Novak Djokovic vivió en el US Open una de las victorias más amargas de su carrera

El serbio alcanza en el US Open 2025 sus cuartos número 64 en Grand Slam, pero no celebra el cumpleaños de su hija.
Novak Djokovic. /  Instagram: wimbledon
Novak Djokovic. / Instagram: wimbledon

Novak Djokovic volvió a demostrar que el tiempo juega a su favor en las grandes citas. A sus 38 años y 94 días, el serbio superó con solvencia a Jan-Lennard Struff (6-3, 6-3 y 6-2) y se convirtió en el tenista más veterano en alcanzar los cuartos de final de los cuatro grandes en la Era Open. Con esta victoria, suma ya 64 presencias en esta ronda de Grand Slam, un registro que intimida y que lo mantiene en la cima de la historia.

Pero no todo es celebración. El propio Djokovic había reconocido antes del torneo que su avance en Nueva York supondría un sacrificio personal: perderse el octavo cumpleaños de su hija Tara. Entre el rugido del Arthur Ashe y las cifras récord, late una realidad íntima, la de un padre que cambia abrazos familiares por ovaciones multitudinarias. Así se explica la mezcla de orgullo y melancolía que lo acompaña en cada triunfo.

El dominio de Djokovic en las pistas duras vuelve a ser abrumador. Ha ganado los 22 partidos previos ante los rivales que podría cruzarse en su camino desde octavos y acumula ya 14 presencias en cuartos en el US Open, superando a gigantes como Federer y Agassi. Sin embargo, su mirada se mantiene fija, sin concederse el lujo de la euforia: sabe que la verdadera batalla empieza ahora, con Taylor Fritz como siguiente escollo.

El encuentro frente al alemán fue una muestra más de su vigencia. Firme al saque, certero en los intercambios y con una lectura táctica impecable, Djokovic apenas dio opciones. Struff encajó así su octava derrota en otros tantos duelos con el balcánico, víctima de esa regularidad que convierte a Nole en un adversario casi imposible de doblegar en las primeras rondas.

Entre los récords y la épica deportiva, Djokovic sigue escribiendo capítulos que trascienden lo estrictamente tenístico. El precio de su grandeza lo paga en silencio, lejos de los focos, en cada instante familiar que se pierde. En Nueva York, entre victorias y sacrificios, se reafirma como una figura eterna, que no solo lucha contra rivales, sino también contra el tiempo y los dilemas de la vida personal. @mundiario

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