Recordando The Office, un clásico que llega a HBO Max

The Office. / NBC.
The Office. / NBC.

Las travesuras de Michael Scott y sus empleados todavía se sienten distintas al resto de sitcoms debido a la forma en que se narra la historia.

Recordando The Office, un clásico que llega a HBO Max

La versión norteamericana de The Office (y la más conocida) ha llegado a HBO Max el 15 de agosto, atenuando la cadena de bajas que padece el servicio en las últimas semanas. La serie, llamada The Office US, para evitar dudas, también está disponible en Netflix y Amazon, de modo que las excusas para no verla se van agotando.

Con razón, The Office US es una de las comedias de situación (sitcoms) más famosas del mundo. Destaca por su apariencia de documental o, más bien, de cine doméstico, en favor de provocar más risa y más tensión entre los personajes. También es especialmente popular por la personalidad del jefe y protagonista, Michael Scott, interpretado por Steve Carell (Virgen a los 40, Litle Miss Sunshine, Super Agente 86, Foxcatcher, Gru…) cuyo papel le otorgó un Globo de Oro.

El éxito de la serie fue tan grande que se llegaron a producir 9 temporadas desde 2005 a 2013. Por el contrario, la versión inglesa, la original, con Ricky Gervais de protagonista, solo tuvo dos, en 2001 y 2002. Lo curioso es que el propio Gervais pasó a ser productor ejecutivo de la adaptación norteamericana.

Un estilo único

Una de las claves más diferenciadoras de la serie, que ya estaba en la idea original de 2001, es mostrar cómo la cámara transforma a la gente. Apela a una verdad universal: las personas no se comportan de igual manera al saber que alguien les graba. En The Office, los personajes asumen que forman parte de un rodaje, un enorme archivo de videos que acabarán formando algo así como las memorias de Dunder Mifflin, al menos mientas Michael Scott sea el jefe. Por eso, a pesar de ser ficción, el equipo hace todo lo posible para que parezca no-ficción y el resultado es un falso documental.

Esta apariencia se consigue a través de varios factores. Primero, el uso de una cámara en mano individual. Esto trae consigo los típicos temblores del operador de cámara por la imperfección del pulso, que se multiplican al caminar, así como paneos y zooms muy rápidos, para seguir las conversaciones con la mirada. Los planos se pueden prolongar por minutos, al contrario que en las series convencionales, donde los diez segundos ya están por encima de la media. Por este tipo de cosas, The Office se siente tan diferente al resto.

Es un estilo que, de manera inevitable, lleva al espectador a ser un cotilla, un mirón o un voyeur, como dirían los franceses. La cámara es rápida y escurridiza, casi como un espía, y se mete en los asuntos más interesantes. A veces, los personajes muestran molestia por su presencia y dejan de decir cosas que dirían en un entorno privado. Esto se nota en especial con las relaciones sentimentales, que están prohibidas en la empresa, pero que ocurren de todos modos más pronto que tarde. Es como Gran Hermano, pero con gracia.

Luego están las miradas a cámara, algo que siempre se ha evitado en el cine de ficción (desde los años 30) porque el “no mirar al espectador” le da más naturalidad. Pero The Office no quiere ser natural. Todos miran al objetivo, por ejemplo, cuando alguien (normalmente Michael o Dwight, su admirador) dice una burrada. Ahí está la complicidad del espectador. El jefe lo lleva más lejos al manifestar a menudo su deseo de quedar bien en el rodaje.

El punto más alto de este estilo son las entrevistas individuales. Cada personaje, de vez en cuando, dice lo que opina de algo o de alguien en breves momentos de privacidad. Esto siempre deja claro con quiénes se llevan bien y cuándo su cordialidad es fingida, de modo que aumenta la tensión en las escenas y capítulos siguientes.

El jefe más impredecible del mundo

Este realismo combina a la perfección con el papel de Steve Carell, que siempre dice la frase más torpe o más ridícula en el momento menos oportuno. Un señor hiperactivo que no deja adivinar cuándo está de broma o cuándo va en serio; ni cuándo se hace el tonto o cuándo es tonto de verdad. Es una máquina de crear problemas: si no los provoca queriendo, los provoca sin querer. De alguna manera, el resultado al ver la serie es el de las comedias que merecen la pena, con contradicciones que solo son posibles en las historias de calidad: personajes insoportables te acaban cayendo bien.

Aunque las oficinas de Dunder Mifflin sean bastante reducidas, poco variadas y poco coloridas, la realidad es que The Office no es monótona en absoluto. Los gags son sensacionales y la tensión es continua. La mayoría de capítulos traen algo nuevo entre manos, con un montón de razones para reírse. Además, los personajes importantes son más que de costumbre y es estupendo ver cómo chocan entre sí. En 2022, casi diez años después de su cierre, es imprescindible verla para saber a qué aspiran todas las series de este género. @mundiario

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