Catherine O’Hara: una complicación médica puso fin a una vida marcada por el humor y la discreción
El pasado 30 de enero, la noticia del fallecimiento de Catherine O’Hara provocó una oleada de homenajes y mensajes de admiración procedentes de compañeros de profesión y seguidores de varias generaciones. La actriz canadiense, inolvidable para el gran público por títulos como Solo en casa, Bitelchús o la serie Schitt’s Creek, había construido una carrera sólida, respetada y profundamente querida, sin apenas exponer su vida privada.
Ahora, una semana larga después, han trascendido las circunstancias médicas que rodearon su muerte. Según ha adelantado el medio estadounidense TMZ, el informe forense señala que la causa directa fue un coágulo pulmonar, mientras que como patología subyacente figura un cáncer de recto que no se había hecho público. La enfermedad, que O’Hara llevó con absoluta reserva, explica en parte su progresiva ausencia de la vida pública en los últimos meses.
Sus últimas apariciones se remontan al pasado otoño. En septiembre acudió al Festival Internacional de Cine de Toronto, su ciudad natal, para recibir un premio honorífico de manos de su amigo y colaborador habitual Eugene Levy. Poco después, en noviembre, asistió a los premios Emmy en Nueva York junto a su marido, el diseñador de producción Bo Welch, y al equipo de The Studio, serie en la que trabajaba y que resultó premiada. En aquella gala, su aspecto más delgado despertó comentarios, aunque nadie imaginaba la gravedad de su estado de salud. Ya en enero, pese a estar nominada a los Globos de Oro, no hizo acto de presencia.
Su fallecimiento obligó además a cancelar un acto previsto por Apple TV en Los Ángeles, donde O’Hara iba a participar en la presentación de la segunda temporada de The Studio. Durante el evento, la plataforma quiso rendirle un tributo público. Rita Cooper Lee, responsable global de comunicación, subrayó su “brillo, calidez, humor y generosidad”, destacando que su legado iba mucho más allá de la pantalla.
Catherine O’Hara había iniciado su carrera casi por casualidad, trabajando como camarera en un teatro mientras observaba y aprendía de quienes actuaban sobre el escenario. De ahí dio el salto a la interpretación y, especialmente, a la improvisación, una herramienta que marcaría su estilo y su manera de entender la comedia. En los años ochenta se convirtió en un rostro popular gracias a programas televisivos y espectáculos teatrales que sentaron las bases de su prestigio artístico.
El reconocimiento global llegó en los años noventa con Solo en casa, donde dio vida a la madre de Kevin McCallister, un personaje que combinaba angustia, ternura y humor con naturalidad. Aquel papel la acompañó durante décadas y selló también una relación cercana con Macaulay Culkin, quien ha sido uno de los primeros en despedirse públicamente de ella con un emotivo mensaje en redes sociales, recordando el vínculo que mantuvieron incluso en los últimos años.
Más recientemente, O’Hara conquistó a una nueva generación con Moira Rose, la extravagante matriarca de Schitt’s Creek. El personaje, convertido en icono cultural por su estética exagerada y su particular forma de hablar, le valió algunos de los mayores reconocimientos de su carrera, incluidos un Emmy, un Globo de Oro y premios del Sindicato de Actores. La serie, nacida en una cadena canadiense, terminó convertida en un fenómeno internacional tras su llegada a Netflix.
Con su muerte se apaga una figura clave del humor contemporáneo, capaz de transitar entre la comedia física, el sarcasmo y la emoción sin perder autenticidad. Catherine O’Hara se va como vivió: con talento, elegancia y una discreción que hoy, incluso en el adiós, sigue marcando el relato de su legado. @mundiario

