Argelia eleva el pulso con Francia y declara “crimen de Estado” la colonización de 130 años
La decisión de Argelia de declarar “crimen de Estado” la colonización ejercida por Francia entre 1830 y 1962 llega tras meses de deterioro de las relaciones bilaterales y en un momento en el que la memoria colonial vuelve a ocupar un lugar central en la política exterior del país magrebí, en medio de la grave crisis diplomática con París. Argel no está dispuesto a pasar página sin un reconocimiento explícito de responsabilidades por parte de su antigua metrópoli.
La ley aprobada establece que el Estado francés debe asumir las consecuencias de su pasado colonial, al que atribuye matanzas, torturas, discriminación racial, saqueo económico y daños medioambientales, incluidos los derivados de las pruebas nucleares realizadas en el Sáhara. Desde un punto de vista jurídico internacional, su alcance es limitado: difícilmente puede traducirse en indemnizaciones exigibles fuera de Argelia. Sin embargo, su fuerza reside en el plano político y simbólico, tanto hacia el exterior como hacia la opinión pública interna.
Para el Gobierno argelino, la norma refuerza un relato nacional que apela a la soberanía y la memoria histórica, un pilar fundamental de la legitimidad del Estado desde la independencia. También sirve como instrumento de presión diplomática sobre Francia en un momento de fuerte desencuentro, agravado por el apoyo de París al plan de soberanía marroquí para el Sáhara Occidental, una línea roja para Argel, histórico valedor del Frente Polisario.
La reacción francesa ha sido contenida, cuando no distante. París ha evitado comentar en profundidad una iniciativa, pero lo justificó como parte del debate político interno argelino. Esta prudencia no es nueva. Aunque Emmanuel Macron llegó a calificar en 2017 la colonización de Argelia como “un crimen contra la humanidad”, su presidencia ha oscilado entre gestos simbólicos y la negativa explícita a pedir perdón o asumir reparaciones.
La crisis diplomática entre Argelia y Francia
La brecha entre ambos países no se explica solo por el pasado colonial. Casos recientes como la condena del escritor Boualem Sansal o del periodista Christophe Gleizes han añadido una dimensión de derechos humanos y libertades públicas al conflicto diplomático. En Francia, estos episodios se interpretan como señales preocupantes sobre el uso político de la justicia.
La ley sobre la colonización se inserta así en una espiral de desconfianza mutua. La nueva legislación establece penas de hasta cinco años de cárcel, privación de derechos civiles y políticos y altas multas para quien “promueva” la colonización o niegue su carácter delictivo.
Desde una perspectiva más amplia, la iniciativa argelina plantea un debate que trasciende la relación bilateral. ¿Dónde termina la memoria y empieza la instrumentalización política del pasado? Argelia intenta internacionalizar la cuestión de los crímenes coloniales y vincularla al marco de los crímenes de lesa humanidad, un objetivo ambicioso que choca con la resistencia de los Estados europeos a reabrir capítulos cerrados en términos jurídicos.
En última instancia, la declaración de la colonización como “crimen de Estado” refleja tanto una herida histórica no cicatrizada como una estrategia política contemporánea. Para Argelia, es un acto de afirmación soberana; para Francia, un recordatorio incómodo de un pasado que sigue condicionando el presente. La reconciliación, si llega, difícilmente vendrá solo de leyes o declaraciones solemnes, sino de una voluntad política sostenida que hoy, a la vista de los acontecimientos, parece lejana. @mundiario