Alex Saab sale del gabinete: ¿la primera gran purga de Delcy Rodríguez?
La Venezuela que intenta reorganizar Delcy Rodríguez tras la captura de Nicolás Maduro ya no se sostiene sobre los mismos equilibrios. En un movimiento tan simbólico como político, la presidenta encargada ha decidido apartar de su gabinete a Alex Saab, el empresario colombiano acusado por Estados Unidos de ser el principal testaferro de Nicolás Maduro. La decisión no es un simple cambio administrativo: es una señal hacia dentro y fuera del país de que el poder se está redistribuyendo en un momento de extrema fragilidad.
La salida de Saab ocurre en un contexto excepcional. El chavismo gobierna sin su líder histórico, tras la intervención militar estadounidense del pasado 3 de enero, y busca desesperadamente una mínima estabilidad institucional que le permita sobrevivir. En ese tablero volátil, cada nombre cuenta y cada destitución habla. Y pocas figuras condensaban tanto poder informal, opacidad y simbolismo como Alex Saab.
Durante años, Saab fue mucho más que un empresario cercano al poder. Fue el operador financiero en la sombra, el hombre que sostuvo parte del andamiaje económico del régimen en los peores años de sanciones. Desde los alimentos de los CLAP hasta los complejos intercambios de petróleo por bienes básicos, su huella estuvo presente en las operaciones más sensibles del Estado venezolano. Que ahora sea apartado del gabinete no puede leerse como un gesto menor.
Su ascenso formal al poder, tras ser liberado en un intercambio de prisioneros con Washington en 2023, ya había sido interpretado como una provocación. Su caída, en cambio, parece una concesión calculada. Delcy Rodríguez no lo dice abiertamente, pero el mensaje es claro: el chavismo necesita oxígeno internacional y Saab es un lastre demasiado pesado.
El fin del intocable
Alex Saab había logrado lo que pocos: pasar de las sombras al despacho ministerial sin rendir cuentas. Acusado de lavado de dinero y sancionado por el Departamento del Tesoro, se convirtió tras su regreso a Caracas en ministro de Industrias y Producción Nacional, un cargo que le daba control político sobre lo que siempre había manejado como negocio.
Su destitución rompe con esa lógica de impunidad. Aunque Rodríguez ha asegurado que asumirá “nuevas responsabilidades”, la realidad es que Saab desaparece del centro del poder formal. El ministerio que dirigía fue diluido, fusionado con Comercio, y quedó en manos de un militar de bajo perfil. En el lenguaje del chavismo, eso equivale a una degradación.
Un gesto hacia Washington
El alejamiento de Saab coincide con los esfuerzos de Delcy Rodríguez por estabilizar una relación mínima con Estados Unidos. La nueva etapa exige gestos. Y pocos nombres resultan tan irritantes para Washington como el del empresario colombiano, convertido en símbolo de la corrupción chavista y de la evasión de sanciones.
Apartarlo del gabinete no borra su historial, pero permite a Rodríguez construir un relato: el de una administración que, obligada por las circunstancias, empieza a desprenderse de sus figuras más tóxicas. No es una ruptura con el pasado, pero sí un intento de distanciamiento estratégico.
El chavismo sin Maduro
La salida de Saab también revela algo más profundo: el chavismo ya no es una pirámide, sino una mesa inestable de tres patas. Delcy Rodríguez gobierna junto a su hermano Jorge y a Diosdado Cabello, mientras los militares conservan poder pero menos protagonismo político. En ese nuevo reparto, Saab no encajaba.
Su cercanía con figuras hoy caídas en desgracia, como Tareck El Aissami, lo convirtió en un recordatorio incómodo de los excesos recientes. En una etapa de repliegue, Rodríguez parece apostar por perfiles más disciplinados y menos visibles, incluso si están igualmente sancionados. @mundiario


