Abelardo de la Espriella, el enigma que fractura a la derecha colombiana de cara a las elecciones
La derecha colombiana llega a la antesala de la campaña presidencial atravesada por una de sus mayores tensiones internas en décadas. En este escenario, el abogado penalista Abelardo de la Espriella, sin experiencia electoral previa, ha emergido como un candidato inesperadamente competitivo. En las últimas encuestas —14 % en el CNC y 18 % en Invamer— se ubica muy por encima del resto de aspirantes conservadores, cuyo techo no supera el 4 %.
Su crecimiento resalta aún más frente a la fortaleza de Iván Cepeda, candidato de izquierda bajo el paraguas del Pacto Histórico que llevó a Gustavo Petro al poder, que lidera ampliamente los sondeos. Pero, lejos de convertirse en un factor de cohesión, De La Espriella ha detonado una pugna interna sobre quién debe encarnar el proyecto antipetrismo en 2026.
La fractura tiene un elemento crucial: mientras De La Espriella casi triplica en apoyo a todos sus competidores de la derecha, también arrastra controversias que preocupan a sectores del conservadurismo tradicional, desde sus métodos populistas, ideología de ultraderecha o su papel como abogado de personajes involucrados en escándalos financieros.
El expresidente Álvaro Uribe —figura central en la reorganización del bloque opositor— ha enviado señales ambiguas. Aunque abrió la puerta a una “coalición amplia” que incluya a De La Espriella, también insiste en culminar primero el proceso interno a través de una encuesta para seleccionar al candidato de su partido, el Centro Democrático. Esto implica que, por ahora, el nombre del abogado no está asegurado como carta definitiva del uribismo.
Las senadoras María Fernanda Cabal y Paola Holguín están dispuestas a medirse en una consulta con él. Sin embargo, la también senadora Paloma Valencia, más moderada, prefiere un marco de alianzas que no dependa únicamente del ascenso del abogado. El otro aspirante a ser el elegido del exmandatario, Miguel Uribe Londoño (padre del senador asesinado en junio), fue apartado por la cúpula del Centro Democrático toda vez que comunicó a De La Espriella su apoyo.
A este panorama se suma la presión de los partidos tradicionales: sectores liberales y conservadores han comenzado a alinearse con De La Espriella, considerándolo la única figura con músculo para competir contra Cepeda. Otros, sin embargo, consideran que su liderazgo podría convertirse en un factor de polarización que termine debilitando al bloque opositor en una eventual segunda vuelta.
Las resistencias: el bloque anti-Abelardo toma forma
En paralelo, un grupo diverso de líderes de centroderecha y derecha —incluidos Juan Manuel Galán, Mauricio Cárdenas, David Luna, Juan David Oviedo y Vicky Dávila— rechazan frontalmente su liderazgo. Sus objeciones van desde su perfil de ultraderecha hasta la falta de experiencia estatal o su gestión de campaña.
Este sector —según las encuestas, muy débil en intención de voto— busca consolidar una coalición alternativa que les permita resistir el empuje del abogado. Su apuesta se sostiene en un nombre: el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo, quien aparece en los sondeos con un nada desdeñable 8,5 % y es visto como la única figura capaz de equilibrar el escenario. El también exgobernador de Antioquia, sin embargo, insiste en competir solo en primera vuelta con su partido Dignidad y Compromiso.
La fragmentación de este bloque deja claro que, aunque comparten el rechazo a De La Espriella, aún no han logrado articular una opción que pueda disputar el liderazgo dentro de la derecha.
El dilema de las coaliciones: unidad o supervivencia electoral
El debate de fondo que atraviesa a la derecha colombiana es estratégico. Para algunos, apoyar a De La Espriella es un riesgo que podría asegurar la derrota frente a Cepeda, como indican los escenarios de segunda vuelta de Invamer (59,1% para la izquierda frente a 36,2% de la derecha). Pero los sectores más vinculados a partidos tradicionales temen que no respaldarlo equivaldría a ignorar la realidad de las encuestas y perder la oportunidad de capitalizar su impulso mediático y de opinión.
La propuesta del abogado de realizar una encuesta en diciembre para depurar candidaturas fue recibida con frialdad por aspirantes que saben que saldrían mal librados. A esto se suman los plazos legales: los partidos tienen hasta el 8 de diciembre para anunciar coaliciones interpartidistas, pero las decisiones clave no se tomarán hasta febrero de 2026. El tiempo, por ahora, juega en contra de la unidad.
Un tablero político reconfigurado
La candidatura de Abelardo de la Espriella no solo ha alterado la jerarquía interna de la derecha colombiana: ha puesto en evidencia la falta de cohesión estratégica, la debilidad de las estructuras tradicionales y la dificultad para articular un discurso común frente al proyecto de la izquierda.
Dado su crecimiento y polarización, su figura se ha convertido en el epicentro del debate sobre qué tipo de oposición quiere —o puede— presentar la derecha en 2026. Mientras tanto, Iván Cepeda avanza con comodidad, beneficiándose de una división que parece profundizarse cada semana.
La pregunta que marcará los próximos meses es: ¿irá la derecha colombiana unida a las urnas o llegará fragmentada en múltiples candidaturas que faciliten el avance del proyecto progresista? Por ahora, la irrupción de De La Espriella ha abierto un melón que nadie sabe cómo cerrar. Y cuyo desenlace definirá el futuro político inmediato del país.