ENTREVISTA

Xabier R. Blanco: "Amancio Ortega es un hombre con una inteligencia natural sobresaliente"

Amancio Ortega y Xabier R. Blanco. / Amador Lorenzo
Amancio Ortega y Xabier R. Blanco. / Amador Lorenzo

El gallego Xabier R. Blanco es el coautor de 'De cero a Zara' (16 ediciones), sobre el huidizo empresario nacido en Busdongo y con raíces familiares vallisoletanas. Susana Martín lo ha entrevistado en el periódico digital Tribuna León.

Xabier R. Blanco: "Amancio Ortega es un hombre con una inteligencia natural sobresaliente"

Puede que el sueño de cualquier periodista, y más si es leonés o gallego, haya sido en algún momento de su trayectoria profesional conseguir entrevistar a Amancio Ortega. Créanme, fácil no es. Xabier R. Blanco (Vimianzo, Coruña, 1973) es de los pocos que ha conseguido acceder al magnate del imperio Inditex, aunque curiosamente lo logró después de publicar una biografía no autorizada sobre su vida y milagros económicos. El periodista se tiró a la piscina un fin de semana en que no tenía tema para abrir el periódico que dirigía aquel día, y al final salieron juntos en la portada. Blanco, que ahora vive a caballo entre su tierra y León, viene a desmontar algunos mitos, y asegura que el magnate del imperio Inditex, que nació en Busdongo y se crió en Galicia, en realidad tiene sus orígenes familiares en un pueblo de Valladolid, Valoria la Buena.

– Es usted el único periodista que escribió sobre Amancio Ortega y también sobre su primera mujer, aunque nunca obtuvo su aprobación previa. ¿Cómo se las apañó para conseguir tanta información sin acceder a su entorno cercano?

– Pasé año y medio llamando puertas como el integrante de una comisión de fiestas asaltando vecinos mientras Jesús Salgado se ocupaba del recuento económico. La vida de su hija Marta, presidenta de Inditex, se puede seguir en las páginas del Hola, pero la fama se abrazó a Ortega precisamente por no quererla. Sería una historia de éxito empresarial más, gigante, pero la comidilla del empresario sin rostro hasta la aparición de su imagen en la primera memoria de la empresa por los preparativos de la salida a Bolsa contribuyó a la leyenda. Las fuentes que aparecen con nombre en el libro antes pidieron permiso a Ortega para hablar, las cautelosas con el anonimato rellenaron los silencios. 

– ¿Intentaron impedir la publicación?

– Creo que fue una voladura controlada porque le convenía a la empresa. 'De cero a Zara' está dedicado a Amancio Ortega "porque no abrió puertas pero tampoco cerró ventanas". Consintió que los que estuvieron a su lado en el trayecto hablasen, puso a recaudo a la familia, y mandó a los responsables de comunicación a que nos guiasen en la fábrica y nos invitasen a comer. 

– Se dice que a Ortega no le gusta hablar de sus orígenes leoneses... ¿Se sentirá gallego? 

– Más que no gustarle, tendría poco que decir. Nació en Busdongo el 28 de marzo de 1936 y el padre, que era ferroviario, cambió de destino antes de que comenzase la Guerra Civil.

– De todo lo que averiguó sobre él, ¿qué le llamó más la atención?

– Que un hombre que llegó a escalar hasta ser la persona más rica del mundo en la revista Forbes viviese en un piso a 50 metros de mi casa, y que cuando cambió a una casa se trasladó 500 metros. Sigue en el mismo sitio, a pesar de ser el casero de medio mundo.

Amancio Ortega y Xabier R. Blanco. / Amador Lorenzo
Amancio Ortega y Xabier R. Blanco. / Amador Lorenzo

– ¿Quién es Amancio Ortega y por qué no conocimos su rostro hasta 1999?

– Un hombre con una inteligencia natural sobresaliente que supo ver el potencial de las costureras gallegas para levantar un gigante mundial. Ortega fue el hechicero, pero sin las costureras y los talleres no habría hechizo. 

– Usted, que también es gallego, me dirá que Ortega es muy gallego... pero es leonés de nacimiento. ¿Visitó Busdongo usted?

– Al principio de la investigación, conseguí situar la vivienda en la que la familia se alojó de alquiler por la descripción que Ortega había dado de oídas a trabajadores de la compañía. El propietario de las ruinas se ofreció a venderle el solar y una vecina me encargó que le pidiese una fábrica de cremalleras para el pueblo, aunque no creo que la idea aguantase un estudio de mercado. Fue en el cementerio donde me di cuenta de que ahí no tenía nada que rascar en los orígenes, porque la familia es de Valoria la Buena, provincia de Valladolid. 

– Usted escribió 'De cero a Zara' en 2004 y se encontró (no sé si por casualidad) con Ortega en Casas Novas en 2010... ¿Cómo fue ese encuentro? 

– Más que casualidad, fue un atraco. En esa época era el adjunto al Director de Xornal de Galicia, ese finde estaba a cargo del periódico y no tenía tema potente para abrir el domingo. José Luis Gómez, el director, me sugirió que "mi amigo Ortega" bajaba la guardia en el concurso de saltos de Casas Novas, y allí me planté para que el biografiado conociese a su biógrafo. Amador Lorenzo, el fotógrafo, estaba cubriendo el concurso pero no sabía de mis intenciones, se dio cuenta de que estaba hablando con Ortega, disparó unas cuantas fotos y salió una primera estupenda.   

– Escribió sobre aquel día pero tampoco desveló mucho sobre la conversación. ¿Se sentía mal, después del precedente de aquella entrevista no autorizada de la inglesa Patience Wheatcroft? Cuénteme esa historia...

– Patience se aprovechó de la amistad de Alfonso Paz-Andrade para acceder a la empresa y la publicación de la visita en The Times provocó el mosqueo de Ortega con el amigo. Yo tampoco le anuncié mis intenciones, publiqué y esperé un tirón de orejas que no llegó. Ese domingo me llamaron para chivarme que Ortega había enviado a un trabajador a comprar unos cuantos periódicos y así pudimos hacer la foto de la familia leyendo Xornal de Galicia. El titular de primera era "Voy a seguir trabajando hasta el final" y el director bromeó con que me tendría que haber regalado unas acciones, porque el lunes subió en Bolsa. Meses después tuve que llamar para hacer un reportaje y pregunté qué le había parecido la piratada a Ortega. La respuesta fue: "Sólo dijo que eras un chico audaz". 

– Y usted qué opina, ¿se puede publicar una entrevista que en realidad era una conversación privada?

– Habría que valorar el alcance de los daños. Mi madre decía que "el pequeño no suelta prenda" cuando me interrogaba por las trastadas de mis hermanas mayores. Quizá por eso siguen llamando las fuentes, ahora casi más para cotorrear sobre política o pedir una opinión, porque saben que en esta casa se guardan los secretos. Supongo que tiene que ver con el paso de los años, la juventud afila el titular, la madurez profundiza en el mensaje. 

– Cuando conoció a Ortega, ¿no tuvo la tentación de publicar todo lo que hablaron? Al fin y al cabo, un periodista siempre es un periodista, salvo que se pacte un off the record.

– Conseguí amarrar la tentanción, y eso que hizo un pronóstico que no se cumplió. La entrevista no fue un trabajo premeditado, ni con ánimo de pisar callos, sino una solución de urgencia para servir el domingo una pieza de caza mayor en primera. 

– ¿De qué hablaron aquel día? Cuénteme alguna curiosidad que nunca haya desvelado.

– Ya le he dicho que soy bueno guardando secretos. 

– ¿Le explicó por qué nunca ha concedido entrevistas?

– Mantenerse alejados del foco era una característica habitual en el empresariado gallego. Ortega lo intentó, pero la salida a Bolsa se lo impidió.

– ¿Qué le pareció Ortega a usted? Escribió entonces que parecía un hombre en paz consigo mismo...

– Ortega posee la hipnotizante cualidad de decir a cada persona lo que quiere oír para que todos hagan lo que él quiere. 

– Contó usted que tenía acento castellano... En León le van a correr a gorrazos, diciendo eso...

– Que nadie se ofenda, porque soy defensor de La 18 y casi galeonés, pero Ortega de llionés ni papina. El periodista Rubén Ventureira hizo hace años un reportaje fresco de verano sobre el Valoria, su primer yate, y terminaba ironizando con que el nombre seguramente se debía a lo que valía. En Valoria la Buena, provincia de Valladolid, están las raíces de Amancio Ortega. En el pueblo me decían que su abuelo materno era más lanzado con los negocios que el nieto. 

– ¿Le dio su opinión sobre el libro? Lo habría leído, seguro.

– Sí. Comentó las dificultades de escribir sobre una persona cuando ni el protagonista ni la familia colaboran, para disculpar alguna imprecisión, pero también le digo que Ortega se caracteriza por sus dotes para la venta. 

– ¿Cuántos ha vendido? 

– Menos libros que Ortega batas, más de los que esperaba y menos de los que seguramente desearía La Esfera de los Libros. Está traducido al chino, tailandés y portugués, y en castellano va por la decimosexta edición. Creo que son 50.000 ejemplares vendidos, para mí algo impensable cuando Jesús Salgado propuso la investigación. 

– ¿Por qué cree que la figura de Ortega sigue causando tanta curiosidad?

– Antes por el desconocimiento total del personaje, ahora por las cifras del negocio, por tocar muchos palos económicos y porque Marta está rentabilizando la aparición en los medios. No sólo es presidenta, sino imagen de marca. 

– ¿Qué contaría usted ahora sobre Ortega en unas pocas líneas?

– Como diría Blaise Pascal: "Y si he escrito esta carta tan larga, ha sido porque no he tenido tiempo de hacerla más corta".

– Si le diera finalmente una entrevista, ¿qué datos son los que más le gustaría preguntarle?

– Iría confirmando cada etapa de su vida vista según los ojos de los demás. Siempre presupuse que el más interesado en el libro era el propio Ortega porque se enteraba de cómo habían experimentado sus colaboradores el viaje desde la primera bata hasta la rendición de la alta costura. 

– ¿Cómo consiguió acceder a su primera mujer?

– Me presenté en la tasca Os Belés, adonde acudía los jueves a cantar, y Cesáreo, el dueño, hizo de cuña. Se negó a colaborar con el libro, después me echó una bronca en su despacho de media hora por publicar su foto a los 16 años con las dependientes de La Maja y al acabar me la pidió. Rosalía en estado puro. Menos mal que ya se la llevaba en un CD porque acabó presentándome 'Querido Ramón', libro en el que Ramona Maneiro cuenta cómo ayudó a morir al tetrapléjico Ramón Sampedro. 

– ¿Conoce a sus hijos? ¿Ha intentado entrevistarlos?

– Sólo de vista. A Sandra le envié el recado de que estaba escribiendo sobre su madre, Rosalía, por si quería colaborar. Por eso en el 'Hilo suelto' escribí en los agradecimientos: "A Sandra Ortega, porque no me negó el permiso, aunque tampoco se lo pedí". Fue un trabajo complicado porque Rosalía ya había fallecido. 

– ¿Es frecuente ver a los Ortega por Coruña?

– Sí, es donde hacen la vida y donde se mueven con total comodidad sin levantar chismorreos, porque el que no trabaja en Inditex tiene a un familiar. Hasta el día de mi boda mi mujer se encontró con Amancio y Flora saliendo de su casa cuando acompañaba a su madre al hotel. 

– ¿Ha vuelto a cruzarse alguna vez con Ortega?

– Sí, cuando estaba escribiendo sobre Rosalía. Él venía caminando con Flora por la explanada del Parrote, delante de su casa, y disimulé contemplando el mar con la conviviente. No me pareció apropiado decírselo delante de Flora, ni callarme si iniciaba la conversación.

– ¿Hay algún otro personaje que se le haya resistido?

– Gabriel García Márquez después de estar hablando media hora con Mercedes, su mujer, desde el teléfono de la recepción del hotel. Al marchar me di cuenta de que la entrevista la tenía ella, la mujer que vendió el coche para comprar folios durante 'Cien años de soledad'. Pero vi el enfoque después.  

– ¿Tiene alguna otra entrevista complicada que le gustaría hacer?

– Me interesan las personas que no quieren asomar la cabeza, pero ahora empresarios y ejecutivos se pegan por situarse en las redes sociales. Y a la cultura y a la farándula no le queda más remedio, para facturar.

– ¿Entrevistaría usted a cualquiera?

– Si se deja, sí, pero ya no corro. 

– ¿Qué opina de la controversia sobre entrevistar o no a ciertos personajes? A un terrorista, a un asesino, a un violador... ¿los entrevistaría?

– Sí, claro. Las preguntas no son culpables y las respuestas podrían aclarar lo que pasa por esas cabezas.  

– ¿Cómo ha cambiado la profesión desde que empezó en ella?

– Lo único que no ha cambiado es que sigo tomando notas con pluma. 

– ¿A qué periodistas admira?

– A todos los compañeros de este oficio, pero sobre todo a los que cubren la información local. Gay Talese demuestra que en cualquier aldea recóndita puede haber una historia planetaria. 

– ¿Hay salvación para el periodismo?

– Tiene que haberla, o no habrá salvación para una sociedad democrática. Sí me sorprende que ya hay más periodistas al otro lado del mostrador elaborando propaganda en los gabinetes de comunicación que en las redacciones. El intrusismo es aterrador, pero en unos años llevar un periódico en papel debajo del brazo será señal de distinción.  

– Y usted, que es gallego, ¿qué hace ahora por León? ¿Desde cuándo vive aquí?

– Sobre este asunto siempre aviso: "Ojo, que yo fui a Periferia'. Sería que venía buscando a la leonesa cuando estudiaba la carrera en Salamanca, pero tropezamos después. Llevo siete años entre A Coruña y León. La montaña central me tiene atrapado, no creo que haya muchos lugares mejores en el mundo. Mi GaLeón comprende entre el Orzán de A Coruña y el cielo de la collada de Valdeteja.

– ¿En qué proyectos profesionales anda metido? 

– Contemplo la vida desde una columna diaria, excepto los fines de semana, en el periódico La Región de Ourense, mientras busco hebra para tirar de un tema. @TribunaLeon vía @mundiario

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