La Universidad lleva ya más de diez años de ajustes

Rectorado de la Universidad de Vigo. / Mundiario
Rectorado de la Universidade de Vigo.

Nueva serie de artículos para la edición GALICIA de MUNDIARIO, en este caso con reflexiones críticas para mejorar la Universidad. La crisis iniciada en 2007 supuso una reducción importante de los recursos públicos dedicados a la educación en general y a la investigación, desarrollo e innovación en particular.

La Universidad lleva ya más de diez años de ajustes

Recientes acontecimientos han despertado ciertas preocupaciones respecto a la situación de nuestra universidad, incluso sorpresas sobre el funcionamiento de la misma en algunos aspectos. La situación evidencia que no existe suficiente conocimiento mutuo entre la sociedad y sus universidades y, muy especialmente, que no existe suficiente análisis crítico sobre nuestras incapacidades para lograr una sana y eficiente cooperación. Falla muchas veces el verdadero trabajo en equipo. Fallamos por los excesos de protagonismo e, incluso,  por   actitudes de  cierto corporativismo que casi puede rozar, en ocasiones, el sectarismo. Son  defectos muy graves, pues  pretenden el poder y beneficio de unos pocos en perjuicio del bienestar de la mayoría.

Y la situación se ha agravado especialmente con la crisis iniciada en 2007 que, sin duda, ha supuesto una reducción importante de los recursos públicos dedicados en los diez últimos años  a la educación en general y a la investigación, desarrollo e innovación en particular. Un país que no tiene entre sus prioridades básicas la creación de capital intelectual, capital humano, capital estructural y tecnológico y capital relacional, está condenado a una regresión constante en lo económico y lo social.

Realmente mi compromiso con la Universidad ha supuesto casi 50 años de participación directa en la misma como profesor e investigador, compatibilizada con mi actividad profesional en la gestión empresarial

Hace poco más de ocho años me jubilé en la Universidad de Vigo, en cuyo equipo de puesta en marcha participé en los 90 y, poco después de cumplirse los 25 años desde su creación, también participé en una publicación que trataba de recoger experiencias de esa etapa. Mi intervención recogía algunas reflexiones críticas para mejorar la Universidad  en general y pretendía ser una continuación de las palabras que pronuncié  con ocasión de la generosa decisión de Alumni Universidade de Vigo al concederme  la medalla de “Amigo distinguido de la Universidad” en  2014. Realmente mi compromiso con la universidad ha supuesto casi 50 años de participación directa en la misma como profesor e investigador, compatibilizada con mi actividad profesional en la gestión empresarial. Un compromiso para colaborar constantemente en el crecimiento de la cooperación entre la universidad y la sociedad de su entorno. Creo que esa es la clave de cualquier estrategia de futuro, la cooperación.  Y decía en aquella ocasión que si  amigo de la universidad es tratar de ser sincero, crítico y exigente para mejorar, es evidente que soy un amigo de la universidad. De otra forma, no podría explicarse una etapa tan dilatada, tratando de aportar con ilusión  los conocimientos y experiencias de mis vivencias profesionales en la economía e ingeniería empresarial.

Me refería, por un lado,  al entorno específico  formado con otras universidades y entidades de I+D+i así como, “aguas arriba y aguas abajo”, con los  otros niveles de enseñanza previa a la Universidad y los posteriores de posgrado organizados dentro y fuera de la misma. Y, por otro lado, también aludía al entorno general  que se conforma con la sociedad en su conjunto, especialmente con el sistema empresarial y el sistema institucional. Es preciso destacar que esa cooperación resulta indispensable para conseguir verdaderas sinergias en la investigación básica y aplicada, en la innovación, en la generación de capital intelectual en las personas y en las organizaciones, en el emprendimiento y la empleabilidad de los titulados. En fin, en la generación de conocimiento, cultura, equidad, dignidad y  bienestar  para el desarrollo integral de las personas.

A partir de estas consideraciones, pretendo reiterar y matizar el contenido de algunas de las   reflexiones que hacía entonces, orientadas básicamente al análisis crítico de diversos aspectos de la universidad en general,  con la pretensión de hacer modestas aportaciones para su mejora. @mundiario

(Continuará)

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