Galicia exporta como una potencia… pero aún no vive como tal

Galicia ha alcanzado un hito histórico al situarse entre las grandes potencias exportadoras de España, superando por primera vez al País Vasco y consolidándose como una de las economías más dinámicas del comercio exterior nacional.
Bandera de Galicia. / Mundiario
Bandera de Galicia. / Mundiario

Estos días ha saltado a los medios económicos una noticia objetiva, contrastada y relevante: Galicia ha superado al País Vasco en volumen de exportaciones, situándose como la quinta comunidad autónoma exportadora de España. No es un matiz estadístico ni un titular menor. Es un cambio de posición en el núcleo duro del comercio exterior español.

Entre enero y octubre del pasado año, Galicia exportó mercancías por valor de 25.952 millones de euros, por delante de Euskadi, que se quedó en 25.083 millones, y solo por detrás de Cataluña, Madrid, Andalucía y la Comunitat Valenciana. Es la primera vez que Galicia adelanta al País Vasco en el ránking exportador nacional, y el dato confirma algo que muchos empresarios saben desde hace tiempo: el tejido productivo gallego compite fuera con solvencia, diversidad y constancia.

Conviene precisarlo desde el inicio: hablamos de volumen absoluto. Pero el análisis gana profundidad cuando se introduce la variable poblacional. Ajustando las exportaciones al número de habitantes, Galicia se sitúa entre las comunidades con mayor intensidad exportadora por persona, claramente por encima de la media española. Es decir, exporta mucho para su tamaño.

Y, sin embargo, con todo ese esfuerzo, Galicia todavía no ha convergido plenamente con la media estatal en renta por habitante. Se mueve en torno al noventa y tantos por ciento de la media española, lo que significa que ni siquiera ha alcanzado el promedio nacional, que conviene recordarlo, no es Baviera, ni Lombardía, sino una media modesta dentro del contexto europeo.


Este dato es especialmente relevante porque Galicia no ha experimentado un crecimiento significativo de población en las últimas décadas. Es decir, el PIB no se ha “diluido” por un aumento del denominador. La falta de convergencia no se explica por ahí.

El contraste se vuelve aún más evidente cuando descendemos al ámbito provincial. Pontevedra, con 12.967 millones de euros exportados, es la cuarta provincia española en volumen absoluto, solo por detrás de Madrid, Barcelona y Valencia. Pero si esos mismos datos se analizan en términos relativos —en función de su población—, Pontevedra se convierte en la provincia más exportadora de España. Ninguna otra aporta tanto al comercio exterior en proporción a sus habitantes. Además, mantiene de forma sostenida uno de los superávits comerciales más elevados del país.

Dentro de Galicia, Pontevedra es también la provincia líder en exportaciones, por encima de A Coruña, que se situó en 11.522 millones. Es decir, motor exterior a escala autonómica y referencia estatal en términos relativos.

Y aquí surge la gran pregunta, inevitable y legítima: ¿se traduce esta fortaleza exportadora en renta, infraestructuras y servicios públicos acordes a ese peso económico?

La respuesta es incómoda, pero evidente: no.

Ni Galicia converge aún con la media española, ni Pontevedra presenta indicadores de sanidad, educación o infraestructuras coherentes con su aportación económica. La ecuación es simple: el problema no está en cuánto se produce hacia fuera, sino en cuánto valor se captura y se reinvierte dentro.

El sector empresarial gallego —y muy especialmente el pontevedrés— ha demostrado sobradamente su capacidad. Ha hecho su trabajo. Exporta, compite y resiste en mercados cada vez más exigentes.

Ahora, el balón está en otro tejado: el de las decisiones políticas que determinan inversión, infraestructuras, formación y calidad de los servicios públicos.

Galicia exporta como una potencia.

Lo que aún está pendiente es que se viva como tal. @mundiario

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