Hamilton vuelve a sonreír con Ferrari y deja atrás un año para olvidar
Lewis Hamilton cerró la pasada temporada con el gesto torcido y el ánimo erosionado. El británico sufrió como pocos la adaptación a los coches de efecto suelo y convivió con un Ferrari incapaz de ofrecer respuestas. Fueron meses de frustración silenciosa, de dudas internas y de autocrítica constante. Un campeón acostumbrado a ganar aprendía a resistir.
El cambio de página ha llegado en la pretemporada y con un nuevo monoplaza. Tras bajarse del Ferrari SF26 en Barcelona, Hamilton volvió a sonreír. La lluvia condicionó la jornada, pero no frenó el optimismo. Los primeros kilómetros sirvieron para recuperar sensaciones y confirmar que el trabajo de invierno va por el buen camino.
Las cifras respaldan esa sensación. Más de un centenar de vueltas completadas entre él y Leclerc en condiciones complicadas y con una bandera roja de por medio. Hamilton destacó la productividad del día y el orgullo por el esfuerzo realizado en la fábrica. No hubo grandes problemas, solo detalles por pulir en un contexto radicalmente nuevo.
El británico sabe que el verdadero desafío está por llegar. El nuevo reglamento exige comprender a fondo la gestión de la energía eléctrica, clave en esta era de la Fórmula 1. Potencia, batería y recarga marcarán diferencias. El simulador ha ayudado, pero la pista será el juez definitivo.
Por eso, su prioridad es clara: rodar en seco y entender el equilibrio real del coche. Hamilton no vende humo ni promete milagros. Habla de trabajo, datos y paciencia. Pero su sonrisa lo dice todo. Ferrari vuelve a tener a un campeón convencido de que el camino, esta vez, sí puede llevar lejos. @mundiario


