas como una institución apolítica. La preocupación se amplificó cuando Trump organizó un mitin de estilo electoral en Fort Bragg, la base militar más grande del país, donde los soldados uniformados aplaudieron sus declaraciones contra oponentes políticos. Para algunos observadores, esto cruzó una línea que históricamente ha sido cuidadosamente respetada.
A lo largo de su carrera política, Trump ha sido acusado de utilizar diversas agencias del gobierno como instrumentos de poder personal. Desde presionar al Departamento de Justicia para investigar rivales, hasta más recientemente, amenazar con retirar contratos federales a empresas o individuos con los que ha tenido disputas personales, como fue el caso con Elon Musk. La posibilidad de sumar al aparato militar a ese repertorio de recursos estratégicos genera inquietud incluso entre algunos sectores tradicionalmente alineados con una visión más conservadora del poder.
Una diferencia clave frente a otros países
A diferencia de naciones como Francia, Rusia o Corea del Norte, donde los desfiles militares son parte regular del calendario nacional, en Estados Unidos este tipo de exhibiciones suelen generar desconfianza. El sistema político estadounidense fue diseñado precisamente con límites claros al poder central y al uso del aparato militar en tiempos de paz. De ahí que eventos como el de este sábado, organizados fuera de contextos bélicos o conmemorativos consensuados, tiendan a encender alarmas.
La Casa Blanca ha defendido la iniciativa, calificándola como un “tributo apropiado al servicio y sacrificio de todos los que han vestido el uniforme”. No obstante, el momento y la forma elegidos no dejan de ser inusuales y, para muchos, reflejan una tendencia preocupante: la progresiva instrumentalización de las instituciones públicas con fines personales o políticos.
El desfile del sábado será sin duda un espectáculo visual y logístico. Pero más allá de la puesta en escena, el evento representa una intersección singular entre poder, simbolismo y narrativa política. En un país donde la tradición ha sido separar al poder civil del militar y evitar su uso con fines partidistas, el acto no solo destaca por su rareza, sino también por lo que podría anticipar sobre el rol que Trump visualiza para las instituciones estatales en una eventual segunda presidencia.@mundiario

