Cal y arena de Europa a Gadafi

Ángela Merkel lleva cada vez con más determina- ción el timón económico de Europa, al
Cal y arena de Europa a Gadafi

Ángela Merkel lleva cada vez con más determina- ción el timón económico de Europa, algo que España sabe bien de primera mano, pero sin embargo elude tener un compromiso similar como potencia militar. Alemania busca apoyo para tener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y al mismo tiempo renuncia a ejecutar la resolución 1.973 de ese mismo consejo para poner en su sitio al dictador libio Muamar Gadafi, mediante el establecimiento de una zona de exclusión aérea sobre el país africano. Por una vez que Europa asume en su área de influencia más responsabilidades que EE UU –Francia y Gran Bretaña encabezan las operaciones militares– ha tenido que ser Alemania la que afee la nueva situación creada, a pesar de que la resolución de Naciones Unidas busca la protección de la población civil libia de los ataques indiscriminados de los soldados y mercenarios de Gadafi.

La gravedad de la posición de Berlín apenas se ha hecho notar oficialmente, ya que Nicolas Sarkozy disimuló su contrariedad ante Merkel, pero no así en instancias políticas y mediáticas de las que es un fiel reflejo el editorial del diario Le Monde cuando, en alusión a Alemania, denuncia que la primera potencia económica europea no puede seguir siendo el enano político que fue durante medio siglo, de la caída del nazismo a la del muro de Berlín, sino que debe asumir las responsabilidades a las que se aspira. La situación prueba la lejanía europea de un modelo político similar al de EE UU, ya que Europa no solo no tiene una reserva federal al estilo de la estadounidense, ni un presidente, ni una mínima coherencia diplomática y militar. Tiene lo que tiene y es lo que es.

En este nuevo escenario España sí ha apostado fuerte, en función de su dimensión, al concretar su presencia en la fuerza aliada con el uso de sus bases e incluso de aviones de combate F-18, un avión cisterna, otro de vigilancia marítima, un submarino y una fragata, lo cual supone la posibilidad de afrontar un combate directo. El presidente Zapatero tiene aún pendiente de informar al Congreso de los detalles pero, a primera vista, parece contar con un apoyo casi unánime, lo cual en su caso es doblemente importante, ya que su posición en anteriores conflictos no siempre pareció coherente a los ojos de todos. Pero esta vez da la impresión de que sí, aunque hay excepciones, como las de IU y el BNG, cuyo portavoz en el Congreso, Francisco Jorquera, expresó su rechazo a la intervención en Libia convencido de que operaciones así gangrenan los problemas, como ya sucede en Afganistán e Irak.

De entrada, tras los bombardeos del fin de semana, los aliados dicen que ya tienen establecida una zona de exclusión aérea sobre Libia y que han detenido la ofensiva de Gadafi sobre Bengasi, el feudo de los rebeldes opositores al dictador, si bien todo esto quizá requiere más verificación e incluso más tiempo. En definitiva, la llamada operación Odisea al amanecer solo está enfocada a implementar una resolución de la ONU, que incluye proteger a los civiles pero no derrocar a Gadafi, lo cual es más fácil de decir que de entender.

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