Vigo cierra una década en el limbo urbanístico con un nuevo PXOM: un paso firme, pero no unánime
Diez años después de que el Tribunal Supremo tumbara el anterior Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM), Vigo vuelve a tener hoja de ruta urbanística. No ha sido fácil, ni rápido, ni exento de fricciones. Pero este domingo, con los únicos votos del gobierno socialista y tras una década de incertidumbre, la ciudad ha aprobado definitivamente su nuevo plan urbanístico. Es un hito político y administrativo de primer orden, aunque no haya contado con el consenso deseable para una planificación de tal envergadura. A su vez, Santiago sigue los pasos de A Coruña y solicita la declaración de mercado residencial tensionado. La Xunta debe responder en seis meses.
El alcalde Abel Caballero, artífice del nuevo PXOM y protagonista absoluto del proceso, no escatimó elogios: “excepcional y magnífico”, dijo del documento. Su confianza se apoya no solo en el contenido técnico del plan, sino también en su respaldo en las urnas. El PSOE vigués, con mayoría absoluta, sacó adelante un documento que fija el modelo de ciudad para las próximas décadas: 51.467 nuevas viviendas, más de 14.000 con algún tipo de protección, 2,6 millones de metros cuadrados en nuevas dotaciones, y una duplicación de las zonas verdes hasta alcanzar una ratio de 14,7 m² por habitante.
La teniente de alcalde y responsable de Urbanismo, María Xosé Caride, resumió la visión política del plan: una ciudad verde, cohesionada, con espacio para vivir y respirar, orientada hacia la sostenibilidad y el bienestar. Una ciudad que, según ella, “responde ás necesidades reais da cidadanía”, al tiempo que fortalece el carácter metropolitano de Vigo como polo económico del noroeste peninsular. Además, se refirió expresamente a la vivienda protegida como una prioridad ante la inacción de la Xunta, a la que el gobierno local acusa de haberse desentendido del problema durante más de una década.
Sin embargo, el camino hasta aquí no ha sido precisamente un paseo. La aprobación llega sin el respaldo de la oposición. El BNG votó en contra, aduciendo que el nuevo PXOM insiste en un modelo de expansión urbana que debería haber sido superado, y que la rehabilitación debería haber sido el eje central. Por su parte, el PP optó por la abstención. Alegan que el plan es “poco ambicioso”, pero se niegan a bloquearlo por “responsabilidad institucional”. Eso sí, lanzaron duras críticas, acusando al gobierno de utilizar el urbanismo como arma política y de despreciar el diálogo real.
La primera ciudad gallega con un PXOM adaptado a la nueva Lei do Solo
Lo cierto es que el nuevo PXOM sí recoge parte de las demandas vecinales: se aceptaron total o parcialmente un 45% de las más de 4.500 alegaciones presentadas —una cifra muy inferior a las 60.000 del plan anulado en 2008—. Además, el documento ha superado todos los trámites exigidos por las distintas administraciones, y cuenta por primera vez con declaración ambiental estratégica, informe favorable de Patrimonio, Aviación Civil y Augas de Galicia. Vigo, por tanto, se convierte en la primera ciudad gallega con un PXOM adaptado a la nueva Lei do Solo.
Pero que nadie se engañe: el PXOM no es una varita mágica. Marca un rumbo, sí, pero su ejecución requerirá voluntad política sostenida, inversión y —sobre todo— gestión eficiente. No basta con dibujar zonas verdes en un plano, ni prometer viviendas asequibles sin asegurar financiación ni mecanismos de control del mercado. El urbanismo, como el futuro, se construye en el día a día, con políticas públicas consistentes.
Vigo necesitaba este plan. Lo necesitaban sus barrios, sus jóvenes sin acceso a la vivienda, sus espacios industriales en declive, su red de equipamientos. Diez años son demasiados en un limbo legal. Ahora que hay hoja de ruta, toca vigilar que no se quede en papel mojado. Y, aunque el gobierno haya elegido un camino en solitario, el urbanismo —por su impacto transversal— exige consensos más amplios. Gobernar con mayoría absoluta no significa gobernar sin escuchar. La ciudad ya tiene el plan. Falta ver si tiene también el proyecto colectivo que lo haga realidad. @mundiario