Azerbaiyán: el país del fuego acoge la COP29 empañada por el petróleo y el autoritarismo

Bakú recibe la cumbre climática en medio de la polémica por ser un productor de hidrocarburos, con un régimen acusado de violar derechos humanos y que recuperó por la fuerza el Nagorno Karabaj.
Cumbre del clima COP29 en Bakú, Azerbaiyán. / ONU
Cumbre del clima COP29 en Bakú, Azerbaiyán. / ONU

Bakú, la capital de Azerbaiyán, se convierte en el centro de la atención mundial con la inauguración de la COP29, la cumbre anual sobre el cambio climático organizada por la Convención Marco de Naciones Unidas. Este evento, que reúne a delegados de casi 200 países, busca establecer un nuevo acuerdo de financiación climática a partir de 2025, una medida urgente en la lucha global contra el cambio climático. Sin embargo, la elección de Azerbaiyán como sede ha generado críticas y escepticismo debido a la dependencia de este país en el petróleo y gas, además de su cuestionable historial en derechos humanos.

Históricamente, Azerbaiyán ha sido un territorio definido por su relación con los hidrocarburos. Su nombre se asocia con el fuego, debido a las reservas subterráneas de gas y petróleo que brotan a la superficie en lugares icónicos como la Montaña Ardiente o el Templo del Fuego de Bakú. Estos yacimientos energéticos en la península de Absherón, donde se asienta Bakú, han sido el pilar de la economía azerbaiyana desde tiempos antiguos, cuando los seguidores del zoroastrismo consideraban el fuego una manifestación divina. En la actualidad, esos recursos han impulsado la modernización de Azerbaiyán, pero también han llevado a su Gobierno a priorizar la industria de combustibles fósiles, generando un modelo económico rentista, altamente dependiente de estos recursos.

La COP29, que se celebra anualmente desde la década de 1990 y rota su sede por regiones, fue asignada este año a un país del Este de Europa. La elección de Azerbaiyán, que no generó objeción alguna entre sus vecinos, ha causado polémica en diversos sectores, dada su dependencia de la exportación de hidrocarburos y su bajo compromiso previo con los temas ambientales. Algunos críticos, afirman que eventos internacionales como esta cumbre, el Festival de Eurovisión o los Juegos Europeos, son utilizados por el Gobierno para mejorar su imagen a nivel internacional sin abordar efectivamente las cuestiones que promueven.

La historia política de Azerbaiyán también ha estado marcada por conflictos. Desde la disolución de la Unión Soviética en 1991, el país ha mantenido una tensa relación con Armenia, particularmente por el enclave de Nagorno Karabaj, un territorio que fue objeto de una disputa bélica en los años noventa tras la disolución de la Unión Soviética. Aunque un alto el fuego en 1994 detuvo temporalmente las hostilidades, Azerbaiyán perdió control sobre Nagorno Karabaj y otras provincias adyacentes, un desenlace que sembró resentimientos y deseos de revancha en su sociedad.

En 2020, durante la pandemia de covid-19, el Gobierno azerbaiyano recuperó una porción significativa de este territorio mediante una campaña militar que utilizó drones y mercenarios, y el año pasado culminó esta ofensiva expulsando a miles de armenios en lo que organizaciones internacionales como el Parlamento Europeo consideran una “limpieza étnica”.

El Gobierno de Ilham Aliyev ha sido acusado de represión sistemática contra la oposición y la sociedad civil. Según informes de Human Rights Watch y Freedom Now, en los meses previos a la COP29, las autoridades azerbaiyanas intensificaron la detención de activistas, académicos y periodistas críticos con el régimen. Además, organizaciones internacionales señalan la existencia de más de 300 presos políticos en el país, quienes, según el Parlamento Europeo, son retenidos en “condiciones inhumanas” y sometidos a posibles actos de tortura. Esta situación plantea dudas sobre la idoneidad de Bakú como sede de un evento de alcance mundial.

Nagorno Karabaj y autoritarismo

El régimen azerbaiyano liderado por Aliyev, quien heredó el poder de su padre, Heydar Aliyev, en 2003, ha consolidado una estructura autoritaria en el país. Con el apoyo de una élite económica beneficiada por las rentas del petróleo, el Gobierno ha reprimido severamente a la oposición política y a la sociedad civil. Human Rights Watch y Freedom Now han denunciado un aumento en la represión en vísperas de la COP29, destacando el arresto de más de 30 activistas y periodistas, así como el cierre de medios de comunicación críticos.

La compleja relación de Azerbaiyán con Europa también plantea desafíos. A pesar de las reiteradas denuncias sobre violaciones de derechos humanos, la Unión Europea ha evitado sancionar de manera enérgica al régimen de Bakú debido a la importancia estratégica del país como proveedor de hidrocarburos. Tras el inicio de la guerra en Ucrania, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, firmó un acuerdo con Azerbaiyán para duplicar las importaciones de gas hasta 2027, buscando así reducir la dependencia energética de Rusia.

La presencia de líderes y diplomáticos internacionales en la COP29 también ha suscitado esperanzas entre los armenios desplazados de Nagorno Karabaj, quienes esperan que la cumbre sirva para poner presión sobre Azerbaiyán respecto a la liberación de prisioneros de guerra armenios. Desde el exilio, el defensor del pueblo karabají, Gegham Stepanián, hizo un llamado para que las delegaciones internacionales aboguen por los armenios detenidos y por los azerbaiyanos críticos con el régimen encarcelados por motivos políticos. Actualmente, al menos 23 armenios, incluyendo figuras políticas de Nagorno Karabaj, permanecen en cárceles azerbaiyanas, y sus condiciones de reclusión han sido denunciadas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

El Parlamento Europeo, en una resolución reciente, ha pedido a Azerbaiyán que cumpla con la Convención de Ginebra, que prohíbe toda forma de tortura y trato cruel hacia prisioneros de guerra, y ha exigido la liberación de los detenidos. Además, plantea que la COP29 podría convertirse en una oportunidad para que la Comisión Europea exija a Aliyev una mejora en los derechos humanos en el país. Sin embargo, la política energética europea ha complicado esta relación, ya que Azerbaiyán es visto como un proveedor alternativo de hidrocarburos para reducir la dependencia energética de Rusia.

El petróleo en la COP29

Organizaciones como Transparencia Internacional temen que la COP29 se convierta en un foro para promover los intereses de la industria de hidrocarburos, particularmente los de la compañía estatal SOCAR y el conglomerado familiar de la primera dama, Pasha Holding, ambos implicados en la organización de la cumbre. Asimismo, el Parlamento Europeo ha manifestado su preocupación de que Azerbaiyán utilice la cumbre para mejorar su imagen en detrimento de los compromisos ambientales, sugiriendo que, si bien la COP29 podría impulsar el debate sobre la financiación climática, su celebración en Bakú expone las contradicciones entre la lucha contra el cambio climático y la persistente dependencia de los combustibles fósiles en países anfitriones como Azerbaiyán.

Con la COP29 en marcha, la comunidad internacional estará atenta a los compromisos adquiridos en Bakú, así como a las acciones de la Unión Europea y otras potencias, que enfrentan la difícil tarea de equilibrar sus intereses energéticos con sus promesas de respeto a los derechos humanos y de lucha contra el cambio climático. @mundiario

Comentarios