En memoria del arquitecto Alberto Noguerol

Era uno de los profesores más queridos de la Escuela de Arquitectura de A Coruña y dejó huella en muchas generaciones de arquitectos.
Alberto Noguerol y Elena Sarmiento. / Mundiario
Alberto Noguerol y Elena Sarmiento. / Mundiario

Los primeros recuerdos que tengo de mi tío Alberto Noguerol son de alegría cuando vinieron a vivir a Coruña a la calle Alfredo Vicenti teniendo yo la edad de cuatro años. Vivía en esa misma calle con mis padres y mi hermano. Mis tíos, con mi prima se trasladaron desde Barcelona hasta A Coruña  porque mi tío, que había estado ocho años de profesor de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, iba a impartir desde ese momento clases en la Escuela de Arquitectura de A Coruña. Recuerdo pasar tardes en su casa, subir y bajar corriendo por las escaleras de aquel edificio de los años 50 sin ascensor, bajar el gato a la plaza y pintar dibujos con mi prima  por las paredes de su habitación antes de la siguiente mudanza.

Al poco tiempo mis tíos se compraron un piso en María Pita. Recuerdo ir a verlos muchas tardes con mi madre a su casa. En aquella vivienda había dos habitaciones muy especiales que daban hacia la Plaza con el balcón: la sala con el sillón verde y el piano y la habitación grande que usaban como estudio.

En la sala del sillón verde me encantaba escuchar tocar el piano a mi prima, había una canción que siempre le pedía que la tocase. Quizás por esta influencia musical empecé a ir a clases de piano con una alumna de Mercedes Goicoa, su vecina del rellano, y aprobé la prueba de acceso a segundo en el Conservatorio. Muchos años después, ya estudiando la carrera, volví a ir a clase con la propia Mercedes en María Pita.

La otra habitación, el estudio, era alucinante lleno de mesas con planos, flexos, paralex, rotrings, dibujos, papel cebolla, gomas de borrar, cuchillas...

Del rotring al Autocad

Me fascinaba  cómo en aquella casa aparecían y desaparecían materiales y muestras, prototipos de sillas y butacas de los edificios que estaban construyendo.

Me acuerdo del olor a tabaco, de mí tío tocando canciones de oído que yo le pedía en el piano, de Alberto haciendo caricaturas de toda la familia, de su perro el Bochi dando saltos de alegría cada vez que iba a bajar a la calle y de subir encantada por las escaleras de barco al altillo de encima del baño. Como no había televisión me pasaba horas haciendo dibujos, a veces con mi prima, del perro y de los gatos.

Tiempo después en María Pita cambiaron el rotring por el Autocad. Recuerdo mirar asombrada la pantalla del ordenador con las líneas de colores de AutoCAD de los planos del Centro de Salud de Elviña. Años más tarde en ese mismo centro de salud ya construido me dieron la noticia de que estaba embarazada de mi primer hijo.

A los ocho años, estando de campamento con mis padres de viaje, llamé a mis tíos para que me viniesen a buscar y me llevaron a su otra casa en Loureiro (A Laracha)s, donde estuve viviendo más de una semana.

En aquella casa de piedra de dos plantas había una chimenea chulísima con el tubo visto, un altillo con una escalera muy bonita, la batería de Alberto, juegos de madera y un millón de cosas interesantes. Recuerdo ir con ellos a coger moras y flores.

Poco tiempo después mis padres se compraron una casa de piedra en Souto cerca de Betanzos. El proyecto de rehabilitación de la casa de Souto, que llamaron Casa Mila lo hicieron mis tíos. Me impresionó mucho la cantidad de m3 de hormigón con los que recubrieron todos los muros durante la obra. Me gustaba mucho el diseño de las escaleras y la mezcla de viguetas de madera y vigas de metal. Pasé muchos veranos y fines de semana con mi familia en esa casa que tenía unas vistas espectaculares a la ría. Cuando estaba yo estudiando arquitectura hicieron mis tíos el diseño de la pasarela metálica para salvar el desnivel de la casa con respecto al jardín. 

Coincidió que mientras estudiaba  la carrera estaban construyendo el Centro de Salud de Os Mallos y me llevaron a ver la obra. Me gustó mucho el hormigón visto de la fachada y el sistema de patios para introducir vegetación y luz natural en el edificio.

Al poco tiempo de terminar la carrera de arquitectura mi pareja y yo nos fuimos a vivir a una de las Torres de San Diego justo al piso en el que habían estado viviendo mis tíos de alquiler después de vender su casa de María Pita. En ese piso fundamos AEstudio Arquitectura. Nos presentamos con Alberto y mi tía al concurso del Cuartel de San Fernando y colaboramos en la elaboración de una maqueta para el concurso de viviendas en Xoan XXIII que ganaron. Desde entonces no hemos parado de hacer proyectos. Siempre hemos tenido muy presente la manera en la que Alberto entendía la arquitectura desde la honestidad y la práctica de la docencia.

Alberto era uno de los profesores más queridos de la Escuela de Arquitectura y dejó huella en muchas generaciones de arquitectos. En el año 2013 se jubiló y en los últimos años lo veía casi todas las semanas por la calle paseando con su perra Rubia y cuando iba a coger el coche al aparcamiento del Parque Europa frente a nuestro Estudio de Arquitectura. A Alberto le encantaba tocar la batería y uno de los últimos mejores recuerdos que tengo con él, aparte de haber pasado muchas nochebuenas y fines de año juntos, es subida al escenario tocando el piano con el grupo Octopus Garden la canción de Let it be por el 60º cumpleaños de mi tío Adolfo. Mi tío Alberto hoy ya no está aquí pero todos estos recuerdos vivirán para siempre en mi corazón. @mundiario

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