Los aliados de EE UU rechazan participar en el bloqueo de Trump sobre los puertos de Irán

El presidente republicano asegura que Teherán busca un acuerdo “a toda costa”, mientras España, el Reino Unido y otros países europeos evitan participar en el cerco estadounidense sobre el estrecho de Ormuz.
El presidente de EE UU Donald Trump y el primer ministro del Reino Unido Keir Starmer. / Downing Street
El presidente de EE UU Donald Trump y el primer ministro del Reino Unido Keir Starmer. / Downing Street

La crisis en torno al estrecho de Ormuz no solo redefine el equilibrio en Oriente Próximo, sino que también expone tensiones profundas entre EE UU y sus principales aliados. La decisión de Washington de avanzar con un bloqueo sobre los puertos iraníes, tras el fracaso de las negociaciones, ha sido recibida con un rechazo claro por parte de Europa y varios miembros de la OTAN, que se distancian de una estrategia que consideran arriesgada tanto desde el punto de vista legal como económico.

El movimiento estadounidense, impulsado por el presidente Donald Trump, se presenta como una respuesta directa al control que Irán ha ejercido sobre el tránsito marítimo en una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Sin embargo, lejos de consolidar un frente común occidental, la medida ha destacado por su falta de consenso y unilateralidad.

El anuncio de Washington de imponer un bloqueo selectivo a los puertos iraníes —limitado finalmente a buques con origen o destino en Irán— no logra sumar apoyos clave. Aliados tradicionales como el Reino Unido y Francia han rechazado participar en la operación, optando por una estrategia alternativa centrada en la reapertura del estrecho mediante mecanismos diplomáticos.

“No apoyamos el bloqueo”, afirmó el primer ministro británico Keir Starmer. “Mi decisión ha sido muy clara: no nos vamos a dejar arrastrar. No responde a nuestro interés nacional”.

Esta postura refleja una doble preocupación: por un lado, la legalidad de una operación de estas características sin un mandato internacional claro; por otro, el impacto económico que podría derivarse de una escalada militar en la zona. El estrecho de Ormuz canaliza aproximadamente el 20% del petróleo mundial, lo que convierte cualquier interrupción en un factor de presión directa sobre los precios energéticos y la inflación global.

España y Europa: rechazo frontal y apuesta diplomática

España ha sido uno de los países más contundentes en su crítica. La ministra de Defensa, Margarita Robles, calificó la iniciativa como parte de una deriva preocupante: “Desde que empezó esta guerra todo es un sinsentido (...) y esto pues es un episodio más de toda esa deriva”.

Más allá del rechazo político, la posición europea converge en una alternativa: una misión internacional de carácter defensivo que garantice la seguridad del tránsito marítimo, pero solo una vez finalicen las hostilidades. Francia y Reino Unido trabajan ya en una mesa de trabajo con cerca de 30 países para diseñar este dispositivo.

El objetivo es separar la protección del comercio global de la lógica bélica. “Todo el esfuerzo —diplomático, político y de capacidades— está centrado en lograr que el estrecho esté completamente abierto”, se ha subrayado desde Londres.

El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció este lunes a través de la red social X que Francia, junto al Reino Unido y otras naciones, organizará una conferencia para conformar una misión multinacional destinada a normalizar el tránsito en el estrecho. Macron detalló que “esta misión, de carácter estrictamente defensivo y diferenciada de los beligerantes, se desplegará en cuanto la situación lo permita”.

Por su parte, Starmer explicó ante el Parlamento británico que la iniciativa busca fijar reglas de tránsito seguro y coordinar la escolta militar de petroleros. “Quiero ser muy claro: se trata de salvaguardar el transporte marítimo y apoyar la libertad de navegación una vez que finalice el conflicto. Nuestro objetivo común aquí es un plan multinacional, coordinado e independiente”, puntualizó Starmer.

Trump endurece el discurso, pero abre la puerta al acuerdo

En paralelo al rechazo aliado, Donald Trump ha mantenido una retórica firme. Ha advertido de que cualquier buque iraní que amenace el bloqueo será “eliminado de inmediato”, elevando el tono en un momento de máxima tensión.

Sin embargo, el propio presidente estadounidense ha introducido un matiz relevante al asegurar que Irán quiere negociar. Según sus palabras, Teherán busca “a toda costa” un acuerdo, aunque no ha aportado detalles que respalden esta afirmación.

Esta aparente contradicción —presión militar combinada con una ventana diplomática— refleja la complejidad del escenario. Por un lado, Washington intenta forzar concesiones estratégicas, especialmente en materia nuclear y de control del estrecho. Por otro, necesita evitar una escalada que agrave aún más la crisis energética global.

Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, Irán ha utilizado el estrecho de Ormuz como su principal herramienta de presión, limitando el paso de buques y planteando incluso la posibilidad de imponer peajes. Esta estrategia ha tenido efectos inmediatos en los mercados, con subidas del petróleo y tensiones en el suministro de materias primas clave.

El bloqueo estadounidense busca revertir esa situación privando a Teherán de ingresos y debilitando su capacidad de influencia. Pero los expertos advierten que su aplicación práctica es compleja y arriesgada, especialmente si implica abordajes o uso de la fuerza en una vía marítima tan transitada. @mundiario

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