The Office, la serie que reinventó el sentido del ridículo

Banner oficial de The Office. / HBO Max
Banner oficial de The Office. / HBO Max

Ver cómo los empleados de Micahel Scott reaccionan a sus locuras y cómo van accediendo a su amistad, es una obra de arte.

The Office, la serie que reinventó el sentido del ridículo

The Office US es una comedia de situación famosa en todo el mundo por la personalidad de su protagonista, el peor jefe que uno pueda imaginar. ¿O quizá es al contrario? Quizá Michael Scott es el mejor jefe, porque con él las risas están aseguradas y el buen humor es imprescindible para el bienestar de una empresa. 

Uno no sabe cuándo hace las bromas a propósito o cuándo las hace sin querer, pero el ridículo lo hace siempre. De alguna manera, logra decir la frase menos indicada en el momento más inoportuno. Hay situaciones tan incómodas que te hacen llevarte la mano a la frente o mirar para otro lado. Siendo claros, ninguna serie provoca tanta vergüenza ajena como The Office, pero lo digo en el buen sentido.

El ambiente que se respira en las oficinas de Dunder Mifflin es pesimista. Es una empresa intermediaria que vende papel a otras compañías. Una entidad que nadie conoce y a nadie interesa. En los primeros capítulos parece que todos los personajes quieren bajarse de la vida y están a punto de morir de aburrimiento. Pero poco a poco, capítulo a capítulo, todos ellos establecen una relación cada vez más cercana con Michael y hasta acaban encariñándose con él. 

La relación entre Jim y Pam es la más auténtica que se puede ver en una serie de comedia, el personaje de Dwight es simplemente perfecto y las caras que pone Michael cuando no sabe lo que hace son todo un poema. Además, la forma en que está grabada hace que sea un falso “gran hermano”.  

Tú, como espectador, participas en las propias memorias de la oficina, eres cómplice de los secretos de cada uno y conoces todos sus puntos fuertes y sus debilidades. Probablemente la mejor sitcom que existe. @gonzaloaraujofm

The Office, la serie que reinventó el sentido del ridículo
Comentarios