Así es la Groenlandia que ambiciona Donald Trump

Se trata de un país, convertido en un gigante helado, que atesora una historia fascinante. Hay recursos naturales y geopolítica en juego.
Vistas de Nuuk, la capital de Groenlandia. / Wikipedia
Vistas de Nuuk, la capital de Groenlandia. / Wikipedia

Groenlandia, conocida como Kalaallit Nunaat en groenlandés (tierra de los Kalaallit) y Grønland en danés (tierra verde), es mucho más que una vasta extensión helada situada entre el Atlántico y el Ártico. Políticamente, es una nación constituyente del Reino de Dinamarca, pero su geografía, historia y recursos la convierten en un lugar de interés estratégico en la arena internacional. Ahora el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, vuelve a poner Groenlandia en el centro de atención global con su insistente interés en adquirirla, lo que desata tanto polémica como preguntas sobre el futuro de esta isla única en el planeta.

Con una superficie de 2,1 millones de kilómetros cuadrados –más de cuatro veces España– y 56.865 habitantes en 2023, Groenlandia ostenta el título de la isla más grande del mundo si se considera Australia como un continente. Aunque la mayor parte de su territorio está cubierta por una capa de hielo, su costa occidental alberga pequeñas comunidades que han desarrollado un vínculo especial con su entorno. Nuuk, la capital, es una ciudad pintoresca donde el colorido de las casas contrasta con el imponente telón de montañas nevadas y fiordos. Tierra verde solo lo es en verano, el resto del año es tierra blanca.

La historia de Groenlandia es rica y compleja. Fue habitada por pueblos amerindios desde el tercer milenio antes de Cristo, y más tarde, en el año 986, fue colonizada por vikingos provenientes de Islandia. En el siglo XIII, los groenlandeses aceptaron la soberanía noruega, y tras varios siglos de aislamiento y decadencia, Dinamarca consolidó su control en el siglo XVIII. Desde 1953, Groenlandia es parte integral del Reino de Dinamarca, aunque con un alto grado de autonomía desde 1979. En 2009, la isla obtuvo competencias ampliadas, dejando a Dinamarca el control de asuntos exteriores, seguridad y política monetaria.

Groenlandia, entre América y Europa. / Google Maps.
Groenlandia, entre América y Europa. / Google Maps.

Recursos y geopolítica en juego

Groenlandia no es solo un bastión de hielo; es un territorio rico en recursos naturales como minerales raros, petróleo y gas natural, cuya explotación se ve facilitada por el deshielo provocado por el cambio climático, aunque actualmente tiene paralizada la extracción de petróleo. Además, su ubicación estratégica en el Ártico la convierte en un punto clave para responder a las crecientes ambiciones de Rusia y China en la región. Estas características han hecho que la isla sea objeto de interés no solo para Dinamarca, sino también para potencias como Estados Unidos.

Trump ya mostró interés en comprar Groenlandia en 2019, una propuesta que entonces fue descartada como absurda por el Gobierno danés. Sin embargo, su insistencia reciente y el poder político que ostenta tras su victoria electoral en 2024 han reavivado las especulaciones. En sus declaraciones, Trump ha argumentado que Groenlandia sería un activo crucial para garantizar la "seguridad económica" de Estados Unidos y ha asegurado que sus habitantes se beneficiarían enormemente al integrarse en la nación norteamericana.

Una reacción internacional dividida

Las reacciones a los comentarios de Trump no se han hecho esperar. Mette Frederiksen reiteró que Groenlandia no está a la venta y enfatizó que el futuro de la isla debe ser decidido por sus habitantes. "Necesitamos una cooperación más estrecha con Estados Unidos, pero también debemos respetar que Groenlandia es el hogar de un pueblo con su propio territorio", señaló la primera ministra.

Mientras tanto, el gobierno autónomo de Groenlandia, liderado por el primer ministro Múte B. Egede, ha mantenido una posición neutral, destacando que la visita reciente de Donald Trump Jr. a Nuuk no es oficial. Sin embargo, las tensiones entre Groenlandia y Dinamarca, derivadas de acusaciones de abandono por parte de Copenhague, podrían complicar las discusiones sobre la soberanía de la isla.

Por otro lado, Canadá también se ha visto envuelto en la retórica expansionista de Trump. El presidente electo ha cuestionado la validez de la frontera entre ambos países, insinuando que Canadá debería ser un estado de Estados Unidos. La ministra canadiense de Asuntos Exteriores, Melanie Joly, respondió con firmeza, asegurando que su país no cederá ante amenazas.

¿Un futuro bajo la bandera estadounidense?

Aunque la propuesta de adquirir Groenlandia puede parecer descabellada, no es la primera vez que Estados Unidos ha intentado ampliar su territorio de esta manera. En 1867, el país compró Alaska a Rusia, y durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estableció bases militares en Groenlandia, un recordatorio de la importancia estratégica de la isla.

Sin embargo, la situación actual es diferente. Groenlandia es una nación con autonomía creciente y una identidad cultural única. Sus habitantes, los Kalaallit, han demostrado interés en reforzar su independencia, aunque su economía depende en gran medida del subsidio anual que reciben de Dinamarca.

La adquisición de Groenlandia por parte de Estados Unidos no solo enfrentaría obstáculos políticos y legales, sino que también requeriría el consentimiento de los groenlandeses, algo que parece improbable dada la resistencia mostrada hasta ahora.

Una nueva era en el Ártico

El interés renovado de Trump por Groenlandia pone de manifiesto la creciente importancia del Ártico en el panorama geopolítico global. A medida que el cambio climático transforma esta región, las potencias mundiales compiten por asegurarse una posición en este nuevo tablero de juego. Groenlandia, con su riqueza natural y ubicación estratégica, seguirá siendo un actor clave en estas dinámicas.

Por ahora, los groenlandeses mantienen su autonomía y su destino en sus propias manos, mientras el mundo observa con atención cómo se desarrollan los próximos movimientos de este juego de poder en el extremo norte del planeta. @mundiario

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