Crisis y calendario electoral

Algo es algo. Los pronósticos del Gobierno, aunque den lugar a resultados negativos para la economía, empi
Crisis y calendario electoral

Algo es algo. Los pronósticos del Gobierno, aunque den lugar a resultados negativos para la economía, empiezan a cumplirse. Se cumplen a la baja, pero se cumplen. El asunto tiene su importancia porque hasta no hace mucho el Gobierno no era creíble ni siquiera en sus pronósticos, con las lógicas consecuencias para la confianza, que en la economía es un factor clave. Llevamos un año y pico de caída continuada de la actividad económica y ahora sabemos que España tendrá que esperar por lo menos hasta el segundo trimestre del próximo ejercicio para certificar que ha salido de la recesión; es decir, por detrás de los ritmos de recuperación de Francia y Alemania, las dos grandes potencias europeas, a las que España está especialmente anclada desde hace tiempo. Si ello es así, estaríamos en el verano de 2010 y, en consecuencia, el presidente Zapatero tendría casi dos años por delante para lavar su imagen ante las generales de 2012.

En contra de lo que muchos opinan a día de hoy, el PSOE tiene posibilidades para recuperar la confianza, pero aún así lo tiene difícil, ya que el margen de maniobra del Gobierno es cada vez menor por razones presupuestarias que pueden dificultar los necesarios estímulos fiscales que precisa el país para salir a flote. Por si fuera poco, un año antes habrá municipales y autonómicas en una situación todavía delicada, con los contratiempos que siempre entraña el veredicto de lo que pasa en las grandes ciudades. El riesgo no es solo para los alcaldes y presidentes autonómicos socialistas; también existe para los empresarios y trabajadores; sobre todo para estos últimos, ya que la recuperación del empleo en España exige un crecimiento próximo al 3%, que a día de hoy parece estar a años luz. Una cosa es que el país vuelva a crecer y otra muy distinta que sea capaz de recuperar el ritmo de empleo que requiere la España de hoy, socialmente mucho más compleja que la de hace solo cinco años.

Es difícil encontrar precedentes así en la economía española, con caídas generalizadas de los componentes del PIB (demanda interna, bienes de equipo, etcétera) y, lo que impresiona todavía más, con 1,3 millones de parados en un año; de ahí la importancia que tiene ahora, a la vuelta de las vacaciones, que empresarios y sindicatos saquen adelante el pacto social y algún tipo de reforma laboral. Si ésta se produce y el consumo privado empieza a tirar un poco, las cosas pueden mejorar en 2010, pero todo va a depender de cómo cuadre el Gobierno sus propias cuentas: necesita más ingresos para mantener el gasto social, y echando solo mano de los impuestos de las clases medias va a costarle mucho, en todos los sentidos, incluido el electoral. Es lo que hay.

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