Piquetes y periódicos en Galicia

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Piquetes y periódicos en Galicia

Hubo huelga contra los recortes laborales que aplica un Gobierno obligado a ello por los mercados financieros. Y hubo más huelga de la esperada, aunque cayó el consumo eléctrico menos que en el paro de 2002 contra Aznar. El Ejecutivo de Zapatero habló de tranquilidad –curioso– y no entró al trapo de los sindicatos, que cifran la participación en el 70%. Otra cosa es que ahora la huelga tenga éxito en el Congreso, que es donde se hacen las leyes que aprietan a los trabajadores y satisfacen a los especuladores. Así funciona ahora la democracia en España.

En Galicia, más de lo mismo, con el añadido del activo papel de la CIG, que demostró su poderío, sobre todo en Vigo. Y algo también muy curioso: los sindicatos decidieron favorecer la salida de la prensa gallega de derechas y obstaculizar con sus piquetes que se imprimiera la progresista, por eso ayer no salieron Faro de Vigo, La Opinión y Xornal de Galicia, aunque desde la Redacción de Xornal se hizo el diario con menos periodistas pero como todos los días. Ciertos líderes sindicales de Galicia deberían explicar sus tácticas y sus oscuros pactos. Y cuando menos podrían disculparse. Antón Louro, el delegado del Gobierno en Galicia, también.

EDITORIAL

El delegado del Gobierno y la prensa

La gente seguro que se pregunta cómo pueden ser los sindicatos tan seductores para cerrar El Corte Inglés en A Coruña, por primera vez en la historia de la democracia, o la planta de Citroën, y en cambio no paralizan la rotativa de La Voz de Galicia, cuando en Vigo se permiten el lujo de parar las máquinas que imprimen Faro de Vigo y, por añadidura, La Opinión y Xornal de Galicia. ¿Será que los sindicatos tienen un pacto secreto con La Voz de Galicia y que además le quieren mal al Faro de Vigo o será que el delegado del Gobierno, Antón Louro, sabe bien qué empresas tiene que blindar al 100% y cuáles puede proteger de aquella manera? Claro que hubo piquetes que quisieron entrar en Sabón, porque así lo tenían programado, pero, como dice uno de sus estrategas, ellos no tienen milicias. Deberíamos saber cuanto antes si la Delegación del Gobierno actuó de manera arbitraria o si los sindicatos cayeron en una trampa, víctimas de una estrategia mal coordinada, enfrentándose con Faro de Vigo y rindiéndose ante La Voz de Galicia, como si fueran apéndices de la Xunta, de la caixa de turno o de algún ministro amigo. Por el bien de la democracia, de la confianza en los cuerpos de seguridad y de la libertad de información, alguien debería dar pronto una explicación convincente sobre este asunto tan feo.

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