El PSdeG, ante el reto de reconstruir su proyecto autonómico en Galicia
En Galicia, el Partido Popular es, claramente, un partido interclasista, con un dominio casi absoluto en las zonas rurales y en amplios sectores de la población urbana, donde en muchas ocasiones –y en casi todas las elecciones– ha sido la primera fuerza. Frente a esta realidad, el Partido Socialista de Galicia ha gobernado solo cuando la derecha atravesó profundas crisis internas o coyunturales, normalmente aliándose con las fuerzas nacionalistas o de izquierdas.
Este análisis ha sido muchas veces ignorado por el propio PSdeG. El PP no solo cuenta con un importante suelo electoral, sino que dispone además de un entramado caciquil muy eficaz y difícil de combatir.
No debemos engañarnos: los socialistas solo hemos gobernado en Galicia en dos momentos de excepción. El primero, con Fernando González Laxe, tras una división en la derecha que permitió formar un gobierno con la participación de una fracción del centro-derecha conservador y de nacionalistas moderados. El segundo, con Emilio Pérez Touriño, gracias a la crisis del Prestige y el desgaste del largo ciclo de Manuel Fraga. Gobernó con el BNG.
Ambos episodios fueron fugaces en la historia de la autonomía, y no sirvieron para consolidar una base electoral sólida. Las divisiones internas, las crisis casi permanentes, el cainismo y, sobre todo, la falta de un proyecto social claro, con un enfoque galleguista y actualmente también feminista, han impedido al PSdeG avanzar en el crédito popular.
Derrotas y división
Lo más preocupante es que, cuando estábamos cerca de alcanzar una mayoría social y electoral, el partido cambió de rumbo y de liderazgo, entrando en una etapa de afasia política e incapacidad evidente. Esto derivó en derrotas históricas, y en una división que, aún hoy, impide al partido recuperar músculo y fuerza.
En los últimos años, el PSdeG ha apostado con fuerza por el proyecto municipalista, donde –hay que reconocerlo– los resultados han sido positivos tanto para el partido como, sobre todo, para los ciudadanos de ciudades y villas gobernadas por alcaldes socialistas.
Sin embargo, esta estrategia ha ido en detrimento del proyecto autonómico. Y los últimos resultados electorales pueden marcar una tendencia no solo preocupante, sino directamente peligrosa.
Nada está perdido, pero es necesario reconocer la existencia de una división interna, no siempre admitida ni suficientemente valorada, que debe cerrarse con urgencia para que el electorado lo perciba y lo valore. Solo así podrá producirse una remontada tan necesaria como deseada.
Y esta es la historia, por mucho que algunos quieran cambiarla o les interese hacerlo.
Admito que puedo estar equivocado, y quizá persista en el error. Pero los hechos, como suele decirse, son tozudos. Y acaban por imponerse, incluso por encima de las conveniencias. @mundiario


