Primal, la serie del ruso-estadunidense Genndy Tartakovsky, trae su segunda temporada a HBO el 24 de julio. La primera parte ya recibió numerosos premios y sorprendió a muchos de sus espectadores, especialmente por uno de sus aspectos: no hay diálogos.
También se puede destacar que es una serie de animación para adultos, dada la representación de sangre y la crueldad de muchas de sus escenas. No es ningún secreto que, para una gran parte del público, esto sigue resultando rompedor. Pero la animación para no tan jóvenes existe desde hace tanto tiempo como la infantil. Lo que ocurre es que los niños dibujan mucho y, por tradición, los canales de televisión infantiles tienen muchos dibujos animados, mientras el resto, no. Esto ha dejado un estigma eterno sobre el cine de animación, en general, aunque se puede intuir que con las generaciones actuales y venideras irá disminuyendo.
La historia de Primal muestra el nacimiento de una amistad entre un hombre de las cavernas y un tiranosaurio hembra. Unidos por la pérdida de sus familias, deciden luchar juntos por su supervivencia, ante la crueldad de la jungla. El humano (llamado Spear, según el creador) no tarda en mostrar emociones, como la nostalgia de sus hijos, que a menudo le paraliza. El dinosaurio (Fang) deja clara su naturaleza animal al vivir siempre en el presente, con el instinto como único guía. El equipo va triunfando poco a poco, a pesar de numerosos baches. Todo el viaje es un desafío en el que cazas o eres cazado.
Genndy Tartakovsky es el director del Laboratorio de Dexter y Star Wars: The Clone Wars. También fue el productor de Las Super Nenas (The Powerpuff Girls) y, durante un tiempo, de Las Macabras Aventuras de Billy y Mandy.
Hijo de judíos, nacido en la URSS, su familia emigró a Estados Unidos cuando él tenía 7 años. Tuvo una larga trayectoria en canal de televisión Cartoon Network, luego dirigió la trilogía de películas de Hotel Transylvania y, finalmente, comenzó Primal. Este último es su primer proyecto para público juvenil y adulto. Los diez capítulos de la primera temporada han tenido una recepción excelente en medios de todo el mundo.
La ausencia de diálogos ya implica el rechazo a una práctica muy común en el cine, especialmente en las series: el exceso de texto. Uno no sabe si esto guarda relación con el cine más actual, ni si es algo propio de las generaciones postmodernas, pero es obvio que el contenido audiovisual de ahora tiende a ofrecer mucho texto. Los personajes hablan por los codos, algo que probablemente haya impulsado el cine de Christopher Nolan... quién sabe. También hay una filia excesiva hacia la acción, a que pasen cosas en todo momento. Y en la mayoría de series, por supuesto, los hechos más importantes se dejan para el final del capítulo, para así provocar el cliffhanger de turno.
Pero Primal, además de abandonar el diálogo de forma evidente, también abandona el cliffhanger y el constante movimiento. Primero, porque los capítulos siguientes no son la continuación inmediata de los anteriores y segundo, porque abundan las escenas de contemplación. A veces el tiempo se para, como ocurre en los cómics cuando el lector se enamora de una viñeta. Esta forma de hacer series no es nueva, ni mucho menos, pero le aleja del contenido más convencional. Las reglas que sigue se resumen en la expresión por encima de la narrativa. Mostrar en lugar de hablar.
Es ya una costumbre que los guiones hagan todo lo posible por demostrar cómo encaja su universo en el mundo real. También se tiende a buscar el rigor en todos los detalles históricos y científicos, aunque al final, siempre haya errores. Por el contrario, Tartakovsky hace que cohabiten mamíferos con dinosaurios. O peor aún: homínidos a punto de ser Homo sapiens, con esos mismos dinosaurios. El dúo protagonista no da lugar a dudas. Para más inri, las dimensiones de los animales ignoran todos los descubrimientos de arqueología de la historia: tiranosaurios grandes y pequeños, serpientes gigantes y mamuts de 10 metros de altura. El creador rechaza la rigurosidad en favor del arte. Lo importante aquí no es ser fiel a la realidad, sino transmitir lo cruel y salvaje que es la selva. Lo cierto es que la eliminación de voz y la rapidez de algunos acontecimientos (sin redoble de tambores) ya contribuyen a esa sensación mejor que cualquier cuestión científica.
Si se puede señalar algún aspecto de Primal que sí esté de moda, es el gore, la brutalidad. Ese líquido rojo que causa tanto furor en las series desde hace así como doce años, gracias a la propia HBO. Por lo demás, esta serie traza una línea con el resto de contenido.
Es buena noticia que algo diferente reciba premios y ojalá sea un ejemplo para futuras producciones, especialmente las de animación. Esta historia de ficción recuerda, entre otras cosas, que el formato animado ofrece muchas oportunidades. Es una pena que hoy en día se innove tan poco en este campo. Como fan de la animación, he de decir que no me conmueve prácticamente nada desde Adventure Time (2007 - 2018) y Death Note (2006 - 2007), eso sí, a falta de ver Castlevania.
Creo que fenómenos como el consenso sobre la supuesta innovación de One Punch Man o Attack on Titan son perjudiciales para el mundillo, pues éstos no ofrecen nada que no ofrezcan ya otros shonens. Son necesarios otros estilos de series que de verdad espabilen el sector. Para ello hay que rechazar los estándares que fomentan el anzuelo fácil, no abrazarlos. Desde luego, la ausencia de voces y de continuidad son ejemplos válidos. En cambio, no es ninguna innovación que los protagonistas se conviertan en monstruos cuando se enfurecen o que los enemigos sean cada vez más fuertes, como si de un videojuego se tratara.
En el fondo, Primal tiene algo de lo que tenía la primera saga de Dragon Ball, Samurai Champloo, Courage: the Cowardly Dog, Adventure Time o South Park, que es, básicamente, romper algunas de las reglas establecidas por costumbre.
