El alemán que me esconde las cosas

"El problema no es saber dónde dejé las llaves, sino que a veces no se para qué sirven las llaves",
El alemán que me esconde las cosas
"El problema no es saber dónde dejé las llaves, sino que a veces no se para qué sirven las llaves", dijo en una ocasión un enfermo de Alzheimer.

La memoria es, precisamente, nuestro más valiosa posesión. Somos nuestra memoria. Sin memoria, no somos nosotros. Somos unos extraños para nosotros mismos.

El próximo día 21 de septiembre se celebra el Día Mundial de los enfermos de Alzheimer. Es curioso, pero hacen falta iniciativas como esta para que nos acordemos de los que pierden la memoria hasta extremos humillantes.

La enfermedad de Alzheimer produce una disminución de las funciones intelectuales lo suficientemente grave como para interferir con la capacidad para realizar actividades de la vida diaria. Es la más común de las demencias. Científicamente, se define como tal. La enfermedad de Alzheimer es progresiva, degenerativa del cerebro y provoca deterioro de memoria, de pensamiento y de conducta. La persona que la padece puede experimentar o sentir confusión, desorientación en tiempo y en espacio, cambios en la personalidad y de conducta, alteraciones en el juicio, dificultad para encontrar palabras; finalizar ideas o pensamientos y para seguir instrucciones. Finalmente incapacita a quien la padece a cuidar de sí mismo.

Hasta hace poco el Alzheimer se consideraba una enfermedad incurable. No había puertas a la esperanza. Pero hoy sí. La investigación con células madre es, por el momento, el único camino que tiene visos de llegar a buen puerto en esta singladura. Los tejidos procedentes de embriones pueden, algún día, frenar el avance de esta enfermedad y devolver la memoria a los pacientes. La memoria. Toda su vida.

Hay un chiste sobre el Alzheimer. Un hombre mayor le pregunta a su hijo: "¿Cómo se llama el alemán ese que me esconde las cosas". Hoy tenemos esperanzas de mandar a tomar por saco a ese maldito alemán. No dejemos pasar esta ocasión.

El alemán que me esconde las cosas