Forzar la demanda de urgencias en la red pública estimula el desvío de pacientes a la red privada

Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. / Cortizo
Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. / Cortizo
Mantener la atención telefónica masiva para consultas de atención primaria no urgente, cuando las cifras de la Covid-19 están en declive, supone poner en peligro la salud de los ciudadanos.
Forzar la demanda de urgencias en la red pública estimula el desvío de pacientes a la red privada

Llama la atención que en la Memoria del Consejo Económico y Social de España de 2020 en un gráfico en que recoge la evolución del tanto por mil de personas en listas de espera de consultas médicas especializadas ésta se haya reducido entre 2019 y 2020.

Una caída que solo se puede entender, en plena pandemia, como resultado de una asistencia primaria pública incapaz de canalizar las demandas habituales del sistema. Porque, aun así, se comprueba que los pacientes en espera para intervenciones quirúrgicas se incrementaron. Algo “normal” si tenemos en cuenta el colapso hospitalario derivado de la Covid-19.

Pero esa caída de pacientes en espera para consulta especializada derivada de una atención primaria bien telefónica o bien con demora en las consultas personales (aún hoy más de una semana en muchos centros de salud de Galicia) , no puede sino traducirse en patologías más graves o que, alternativamente, sean desviadas a una asistencia especializada de pago para quién pueda costearla. Entre Guatemala y Guatepeor.

La lista para consultas especializadas ascendía casi a 54 personas por mil en el conjunto de España (ver aquí) para el año 2020 situándose Galicia en 47 por mil. Todo un éxito. Más si reparamos en que Galicia en 2019 esa cifra alcanzaba las 64 personas.

Una reducción de 17 personas por mil habitantes; un “éxito” en plena pandemia (una caída del 26 %). Sin duda a causa del desincentivo de las obligadas consultas telefónicas y la subsiguiente espera en la atención personal del médico de cabecera.

Si recogemos en un gráfico la evolución en Galicia la cosa aún es más sorprendente que para el conjunto de España,

Datos sanitarios de Galicia.

Fuente: elaboración propia con datos del Ministerio de Sanidad

El “éxito” de Galicia supera al del conjunto de España: casi 17 pacientes menos mientras que en España son apenas 8 menos para atención especializada. Más del doble de reducción entre 2019 y 2020.

De estar por encima de la media española el Sergas se ha colocado en plena pandemia por debajo en el volumen de pacientes que esperan una consulta especializada

Lo que implica que de estar por encima de la media española el Servicio Galego de Saúde (Sergas) se ha colocado en plena pandemia por debajo en el volumen de pacientes que esperan una consulta especializada. Todo un logro que, permítaseme la ironía, para más mérito se consigue con muchos más pacientes por médico de cabecera en Galicia o, si se quiere, con menos médicos por paciente.

Datos sanitarios de Galicia.

Fuente: Memoria del CES de España (2021: 760)

Sobra decir que este éxito no es más que un fracaso colectivo. Aunque para los talibanes de los indicadores esas cifras puede que les anime a mantener una cuota de asistencia primaria telefónica que tan “buenos” resultados da para contener las demandas de atención especializada. Más si esos talibanes son animadores de las virtudes de la atención privada (primaria o especializada) para el que pueda costearla. Esta sí, faltaría más, siempre presencial.

Un doble bingo: hacemos caer las listas de espera especializada en la pública y desviamos la demanda a la sanidad privada al que pueda pagarla.

Acabo ya. Mantener la atención telefónica masiva para consultas de atención primaria no urgente, cuando las cifras de incidencia de la Covid-19 están en declive, supone poner en peligro la salud de muchos ciudadanos que no pueden, ni deben, tener que costearse de su bolsillo una consulta personal en un centro privado. Supone en suma forzar la demanda de urgencias en la red pública y alimentar un estímulo para desviar pacientes a la red privada. @mundiario

Forzar la demanda de urgencias en la red pública estimula el desvío de pacientes a la red privada
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