Un nuevo himno para Galicia
Ya que estamos en un periodo en el que parece de buen gusto revisar el pasado histórico, la estructura nacional e
Ya que estamos en un periodo en el que parece de buen gusto revisar el pasado histórico, la estructura nacional e incluso los símbolos más antiguos, y en vista que un sector de la sociedad española -y no solo de la sociedad española, sino incluso de El Mundo (nótese el fino juego de palabras)- no está a gusto con el actual himno gallego, ora con la solemne partitura de Pascual Veiga, ora con el poema de Pondal, creo que es el momento oportuno de proponer un cambio en la Lei de Símbolos de Galicia para adoptar para esta nuestra Galicia un nuevo himno más vigoroso y acorde con los tiempos que corren.
Debemos buscar una música y letra que nos proyecten más allá de nuestras fronteras (a la sazón: por el norte, la inexistente autopista del Cantábrico, por el oeste, un puñado de micropuertos exteriores, por el este, las sempiternas obras del AVE, y por el sur... menos mal que nos queda Portugal), una música y letra que recojan nuestro bienamado vil-linguismo armónico y que haga referencia briosa a nuestro patrimonio más enxebre y nuestros más arraigados valores.
Y esa no es otra que "MIÑA TERRA GALEGA", de Siniestro Total. Música de amplia proyección internacional (compuesta por un sureño grupo estadounidense de tan compleja ortografía como Lynyrd Skynyrd), que respeta perfectamente las proporciones gallego-castellano que tanto gustan a los conservadores de este nuestro país (el título está en vernáculo, el resto en el idoma patrio), que recoge valores históricos muy arraigados incluso en nuestro pasado más reciente (A una isla del caribe* / he tenido que emigrar / y trabajar de camarero / lejos, lejos de mi hogar) y ensalza nuestro más glorioso patrimonio (las zanfoñas de Ortigueira / los kafkianos de Jaján / la Liga Armada Galega / y el Pazo de Meirás).
Y ¡ojo! porque, además, adoptando este himno que cataloga con tanto ritmo el patrimonio gallego, a ver con qué argumentos puede oponerse la familia Franco a la cesión del susodicho pazo de Meirás, ilustre propiedad que fue marco incomparable de esa leyenda urbana sobre el jardinero del generalísimo.
Cuentan que este humilde campesino saludaba cortesmente a Francisco Franco diciendo: "Buenos días, don Claudio". Durante todas las mañanas del mes de agosto, cuando Franco se cruzaba con el jardinero, éste le espetaba: "Buenos días, don Claudio". Hasta que el dictador, extrañado, le preguntó: "Pero vamos a ver, hombre, ¿Por qué me llamas don Claudio?". A lo que el jardinero contestó: "Es que yo no tengo confianza para llamarle claudillo... de España".
Un himno como el de Siniestro Total, sin embargo, sí daría confianza a la conselleira Ánxela Bugallo para tratar de "claudilla" a la heredera de Franco y lograr que, ya que no invitan ni a un cafetito, al menos le abran las puertas, como hacen con don Ramón Rodríguez Ares, ex alcalde de Sada. Moncho es mucho. Moncho es demasiao. Qué bien sabe valorar la importancia de que un emplazamiento histórico permanezca en manos privadas. ¡Qué harían esos hippies del Bloque si profanasen el lugar! ¡Qué sería de esa "bellísima obra de arte", como llama Moncho al escudo franquista de granito que alberga el pazo! Obra de arte, por otro lado, que debe ser invisible, ya que Moncho jura y perjura que el enclave no contiene nada de valor histórico o artístico y que, como mucho, despertaría el interés de los fans del glorioso caudillo (del resto de ellos, se entiende). Porque fans de doña Emilia Pardo Bazán, la que reconstruyó y habitó el pazo, por descontado, no puede haber. A poco que uno vea el inabarcable tamaño de esa novela que escribió, esa de "Los Pazos de Ulloa", ¡Sin dibujos, ni nada! ¡Todo letra! Quien se va a leer eso. Cómo van a existir admiradores de esa feminista libertina.
En fin, que ahora que parece que Don Emilio (Pérez Touriño, no Pardo Bazán) y el señor Anxo Quintana han limado sus diferencias (que de tan limadas ya deben de tener punta) seguro que alcanzan un acuerdo e incluso logran sumar al consenso al amigo Núñez Feijóo con el propósito de secundar esta humilde propuesta de cambio de himno que tan innegables beneficios tendría para el país (Julián, tío, vamos a medias ¿eh?).
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* Donde dice Caribe, bien podía decir Canarias.
>> Velaivai unha versión alternativa da nova proposta de himno galego:
Debemos buscar una música y letra que nos proyecten más allá de nuestras fronteras (a la sazón: por el norte, la inexistente autopista del Cantábrico, por el oeste, un puñado de micropuertos exteriores, por el este, las sempiternas obras del AVE, y por el sur... menos mal que nos queda Portugal), una música y letra que recojan nuestro bienamado vil-linguismo armónico y que haga referencia briosa a nuestro patrimonio más enxebre y nuestros más arraigados valores.
Y esa no es otra que "MIÑA TERRA GALEGA", de Siniestro Total. Música de amplia proyección internacional (compuesta por un sureño grupo estadounidense de tan compleja ortografía como Lynyrd Skynyrd), que respeta perfectamente las proporciones gallego-castellano que tanto gustan a los conservadores de este nuestro país (el título está en vernáculo, el resto en el idoma patrio), que recoge valores históricos muy arraigados incluso en nuestro pasado más reciente (A una isla del caribe* / he tenido que emigrar / y trabajar de camarero / lejos, lejos de mi hogar) y ensalza nuestro más glorioso patrimonio (las zanfoñas de Ortigueira / los kafkianos de Jaján / la Liga Armada Galega / y el Pazo de Meirás).
Y ¡ojo! porque, además, adoptando este himno que cataloga con tanto ritmo el patrimonio gallego, a ver con qué argumentos puede oponerse la familia Franco a la cesión del susodicho pazo de Meirás, ilustre propiedad que fue marco incomparable de esa leyenda urbana sobre el jardinero del generalísimo.
Cuentan que este humilde campesino saludaba cortesmente a Francisco Franco diciendo: "Buenos días, don Claudio". Durante todas las mañanas del mes de agosto, cuando Franco se cruzaba con el jardinero, éste le espetaba: "Buenos días, don Claudio". Hasta que el dictador, extrañado, le preguntó: "Pero vamos a ver, hombre, ¿Por qué me llamas don Claudio?". A lo que el jardinero contestó: "Es que yo no tengo confianza para llamarle claudillo... de España".
Un himno como el de Siniestro Total, sin embargo, sí daría confianza a la conselleira Ánxela Bugallo para tratar de "claudilla" a la heredera de Franco y lograr que, ya que no invitan ni a un cafetito, al menos le abran las puertas, como hacen con don Ramón Rodríguez Ares, ex alcalde de Sada. Moncho es mucho. Moncho es demasiao. Qué bien sabe valorar la importancia de que un emplazamiento histórico permanezca en manos privadas. ¡Qué harían esos hippies del Bloque si profanasen el lugar! ¡Qué sería de esa "bellísima obra de arte", como llama Moncho al escudo franquista de granito que alberga el pazo! Obra de arte, por otro lado, que debe ser invisible, ya que Moncho jura y perjura que el enclave no contiene nada de valor histórico o artístico y que, como mucho, despertaría el interés de los fans del glorioso caudillo (del resto de ellos, se entiende). Porque fans de doña Emilia Pardo Bazán, la que reconstruyó y habitó el pazo, por descontado, no puede haber. A poco que uno vea el inabarcable tamaño de esa novela que escribió, esa de "Los Pazos de Ulloa", ¡Sin dibujos, ni nada! ¡Todo letra! Quien se va a leer eso. Cómo van a existir admiradores de esa feminista libertina.
En fin, que ahora que parece que Don Emilio (Pérez Touriño, no Pardo Bazán) y el señor Anxo Quintana han limado sus diferencias (que de tan limadas ya deben de tener punta) seguro que alcanzan un acuerdo e incluso logran sumar al consenso al amigo Núñez Feijóo con el propósito de secundar esta humilde propuesta de cambio de himno que tan innegables beneficios tendría para el país (Julián, tío, vamos a medias ¿eh?).
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* Donde dice Caribe, bien podía decir Canarias.
>> Velaivai unha versión alternativa da nova proposta de himno galego: