Londres da la espalda a la ginebra de Margot Robbie por un ingrediente “inaceptable”
Lo que comenzó como una apuesta empresarial con sello propio ha acabado chocando con la realidad del sector hostelero británico. La ginebra impulsada por la actriz Margot Robbie y el productor Tom Ackerley ha encontrado un obstáculo inesperado en su desembarco en Londres: el rechazo frontal de pubs y restaurantes debido a posibles riesgos sanitarios.
El problema radica en uno de los elementos distintivos de la bebida, la concha de ostra, utilizada como parte de su composición botánica. Aunque el proceso de destilación elimina gran parte de las proteínas responsables de las alergias, no las elimina por completo, lo que convierte el producto en potencialmente peligroso para personas con intolerancia a los mariscos.
Este detalle, que en principio pretendía diferenciar la ginebra dentro de un mercado saturado, ha generado el efecto contrario. Los establecimientos londinenses, lejos de verlo como un valor añadido, lo consideran una complicación operativa y un riesgo innecesario. La posibilidad de provocar una reacción grave, como una anafilaxia, ha sido suficiente para que muchos opten por no incluirla en sus cartas.
Además del riesgo sanitario, los propietarios de los locales subrayan el impacto logístico que supondría su venta. Servir esta ginebra implicaría formar al personal para advertir a los clientes sobre posibles alergias, introducir preguntas adicionales en cada pedido y asumir una responsabilidad que muchos consideran desproporcionada en un contexto ya complicado para la hostelería.
La resistencia ha sido tal que ni siquiera las visitas personales de Robbie y Ackerley a distintos locales han logrado revertir la situación. Londres, una plaza clave para cualquier marca de ginebra, se ha mostrado especialmente estricta en materia de seguridad alimentaria, dejando claro que la originalidad no puede imponerse a la prevención.
Ante este escenario, los creadores de la bebida han optado por dar un paso atrás y adaptar su producto. La marca ha decidido eliminar completamente la concha de ostra de su receta, una modificación que ya se está aplicando progresivamente y que permitirá su entrada en el mercado británico antes de que finalice el año.
Lejos de interpretarlo como un fracaso, los impulsores de la ginebra lo presentan como una evolución necesaria. La reformulación responde directamente a las exigencias del mercado y a las preocupaciones del sector, en un intento de equilibrar identidad de marca y viabilidad comercial.
El caso ilustra con claridad cómo incluso los proyectos respaldados por grandes nombres pueden enfrentarse a barreras inesperadas cuando chocan con normativas, hábitos de consumo y, sobre todo, con la prioridad absoluta de la seguridad en la industria alimentaria. En Londres, al menos por ahora, la innovación ha tenido que ceder terreno ante el riesgo. @mundiario


