Austria conforma un Gobierno tripartito sin la participación de la ultraderecha

Democristianos, socialdemócratas y liberales pactan una coalición proeuropea después de que fracasaran las negociaciones para poner al FPÖ de Herbert Kickl al frente del Ejecutivo.
Christian Stocker, próximo primer ministro de Austria. /@_CStocker
Christian Stocker, próximo primer ministro de Austria. /@_CStocker

Austria tendrá un nuevo Gobierno conformado por una coalición tripartita entre el Partido Popular Austríaco (ÖVP), el Partido Socialdemócrata (SPÖ) y los liberales de Neos, lo que deja fuera a la ultraderecha del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) de integrar el Ejecutivo tras su victoria electoral. Tras casi cinco meses de negociaciones y bloqueos políticos, los tres partidos han alcanzado un acuerdo que pondrá fin al periodo de incertidumbre tras las elecciones del 29 de septiembre, en las que el FPÖ obtuvo el 28,8 % de los votos, pero sin la mayoría suficiente para gobernar en solitario.

Este pacto marca un hito en la política austriaca, ya que el FPÖ, pese a ser el partido más votado, no logró concretar las alianzas necesarias para formar Gobierno. Su exclusión del Ejecutivo supone un revés significativo para la extrema derecha, que veía por primera vez en la historia democrática del país la posibilidad real de acceder a la cancillería.

El nuevo Ejecutivo ha presentado un plan de Gobierno con un fuerte enfoque en la recuperación económica y la reducción del déficit público, medidas clave para evitar una posible intervención de Bruselas. Entre las iniciativas acordadas destacan impuestos a la banca, a las empresas energéticas y al sector inmobiliario, además de estrategias para frenar el aumento del costo de vida.

El programa también establece políticas obligatorias de integración de refugiados, combinadas con un endurecimiento en el control de la inmigración irregular y la tramitación de solicitudes de asilo. Estas medidas buscan abordar temas sensibles que han sido utilizados por el FPÖ para atraer votantes.

Además, la coalición tripartita ha reafirmado su compromiso con la Unión Europea y han optado por mostrar una postura claramente proeuropea en plena de incertidumbre global, especialmente con la nueva Administración de Donald Trump en Estados Unidos y las negociaciones de paz con Rusia para finalizar la guerra en Ucrania.

Un Gobierno histórico: el primer tripartito desde la II Guerra Mundial

El nuevo canciller será el conservador Christian Stocker, líder del ÖVP, que obtuvo el 26,3 % de los votos en las elecciones. La vicecancillería estará a cargo del socialista Andreas Babler, cuyo partido logró el 21,1 % de los sufragios, mientras que los liberales de Neos, con un 9,1 %, serán liderados por Beate Meinl-Reisinger dentro del Gobierno.

Esta es la primera vez desde la II Guerra Mundial que Austria tendrá un Gobierno de coalición con tres partidos, resultado de la compleja fragmentación del Parlamento y de la necesidad de encontrar consensos para garantizar la estabilidad política del país.

El acuerdo ha recibido fuertes críticas por parte del líder del FPÖ, Herbert Kickl, quien lo ha calificado como una "alianza de perdedores". Además, Kickl ha comparado este pacto con el tripartito alemán liderado por Olaf Scholz, el cual, debido a su inestabilidad, provocó una crisis interna que culminó en la derrota del canciller en una moción de confianza y en la convocatoria de elecciones anticipadas.

A pesar de su exclusión, la extrema derecha sigue ganando apoyo en las encuestas, lo que sugiere que podría volver a ser una fuerza determinante en futuras elecciones, además de la principal fuerza de oposición. Sin embargo, la falta de aliados políticos ha sido su mayor obstáculo para acceder al poder.

Un proceso de negociaciones marcado por tensiones

Las negociaciones para formar Gobierno han sido complicadas y estuvieron a punto de fracasar en enero, lo que llevó a la dimisión del entonces líder conservador y canciller en funciones, Karl Nehammer. Nehammer había mantenido una postura firme de no pactar con la ultraderecha, a la que calificó de "radicalizada, prorrusa y euroescéptica".

Su sucesor, Christian Stocker, inicialmente abrió la posibilidad de negociar con el FPÖ, pero los intentos de alianza fracasaron cuando el partido de Kickl exigió el control de las principales carteras ministeriales, incluyendo la agenda europea, algo que el ÖVP consideró inaceptable.

Ante el estancamiento político, el presidente de Austria, Alexander Van der Bellen, intervino convocando a los líderes de los partidos para buscar una solución. En un mensaje televisado, instó a la responsabilidad política y enfatizó la urgencia de alcanzar acuerdos ante el complejo panorama internacional.

“La negociación no es una lucha con ganadores y perdedores”, declaró Van der Bellen, quien subrayó la necesidad de ofrecer estabilidad al país en un momento en que Europa enfrenta desafíos económicos y políticos significativos.

El acuerdo alcanzado aún debe ser ratificado por los comités internos de los tres partidos y aprobado por sus bases durante este fin de semana. Se espera que el nuevo gobierno asuma formalmente sus funciones el próximo lunes.

Con este pacto, Austria logra salir de su prolongado estancamiento político y evita unas elecciones anticipadas que podrían haber favorecido nuevamente a la ultraderecha. Sin embargo, el nuevo tripartito enfrenta el desafío de gobernar un país polarizado, con una oposición fuerte y una economía en recesión que exige respuestas inmediatas. @mundiario

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