Rueda dibuja una Galicia ambiciosa para 2026, pero con desafíos que no se pueden obviar
Alfonso Rueda cerró este fin de semana el retiro de trabajo de su ejecutivo en Meis (Pontevedra) con un mensaje inequívoco: Galicia encara 2026 como un año decisivo y su Gobierno, asegura, está preparado para cumplir. El presidente reivindica una hoja de ruta que combina vivienda pública, innovación, nuevas infraestructuras y una batería de leyes largamente anunciadas. Un relato ambicioso que, sin embargo, convive con interrogantes sobre la capacidad real de ejecución y con un clima de fricción política con Madrid que condiciona no pocos proyectos.
Rueda situó la vivienda como bandera social de la legislatura. Según su balance, tres cuartas partes de las 4.000 nuevas viviendas prometidas ya están en distintos grados de tramitación y el millar restante se activará en 2025. El objetivo declarado es duplicar el parque público hasta las 8.000 unidades. Una cifra modesta si se compara con otras comunidades, pero significativa para un territorio que durante años avanzó con pasos tímidos en este ámbito. La Xunta quiere además reservar una parte sustancial de estos inmuebles a jóvenes, impulsar la compra de locales en desuso para transformarlos en vivienda y canalizar ayudas para atraer talento a través de programas de alojamiento. La cuestión es si el ritmo actual permite cumplir los plazos que el propio presidente se autoimpone.
El bloque económico y científico es otro de los pilares que Rueda quiso destacar. Galicia estrenará —afirma— la Fundación Galtia para atraer talento, arrancará la Fábrica de Inteligencia Artificial y contará con el primer centro público de protonterapia de España. Las promesas encajan con la narrativa de una Galicia que quiere situarse en la primera línea de la innovación, pero exigen inversiones sostenidas y una coordinación interadministrativa que no siempre ha sido fácil. El conflicto abierto con el Gobierno central por el plan de choque de la dependencia, al que Madrid ha respondido con un recurso que la Xunta considera un “riesgo de bloqueo”, es un ejemplo de esa tensión.
El presidente situó también 2026 como un año clave en materia normativa: Ley de Educación Digital, nueva Ley de Administración Local y, sobre todo, la renovación del Plan Xeral de Normalización da Lingua Galega y el anunciado Pacto pola Lingua. Son compromisos relevantes para un país donde la política lingüística acostumbra a generar más ruido que consensos. Rueda defendió además la creación del Centro de Artes Digitales, una pieza más en la estrategia cultural y tecnológica.
Camiño do Litoral
En el terreno de las infraestructuras, la Xunta aspira a culminar las estaciones intermodales de A Coruña y Lugo, avanzar en varias vías de alta capacidad y consolidar la gestión del litoral con la prolongación del Camiño do Litoral. En energía, el Ejecutivo insiste en la repotenciación eólica, con el objetivo de reducir aerogeneradores y aumentar la producción un 35%, aunque la estrategia está lastrada por la pugna con el Gobierno central y por la contestación social en varios territorios.
El paquete de anuncios incluye también inversiones contra incendios, nuevos medios aéreos y la regulación del turismo marinero como parte de una apuesta por un modelo turístico “de calidad”. Son medidas que buscan mostrar un Gobierno que piensa en el corto, medio y largo plazo, aunque algunas requieren más detalle para comprender su alcance real.
Rueda cerró su intervención reivindicando la “Galicia Calidade” y fijando 2027 —año Xacobeo— como horizonte para culminar este ciclo político. La ambición es evidente. La cuestión, como siempre en política pública, no es lo que se promete en un retiro de gobierno, sino lo que se ejecuta cuando la foto se desvanece. Galicia tiene ante sí proyectos importantes y también obstáculos serios. El éxito no dependerá solo del optimismo presidencial, sino de una planificación rigurosa y de una cooperación institucional que hoy parece más frágil de lo que el discurso oficial admite. @mundiario


