Colombia ante un plan contra Petro, los audios de su excanciller y una democracia que quiere resistir
La política colombiana se ha visto sacudida por un terremoto que amenaza con alterar de forma profunda su ya frágil estabilidad democrática. La filtración de una serie de audios del excanciller Álvaro Leyva, en los que este plantea un supuesto plan para derrocar al presidente Gustavo Petro en “no más de 20 días”, ha desatado un vendaval institucional, político y mediático sin precedentes en lo que va de mandato. La revelación no solo ha generado una inédita condena transversal desde todos los sectores del espectro ideológico colombiano, sino que ha puesto al descubierto la compleja red de intrigas, rencores y ambiciones personales que operan en los márgenes de la política nacional.
En las grabaciones, difundidas por El País, Leyva —uno de los personajes más veteranos del escenario político colombiano y exministro de Exteriores del propio Petro— es escuchado detallando su intención de provocar una caída exprés del presidente. La premisa no era jurídica ni institucional, sino política, basada en un acuerdo nacional en el que estarían implicados “actores armados y no armados”, con apoyo de congresistas republicanos en EE UU y, supuestamente, de figuras como la vicepresidenta Francia Márquez, aunque la funcionaria ha negado cualquier relación con los hechos revelados por el influyente diario. La gravedad del contenido ha hecho que incluso figuras tradicionalmente enfrentadas como Álvaro Uribe y Humberto de la Calle coincidieran en exigir explicaciones urgentes.
La reacción unánime contra las intenciones atribuidas a Leyva ha sido, en medio del caos, una señal de madurez institucional. Desde los precandidatos presidenciales Luis Gilberto Murillo (excanciller y quien fue sucesor de Leyva), Susana Muhamad (exministra de Ambiente) y el liberal Juan Manuel Galán, hasta partidos conservadores como el Centro Democrático, en el que milita Miguel Uribe Turbay (hospitalizado tras un atentado), han condenado cualquier tentativa de subversión del orden constitucional. Incluso la periodista y aspirante presidencial Vicky Dávila, mencionada por Leyva como presunta interlocutora en el supuesto “acuerdo nacional”, ha desmentido rotundamente cualquier vínculo con cualquier complot, y ha llegado a grabar una conversación con el propio exministro para dejar constancia de su desvinculación.
La figura de Leyva, otrora clave en el proceso de paz con las FARC y una de las piezas fundamentales del gabinete de Petro en sus primeros años, se ha erosionado vertiginosamente. Tras su salida del Gobierno por un error administrativo y su creciente distanciamiento del presidente, el veterano político parece haber transitado hacia una cruzada personal que, según los audios, le llevó incluso a contactar con actores con los entornos del secretario de Estado Marco Rubio, o Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez, influyentes congresistas republicanos. La Casa Blanca, sin embargo, descartó de inmediato cualquier legitimidad del supuesto plan.
La fractura en el Gobierno de Petro
En este escenario, las dudas también han salpicado al interior del Ejecutivo. Petro, visiblemente afectado por lo que considera una “traición”, ha pedido a Francia Márquez que comparezca públicamente y ante la justicia para aclarar su eventual conocimiento del plan. Aunque la vicepresidenta ha negado su implicación, la desconfianza entre ambos es patente. La fractura interna no es menor: marca una ruptura simbólica entre los dos referentes del primer Gobierno progresista en la historia reciente de Colombia.
El presidente ha aprovechado la coyuntura para reivindicar lo que durante meses denunció como “intentos golpistas” en su contra, hasta ahora desestimados por muchos como exageraciones.
Pero las pruebas reveladas en los audios otorgan verosimilitud a sus advertencias. Sobre Petro, el intento de desestabilización no proviene únicamente de la oposición o de sectores externos, a quienes acusa con regularidad, sino de antiguos aliados que se convirtieron en adversarios internos.
“Todas las personas que nombra allí, de las cuales yo no sé si lo que él cuenta es verdad o no, pues deben dar explicaciones y no solamente políticas públicas, sino ante la justicia”, dijo el mandatario colombiano desde Sevilla, donde acudió a la IV Conferencia Internacional de la ONU para la Financiación al Desarrollo. “No es más que una conspiración (de Leyva) con el narcotráfico y con la extrema derecha aparentemente colombiana y norteamericana para derrocar el presidente del cambio en Colombia, afirmó Petro”
La institucionalidad de Colombia quiere resistir
A pesar de la polarización extrema, la respuesta institucional ha sido, en esta ocasión, ejemplar. Desde sectores del oficialismo como Gustavo Bolívar o Laura Sarabia, hasta voces independientes como Humberto de la Calle, se ha coincidido en que lo revelado no puede quedar impune. La defensa esgrimida por Leyva ha sido que las grabaciones fueron privadas y no pueden tener validez legal.
Mientras Petro intenta avanzar con una inédita propuesta de asamblea constituyente, considerada por la oposición y sectores independientes como una forma encubierta de reforma del poder sin consenso parlamentario, los últimos acontecimientos obligan a una reflexión profunda sobre los límites de la confrontación política y los riesgos de una desinstitucionalización por desgaste.
Colombia, una democracia marcada por décadas de conflicto armado, transiciones de paz y reformas frustradas, parece estar asistiendo a un momento bisagra. El país necesita, más que nunca, que sus líderes, tanto en el Gobierno como en la oposición, reconduzcan los cauces institucionales antes de que la bola de nieve se transforme en avalancha. @mundiario