¿Es posible otra forma de hacer televisión?

Pantallas de televisión.
Pantallas de televisión.

Hoy, en aras de conseguir audiencia y la consiguiente publicidad, cualquier contenido es válido.

¿Es posible otra forma de hacer televisión?

Merece la pena analizar el contenido del telediario de una cadena de televisión, un día cualquiera. Lo he hecho recientemente y el resultado fue este: de 22 noticias emitidas, 10 estaban relacionadas con la violencia y accidentes, una crónica de  sucesos; 3 se referían a la corrupción y 9 podían ser consideradas como normales. He repetido durante varios días la observación en la misma emisora,  y los resultados fueron muy similares.

Otra característica de algunas televisiones, es la pertinacia en la difusión de  noticias sobre determinados acontecimientos políticos, de forma sesgada. Es decir, actúan como la voz de su amo, es decir, como amplificador de determinados intereses o grupos políticos, que disfrutan cada día de abundantes minutos de escenario.

La banalidad de determinadas tertulias en las que todos los tertulianos opinan de cualquier tema, por especializado que sea, con ínfulas de expertos, es otra característica de estos tiempos.

Nos hemos acostumbrado a los llamados programas de entretenimiento, en los que los participantes venden los hechos más íntimos de  su vida privada, mientras el público asistente aplaude con fervor y  la audiencia aumenta, con el consiguiente regodeo de la dirección.

¡Qué decir de la publicidad! Son muchos los anuncios que nos ofrecen estándares de vida absurdos, imposibles, estrambóticas,  al alcance de cualquiera de forma cómoda, sencilla y sin esfuerzo. Por otra parte, se sigue utilizando el cuerpo de la mujer de una forma que no se compadece con la defensa de la igualdad.

En una sociedad en la que se ha impuesto  un nuevo concepto de familia y  se defienden la igualdad entre el hombre y la mujer,  la naturalidad ante el lesbianismo, la homosexualidad, la transexualidad y la bisexualidad, se ridiculizan de forma borde, con demasiada frecuencia, estos comportamientos. ¿No es un contrasentido de la progresía?

Todo ello, en aras de ganar cuota de audiencia por la vía del “entretenimiento”; y a quien critica los contenidos se le responde, tal vez con razón, que puede elegir entre muchos canales y que la audiencia es soberana y elige lo que le gusta.

Con frecuencia recuerdo las críticas de otros tiempos a las retransmisiones taurinas y partidos fútbol, considerados opio del pueblo para mantenerle adormecido e impedirle la adopción de iniciativas consideradas entonces peligrosas. Hoy, cambiando lo que se deba cambiar, sucede, más o menos, lo mismo. Lo importante es que el pueblo no piense.

¿Es posible otra forma de hacer televisión?
Comentarios