Armenia y Azerbaiyán cierran un acuerdo histórico que zanja el conflicto del Nagorno-Karabaj
Armenia y Azerbaiyán han alcanzado un acuerdo sobre el tratado de paz que pondrá fin a más de tres décadas de enfrentamientos y permitirá el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. Según informaron los ministerios de Exteriores de ambas naciones, las negociaciones sobre el borrador del Acuerdo de Paz y Establecimiento de Relaciones Interestatales han concluido con éxito, aunque todavía no se ha anunciado la fecha de firma oficial.
Este pacto representa un paso crucial en la normalización de relaciones entre los dos países, cuyas fronteras permanecen cerradas desde la independencia de la Unión Soviética. Durante más de 30 años, Armenia y Azerbaiyán se han enfrentado en conflictos abiertos y escaramuzas intermitentes, especialmente por la disputa territorial en Nagorno Karabaj, un enclave de mayoría armenia dentro de Azerbaiyán que gozó de un Gobierno propio bajo la figura de la República independiente de Artsaj, no reconocida internacionalmente, hasta su disolución el 1 de enero de 2024 como exigencia para alcanzar un alto el fuego en la región.
El conflicto entre ambas naciones ha dejado más de 40.000 muertos desde 1991, con dos guerras a gran escala entre 1991-1994 y 2020. En 2023, Azerbaiyán lanzó una ofensiva militar definitiva sobre Nagorno Karabaj, provocando el éxodo de más de 100.000 armenios que vivían en la región. En inferioridad militar, el Gobierno armenio propuso la apertura de negociaciones de paz, lo que ha desembocado en el acuerdo alcanzado ahora.
Uno de los puntos clave del pacto es la exigencia de Azerbaiyán de que Armenia modifique su Constitución para eliminar cualquier referencia territorial sobre su territorio. Aunque la Carta Magna armenia no menciona expresamente a Nagorno Karabaj, su preámbulo sí hace referencia a la Declaración de Independencia, que reivindica la anexión del territorio.
El primer ministro armenio, Nikol Pashinián, ya había planteado la necesidad de una nueva Constitución y ha reconocido que su redacción será clave para la estabilidad regional en el Cáucaso, la conflictiva frontera entre Europa y Asia en la que convive un crisol de etnias y religiones. Sin embargo, la oposición armenia se ha mostrado tajante en su rechazo a cualquier reforma que considere una concesión excesiva a Bakú, acusando al Ejecutivo de “ceder ante las presiones azerbaiyanas”.
Presos políticos y el futuro de Najicheván
El tratado también contempla la disolución del Grupo de Minsk, una estructura creada por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en 1992 y copresidida por Rusia, EE UU y Francia, cuya finalidad era encontrar una solución pacífica al conflicto de Nagorno Karabaj. Sin embargo, a lo largo de los años, el grupo no logró avances significativos y ahora será eliminado como parte del proceso de normalización.
Además, según el ministro de Exteriores armenio, Ararat Mirzoyán, las conversaciones incluyeron la renuncia de ambos países a presentar demandas contra el otro en tribunales internacionales y la exclusión de fuerzas extranjeras en la frontera común. Esto último implicaría la retirada de la misión de observación de la Unión Europea desplegada en territorio armenio, una presencia que ha sido duramente criticada por Bakú.
A pesar del avance diplomático, persisten temas sensibles sin resolver. Actualmente, Azerbaiyán mantiene bajo detención a al menos 23 ciudadanos armenios, entre ellos ocho altos cargos políticos y militares de la extinta administración de Nagorno Karabaj. Uno de los detenidos más notorios es el ex primer ministro Ruben Vardanián, quien protagonizó una huelga de hambre de 23 días en protesta por lo que considera una “farsa electoral”.
El Parlamento Europeo ha exigido la liberación inmediata de estos prisioneros y ha calificado los procedimientos judiciales en Azerbaiyán como reminiscencias de los “juicios de la era estalinista”. Sin embargo, Bakú no ha mostrado intención de ceder en este punto.
Otro de los asuntos clave del acuerdo ha sido la negativa de Ereván a conceder un corredor territorial a Azerbaiyán a través de su región sur para conectar el territorio azerbaiyano con el exclave de Najicheván. Aunque Bakú lo había exigido como parte del tratado de paz, finalmente el documento no incluirá esta concesión.
¿Un acuerdo duradero?
Este pacto representa un hito en la historia del Cáucaso Sur, aunque su implementación y efectividad dependerán de la voluntad política de ambas partes. Con una oposición armenia dispuesta a desafiar cualquier concesión y la presión internacional sobre Azerbaiyán para liberar a los prisioneros políticos, la estabilidad de la región sigue siendo incierta.
El acuerdo marca el final de un capítulo de violencia y tensiones, pero aún quedan muchos desafíos por delante para garantizar una paz duradera entre Armenia y Azerbaiyán. @mundiario