¡Quién se lo iba a decir a Fuentes Quintana!

El autor coruñés Manuel Rivas escribe en su última novela que Cristo puede ser cualquiera, pero que
¡Quién se lo iba a decir a Fuentes Quintana!

El autor coruñés Manuel Rivas escribe en su última novela que Cristo puede ser cualquiera, pero que no tenga tocino. Un buen Cristo no tiene tocino, es todo fibra. Caja también puede ser cualquiera, pero que no tenga tocino. Por eso ahora a muchas entidades de ahorro no les dejan ser cajas, porque tienen tocino. Como dicen que la cosa no da, ni para cirugía ni para hacer cinta en un zona-fit, a este paso va a ser más difícil encontrar una caja que un marinero dispuesto a hacer de Cristo el día de la Pasión en la novela de Manolo Rivas. Pero bueno, ya veremos qué sucede cuando lleguemos a Viernes Santo. Será quizá un buen momento para auscultar la paletilla de las cajas. Y más les vale que ya la tengan levantada, porque al ritmo que vamos, nadie querrá levantársela.

La boca de las cajas tampoco es para hablar. Del mismo modo que en la novela Todo é silencio, es para callar. Todos hablan de las cajas pero ellas parecen aldeas desiertas en las que solo habla el viento. ¡Quién se lo iba a decir al profesor Fuentes Quintana, el padre de las cajas modernas! Bastaría su vozarrón para hacerles correr a todos despavoridos…

El dogma eterno, el del dinero, ha dictado sentencia: las cajas de ahorros serán bancos. Como debe ser, con accionistas, para que el capitalismo tenga más cosas con las que jugar y entretenerse. En un abrir y cerrar de ojos, hemos pasado de refundar el capitalismo que trajo la crisis a darle aún más instrumentos, para que la siguiente crisis sea todavía más grande y global. La historia ha querido que la izquierda trabaje para la derecha neoliberal y que, lejos de ser premiada por ello, encima sea abofeteada. Las cajas solo son una metáfora de la crisis, un pretexto más para darle de comer a los dichosos mercados. Seguro que ya hay analistas pensando qué les darán la próxima vez. Quizá las cartillas de las abuelas.

Si nos dejamos, en Galicia también nos quieren dejar sin cajas. Bueno, puede que nos quede la Caja Rural de Lugo, que como nadie habla de ella, a lo mejor no se dan cuenta de que existe. Como Teruel. Será nuestra reserva financiera y una buena manera para los de Lugo de taparle la boca a los de A Coruña y Vigo. Con lo que habrá que tener cuidado es con los cuadros. Al menos que no nos lleven las obras de Castelao…

Galicia se dejó llevar Fenosa justo cuando nos devolvieron la Xunta, allá por los ochenta. Los de Madrid saben bien lo que hacen. Como mucho pactan con los catalanes y los vascos, de ahí que tuviese fácil encaje el posterior cambio de cromos con Fenosa, que ahora es catalana. Los gallegos somos simpáticos y riquiños. Y muy trabajadores. También hospitalarios. Por eso vienen tanto a Sanjenjo… a comer su marisquito.

Y eso que tenemos dinero, porque aquí otra cosa no habrá pero dinero cash casi nos sobra. ¿Será entonces que nos falta poder? ¿Acaso políticos con mayúsculas? ¿O será que nos sentimos un país pero no queremos ser lo que realmente sentimos? Deberíamos hacérnoslo ver. ¿O no?, como seguramente remataría Rafael Cuiña.

¡Quién se lo iba a decir a Fuentes Quintana!
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