No entierren al Aston Martin de Newey, menos con Fernando Alonso al volante
Antonio Lobato ha descrito la pretemporada de Fernando Alonso como “otro año más en el infierno”. Es cierto que los test de Bahréin han dejado un sabor amargo: problemas en la unidad de potencia, tandas cortas y declaraciones de Stroll que hablan de estar a “cuatro segundos y medio” de los primeros. El panorama parece sombrío. Pero conviene no precipitarse: dar por muerto a Aston Martin en febrero es tan injusto como ingenuo.
Adrian Newey no es un ingeniero cualquiera. Su llegada al proyecto AMR26 fue interpretada como un salto cualitativo, un intento de transformar a Aston Martin en aspirante real al título. Los problemas iniciales son parte del proceso: cada vez que Newey ha revolucionado un coche, las primeras semanas han sido de ajustes, de entender un concepto radical que luego se convierte en ventaja. La historia de la Fórmula 1 está llena de inventos que parecían fracasos… hasta que encontraron su punto de equilibrio.
El pesimismo de Lobato refleja la frustración lógica de Alonso y de los aficionados, pero también corre el riesgo de instalar una narrativa derrotista demasiado pronto. El AMR26 no es un coche cualquiera: es el primer fruto de un proyecto que busca romper el techo de cristal de los equipos de mitad de parrilla. Y aunque hoy el motor sea un dolor de cabeza, mañana puede ser la aerodinámica la que marque la diferencia.
Además, la Fórmula 1 es un campeonato largo. Lo que se ve en Bahréin no siempre se traduce en lo que ocurre en Monza o Suzuka. Aston Martin tiene margen de mejora, recursos y un piloto que sabe exprimir cada oportunidad. Alonso no necesita un coche perfecto para brillar; necesita un coche que evolucione. Y si algo ha demostrado Newey es que sus diseños rara vez se quedan estancados.
Por eso, más que hablar de “infierno”, deberíamos hablar de paciencia. El invento de Newey merece tiempo, ajustes y confianza. Aston Martin puede estar hoy en crisis, pero la temporada es un laboratorio en movimiento. Negarse a creer en su potencial es rendirse demasiado pronto. Y si algo ha enseñado Alonso en su carrera, es que los imposibles solo existen hasta que alguien los convierte en victorias. @mundiario